Desde el conuco | UNAS GOTAS DE LLUVIA EN UN FEBRERO ARDIENTE | Por: Toribio Azuaje

 

Una lluvia comenzando febrero refresca el día y revive las maticas atormentadas por el inclemente sol del verano. El cafeto se alegra y acelera el brote de la flor, este año la cosecha será muy buena, como buenos son los sueños campesinos entregados cada día a la voluntad de la tierra que labra con sus manos callosas y tiernas a la vez. Las mujeres se arremolinan alrededor del fogón para calentar la arepas del desayuno. Un café negro y doble despiertan los corazones trasnochados de pensares nocturnos en búsqueda de alternativas de una mejor vida al son de la montaña.

Hoy, el día será de cuentos y de estudio, los intercambios de saberes se dan en la más mínima conversación. Ojalá siga lloviendo para evitar las quemas dice el vecino que desde la casa del frente nos visita. La tradición de los lugareños está marcada por la quema de las rosas hechas a filo de machete, para sembrar  a la entrada de la temporada de lluvia. Hay que acabar con la cultura de la quema o ella acabará con nosotros, nuevas modalidades de siembra hay que impartir entre los campesinos o nos quedaremos sin agua y sin montañas. Con esta solitaria lluvia las chicharras brotarán de la tierra para  para llenar el ambiente con su canto ensordecedor hasta morir, ¿se han preguntado por qué mueren cantando las chicharras? pareciera que siempre están felices, no dejan de cantar desde que nacen, hasta deshidratarse de tanto canto regalado a la montaña. Así mismo, el campesino no deja de soñar y morimos soñando.

Ya estamos preparando la tierra para sembrar unas matas de ocumo y yuca apenas se acerquen las primeras lluvias. Por eso es que les digo, hay que promover la cultura del riego y el uso adecuado del recurso agua, así podríamos sembrar en cualquier momento del año. Las quemas indiscriminadas tuestan el suelo y causan estragos que se revierte en contra nosotros. Estas lluvias esporádicas son señales para arreciar el verano, pareciera que es un trago de agua que las nubes le regalan a sus amigas plantas, para que se preparen para los largos días de sol que les aguarda.

No hay nada más sabroso que una mañana fría y lluviosa en medio de estos inclementes veranos. Son mañanas que despiertan amores y nos acercan los recuerdos de aquellas bellas damas que ya no están junto a nosotros. Los campesinos somos enamorados y gratos dispensadores de tanto amor que llevamos por dentro, la naturaleza nos ha enseñado a repartir amores a granel y siempre estamos prestos para ello. La brisa se estrella en nuestro rostro como despertándonos para dejar de ser pendejos y trazar nuestro rumbo sin depender de las promesa y los engaños de citadinos gobernantes, que tejen sus tramoyas para seguir esclavizándonos. Algún día despertaremos y serán nuevos sueños los que germinaran de estas montañas en búsqueda de una sociedad justa y vivible. Serán los tiempos en que los campesinos junto a su mundo natural darán el fruto de sus sueños transformados en lucha y en cantares de vida.

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