
Por Pedro A Hernández V.
Está es una linda historia contada por Amilcar Fonseca en Orígenes Trujillanos relatada por el General Urdaneta y sucedida en Carache que cuenta sobre un hermoso pasaje sobre el Coronel Juan Gómez valiente oficial patriota que impresionó al General Pablo Morillo y quien al verlo frente a la caballería española, solo y cercado gritó: salven aquel valiente.
Contaba el General Rafael Urdaneta que Morillo se movió sobre Carache (octubre 1820) con su ejército, compuesto de las divisiones La Torre y Tello, de infantería, y el regimiento de Húsares de Fernando VII, y aunque lo ocupó, como era natural, la retirada que hizo el Coronel Juan Gómez le dió a conocer a Morillo con qué especie de gente tenía que combatir. Juan Gómez al ver bajar por la cuesta de Carache al ejército español, separó de sus fuerzas todos los hombres que por enfermos, estropeados, o mal montados no convenían a su objeto y los mando a retirarse a seis leguas atrás al pueblo de Santa Ana, quedándose él con unos 30 hombres mandados por Mellao, con los cuáles se adelantó a reconocer a Morillo, antes que llegase al pueblo. Observado por Morillo, destacó sobre él una compañía de Húsares, la que no habiendo podido intimidarle, fué reforzada con otra. Empezó Gómez a replegarse ordenadamente y cuando los Españoles le estrechaban, volvía sobre ellos, los lanceaba, los hacía replegar y continuaba retirándose. Morillo tomo empeño en destruirlo y se puso en persona a la cabeza a la cabeza de todo el regimiento de Húsares; unas veces intentaba cortarle, lo que no consiguió, porque la Vega del río Carache es angosta de un lado y del otro; pero siempre repitió sus cargas, a las que Gómez correspondía haciéndole frente,matando españoles y volviéndose a retirar. Así lo hizo por espacio de 3 leguas, hasta que llegando al pie de la cuesta que llaman del Higuerote donde concluyen las Vegas de Carache, canzados los españoles de perseguirle sin poder destruirle y recibiendo ellos daños, le dejaron seguir. Gómez tuvo poca pérdidas, y la que tuvo le, sirvió para dar una alta idea, del ejército, porque habiendo perdido uno de los dragones su caballo, muerto en una de las cargas, y retirándose Gómez, quedó este hombre solo y a pie, y apoyándose sobre el cadáver de su caballo enristro su lanza e hizo frente a toda la caballería española y aunque mató a dos; fué cercado y herido, teniendo ya rota el asta de la lanza, y así se defendía. Hubiera muerto, si Morillo que lo observó, no hubiera gritado que salvaran «aquel valiente».
Fué conducido con varios heridos al hospital de Carache, y cuando algunos días después se entablaron las negociaciones que produjeron el armisticio, habiendo ido con pliegos de Libertador a Morillo el edecán de aquel, O’leary, Morillo le habló de aquel hombre con entusiasmo y se lo entregó para que lo condujece al Libertador, sin exigir canje, y hasta le regaló dinero. El Libertador devolvió por él ocho hombres de Barbastro.
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