CON EL SIMÚN A CUESTAS
Por: Raúl Díaz Castañeda
Al poeta Rafael José Alfonzo
Estivo de nacencia
1
Del desierto nos viene la abundancia,/
la palabra termal, el arduo viento,/
de su aridez alma y aliento/
las llamaradas fatuas de la infancia./
Del orégano seco la fragancia,/
de la cocina gris un plato hambriento,/
del pedregal el aguantar sediento,/
del cauce desaguado terca estancia,/
de la torre sin cura el campanario,/
la calle que se vuelve ancha sabana,/
la chicharra de canto solitario,/
el cujizal de leña crepitante,/
los espejismos de la resolana,/
la cercana visión de lo distante./
2
Por herencia solar tan tuya y mía,/
a donde nos arrastren nuestros pasos,/
llevaremos tatuados en los brazos/
un mandato de sed y de sequía./
Porque nacimos sin epifanía/
en el brasero de un frutal regazo/
somos en ventarrones y solazos/
aguadores salobres en porfía./
Somos deudores de aguas muy precarias,/
del fiel cardón de Luis Beltrán Guerrero,/
de perennes arcillas milenarias,/
de la leche de cabra, de agria miel/
del múltiple aguijón de un avispero/
y los fantasmas de David Curiel./
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