El regreso de María Corina Machado a Venezuela reconfigura un escenario político en el que Washington condiciona los tiempos y los límites de la transición democrática. Analistas consultados por El Nacional coinciden en que la presencia de la dirigente opositora en territorio nacional la ubica en una posición en la que puede incidir tanto en las negociaciones con el gobierno interino de Delcy Rodríguez como en la presión por elecciones libres.
La historiadora y analista política Alejandra Martínez Cánchica dice que Machado es la “líder indiscutible” de la oposición y que, en una eventual elección presidencial, ganaría por más de 30 puntos de diferencia a cualquier contendor. Afirma que esto podría acelerar los tiempos para que las transformaciones que se han vivido este año lleven efectivamente hacia un cambio político en el país.
María Corina Machado ganó las primarias de la oposición, celebradas el 22 de octubre de 2023, con 2.253.825 votos (92,35% de la votación). Posteriormente, la Contraloría General de la República y el Tribunal Supremo de Justicia ratificaron una inhabilitación administrativa en su contra por 15 años, lo que le impidió inscribir su candidatura para las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024.
Ante esa imposibilidad, Machado propuso a Corina Yoris como candidata, pero luego de trabas por parte del sistema electoral para inscribirla, la Plataforma Unitaria Democrática logró registrar al exdiplomático Edmundo González Urrutia, a quien la coordinadora del movimiento Vente Venezuela respaldó con su liderazgo y el apoyo de los ciudadanos que había consolidado.
Las actas electorales que la oposición logró resguardar demostraron que, con 85,18% de las actas digitalizadas, González obtuvo 7.443.584 votos (67%) frente a los 3.385.155 votos (30%) atribuidos a Nicolás Maduro, candidato del Partido Socialista Unido de Venezuela.
Aun así, las autoridades electorales y judiciales convalidaron el fraude electoral que pretendía darle continuidad a la permanencia de Maduro en el Palacio de Miraflores, hasta el 3 de enero, cuando una operación militar estadounidense logró capturarlo junto a su esposa Cilia Flores. Esto dio paso a un nuevo episodio: el reconocimiento por parte del gobierno estadounidense de Delcy Rodríguez como presidenta interina de la República.
La administración estadounidense descartó la participación de Machado en un plan de tres fases que llevaría al país a una transición, luego de la estabilización y recuperación.

Con el “visto bueno” de la Casa Blanca
Martínez resalta que el hecho de que la primera aparición de Machado en el país haya sido en un lugar tan público como la Iglesia de la Divina Pastora, en el estado Lara, y de que se haya movilizado por carretera hasta Caracas sin ningún impedimento ni ser detenida indica que cuenta con el “visto bueno” de la Casa Blanca y con alguna aceptación del régimen venezolano.
“Realmente sería muy fácil detenerla porque ella está en la calle. De hecho, una variable que me dice que hay una especie de entendimiento de las partes involucradas en que ella esté en Venezuela es que no ha dado declaraciones ni el día de ayer ni hoy”, analiza.
“Eso me da a entender que hay un entendimiento por parte de todos los involucrados: Estados Unidos al dejarla regresar; el régimen, al aceptar que regrese; y ella, al entender que está regresando bajo la obediencia y la subordinación a la estrategia de los Estados Unidos. Esto es lo que yo quiero que quede clarísimo. Después de la efervescencia que vivimos y de las perspectivas optimistas que esto abre para el país, lo que está claro es que, de parte de María Corina, hay finalmente una subordinación a la estrategia de Washington, luego de meses de teléfono descompuesto con la Casa Blanca, diferencias, críticas y desavenencias con respecto a la estrategia de Washington”, afirma.
Martínez analiza la narrativa de Machado en el último mes, desde el artículo que la dirigente publicó en el New York Post, en el que aseguró que no obstaculizaría el proceso de negociación que se lleva a cabo en Venezuela, que está alineada con la estrategia del gobierno estadounidense y que en un eventual gobierno democrático suyo las inversiones y los acuerdos de Estados Unidos tendrán validez.
“Todo ese trabajo comunicacional que se ha hecho para lanzar estos mensajes a Washington —que ella no es un obstáculo para la estrategia del Departamento de Estado y que no va a incendiar ni desestabilizar el país— es lo que le permitió efectivamente volver. No nos equivoquemos”, expresa.
