Desde el conuco | El campo y la locura del consumo | Por: Toribio Azuaje

Por: Toribio Azuaje

La unión en el rebaño obliga al león a acostarse con hambre. (Proverbio africano)

 

Tenemos que lidiar con un problema heredado que nos han inoculado progresivamente, la sociedad de consumo, esa, en la que nos encontramos inmersos, sin darnos cuenta muchas veces, se refiere a una forma de vida caracterizada por el consumo excesivo de bienes y servicios, en la que los individuos se definen y se respetan en gran medida por lo que poseen y consumen, y no por lo que realmente son. Este tipo de sociedad capitalista ha tenido un gran impacto en nuestros hábitos de producción, consumo y estilo de vida. Sencillamente ¡Cambiaron nuestra vida!.

En términos de producción, está sociedad ha fomentado una cultura de producción en masa y de obsolescencia programada, en la que los productos se diseñan para tener una vida útil limitada y se reemplazan con frecuencia para mantener el flujo constante de consumo. Esto ha llevado a un aumento en la producción de residuos y a un mayor impacto ambiental. Por eso hemos contaminado tanto nuestro planeta, que hoy luce cansado y agotado.

En la agricultura nos hicieron esclavos de los fertilizantes sintéticos y de las semillas y los agroinsumos producidos por la grandes tiendas sustentadas por los agronegocios. Con la parafernaria de la revolución verde, que suponía nos sacaría de la miseria y del atraso, se impuso una modalidad de producción caracterizada por los monocultivos y el exagerado uso de pesticidas que han envenenado a nuestros campos, suelos, fuentes de agua, y al ser humano que los usa. Cómo resultado, una estela de campos empobrecidos y unos sueños destruidos por la agroindustria en manos de monstruos del capital que ha provocado la contaminación que arrasa con la vida del planeta.

 

Han cambiado nuestros hábitos de compra y nuestra percepción del valor de los bienes y servicios. Los productos se compran cada vez más por su valor simbólico, en lugar de por su utilidad práctica, y el marketing y la publicidad juegan un papel preponderante en la creación de demanda para productos que quizás no sean necesarios. Esto ha llevado a un aumento en el endeudamiento de las personas y a una cultura de consumo impulsado por la gratificación inmediata.

También nuestros campos y nuestra vida campesina han sentido el peso de esta desviación social, después de tanto tiempo de una manera de vivir muy distante de la sobriedad y la vida sencilla. Han cambiado nuestro estilo de vida, la sociedad de consumo ha fomentado un enfoque centrado en el consumo como forma de satisfacción personal, lo que ha llevado a una disminución en la importancia de otras actividades como la educación, la cultura y la vida social. Además, se ha producido un aumento en la individualidad y en la falta de sentido de comunidad, asociatividad y trabajo en colectivo, esto se traduce en un impacto negativo en la salud mental y emocional de las personas. Hoy el mundo es una carrera de la locura hacia la autodestrucción.

En resumen, la sociedad de consumo ha cambiado significativamente nuestros hábitos de producción, consumo y estilo de vida, y ha tenido un impacto importante y negativo en la economía, el medio ambiente y la sociedad en general.

¿Qué hacer? No hay más que promover el retorno a la vida sencilla, la vuelta a la agricultura orgánica y regenerativa, promover la asociatividad, crear nuevos modelos productivos, de distribución y de consumo, centrados en la preservación de la naturaleza y en la solidaridad y ayuda mutua, ruralizar la sociedad, decrecer, recuperar la ética del trabajo. ¡Toda sociedad se construye sobre la ética del trabajo, nada que no provenga del trabajo genera conciencia!.

No solo es generar riquezas, es generar vida sana y sustentable para todos. ¡El Naturacentrismo debe ser una vuelta a la vida!

 

 

 

 

 

 

 

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