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Jesús Castellanos, politólogo y especialista en temas electorales y democracia, afirma que el “juego del tutelaje del rodrigato” incorporó en el terreno político venezolano a Machado, a quien considera una líder que ha mantenido vigencia en el tiempo y a quien se le pudiera atribuir una “gesta heroica” por sus intentos fallidos de ingresar al país.
A finales de septiembre, la posible candidata presidencial intentó regresar a Venezuela por séptima vez a través de Panamá, Curazao y Bonaire. Claudia Macero, su portavoz, había declarado a El Nacional que confiaba en que el octavo intento tendría éxito, como finalmente ocurrió. Machado salió del país el 9 de diciembre de 2025 para recibir el Premio Nobel de la Paz en Noruega y, desde entonces, permanecía en el exilio.
El politólogo manifiesta que la “narrativa heroica” es muy potente, sobre todo por la frustración entre los venezolanos debido a la grave situación económica y social, así como las expectativas no cumplidas, como la liberación total de los presos políticos, los aumentos salariales y el llamado a una presidencial. También señala los avances de la mesa de negociación entre un sector de la oposición que lidera la exdiputada Dinorah Figuera y el interinato, y el debilitamiento significativo de la base ideológica, política y simbólica del chavismo y del madurismo.
“María Corina Machado cuenta con un capital político propio, que incluye una comprobada capacidad de movilización y articulación con actores nacionales e internacionales. Su sola presencia significa un reacomodo de las fuerzas en el país y puede que un cambio en la actual dinámica”, insiste.
Por su parte, el politólogo Fernando Spiritto, profesor de pregrado y posgrado de la Universidad Católica Andrés Bello, expresa que Machado posiblemente emprenderá una movilización por Venezuela que no debería desviarse del objetivo de la publicación de un cronograma electoral, con condiciones claras y garantías de que los venezolanos voten sin ninguna restricción.
Dice que la dirigente tendría que mantener un mensaje claro y optimista, alejado de los extremos y mucho más centrado, que no asuste a los ciudadanos. “Creo que María Corina debería ser un gran factor de integración de todas aquellas fuerzas genuinamente democráticas porque es, en definitiva, lo que le dará capital político y capacidad negociadora ante el gobierno y, por supuesto, con los Estados Unidos”, dice.

“No le conviene enfrentarse a Washington”
Jesús Castellanos expresa que en este momento es difícil saber hasta dónde puede actuar María Corina Machado, aunque destaca que Washington reconocerá aún más su peso político y su capacidad de influencia entre los actores políticos del país. Cree que ella mantendrá su relación con el gobierno de Trump, por lo que no será un factor contrario al proceso de negociación en marcha.
Apuesta por que Machado esté muy activa en la movilización de los venezolanos, ávidos de un liderazgo legítimo, incluidos sectores de lo que queda del chavismo-madurismo, y en la defensa de sus principales causas: presos políticos, salarios y elecciones.
Sin embargo, añade: “La posición inicial de María Corina Machado pudiera cambiar dependiendo del curso de los acontecimientos”.
Ya en el pasado Machado ha declarado que no obstaculizará las negociaciones. Omar González, del entorno cercano a la líder, aseguró en entrevista con El Nacional, publicada el 13 de septiembre, que no obstaculizarán ni pondrán trabas al proceso que comenzó en agosto porque lo que buscan es “salir de la tragedia” que vive el país.
En cuanto al margen de acción de Machado, Spiritto considera que dependerá de las condiciones que impuso Estados Unidos. “Me imagino que hay una conversación previa y algunas condiciones para su desempeño en el país”, manifiesta.
Dice que la movilización de la opositora y de sus seguidores seguramente le dará mucha fuerza en las negociaciones y resalta que, en caso de que Washington haya negociado su regreso, ella no podría, por ejemplo, cuestionar públicamente los acuerdos petroleros, prioridad para la administración Trump.
“No le conviene enfrentarse a Washington, que tiene, como dice Trump, todas las cartas sobre la mesa; debe moverse con mucha prudencia y siempre con el objetivo de lograr elecciones libres y transparentes, en las cuales los venezolanos podamos votar”, expresa.
“No tiene por qué formar parte de la mesa de negociación”
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