Por: Rafael Quiroz Serrano*
*Economista-Petrolero
¿Cuál sería el análisis más apropiado para aproximarse al devenir de los precios petroleros a raíz del cierre del Estrecho de Ormuz y consecuencialmente el transito de barcos cargados de petróleo, derivados, gas natural licuado y productos petróquímicos en el Golfo Pérsico? Lo primero a considerar es que se ha privado de la oferta global de petróleo un volumen equivalente a 20%, lo que significa una crisis que solo se puede remontar comparativamente a la interrupción habida durante la crisis del Canal de Suez en el año 1956, con el general nacionalista egipcio Gammal Abdal Nasser; esa fue la Primera Gran Crisis Mundial del Petróleo. Incluso, en volumen, pero del lado de la demanda se puede equiparar a la perdida de consumo global ocasionada por la recesión disparada por la pandemia de la COVID entre 2019 y 2021. Cuando se habla del Estrecho de Ormuz hablamos de unos de los principales cuellos de botella marítimos del mundo, por donde pasan alrededor de 20 millones de barriles diarios (MMB/d) de crudo que se producen diariamente en el mundo (107 MMB/d) y el 30% de todo el petróleo que se comercializa mundialmente. Alrededor de 100 tanqueros transitan por estas estrechas aguas marítimas diariamente.
Es decir, esto que está pasando en el Medio Oriente es como ver que se hace realidad el peor de los peores escenarios petroleros alguna vez pensado, por cronistas o historiadores de los hidrocarburos. Usualmente, en los análisis se partía del hecho que ante una interrupción de oferta importante había un colchón de capacidad ociosa o cerrada, que permitiera capearla con cierta solvencia y rápidez. Además de la capacidad ociosa de productores importantes como es el caso de Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos Ärabes Unidos (EAU), también están las reservas estratégicas y comerciales mantenidas por países consumidores agrupados dentro de la OECD y bajo la égida de la Agencia Internacional de Energía (AIE), y en particular, el caso de China que por su enorme vulnerabilidad energética depende fuertemente de las importaciones de petróleo, para poder llenar la amplia brecha entre una demanda por el orden de 15 millones de barriles diarios (MMB/d) y una producción domestica que apenas rebasa los 4 MMB/d. Por ello, China, en atención a crisis mayuscula como la que se presenta ahora en el Golfo Pérsico, tiene enormes reservas estratégicas de petróleo y comerciales que le pueden garantizar hasta 200 días de consumo, y que ha estado almacenando en los últimos 4 años, y de los cuales ahora puede disponer.
PRODUCCIÓN ADICIONAL O DESTRUCCIÓN DE LA DEMANDA: NADA PUEDE HACER LA OPEP+
Siendo entonces que no hay un colchón de capacidad de producción cerrada para cubrir el faltante del 20% de la producción mundial y el hecho agravado de que ni Árabia Saudita ni Kuwait ni los EAU pueden suplir producción adicional alguna por ver recortada sus actividades debido a los ataques de Irán, solo queda una destrucción de demanda por la vía de precios elevados, por encima de 100 U$B para equilibrar el mercado petrolero. Huelga decir que la OPEP Plus no puede hacer nada al respecto, y tan solo podría esperarse que la AIE y sus países miembros aprueben una liberación importante de reservas (ya aprobada por 400 millones de barriles), mientras el conflicto en el Medio Oriente se encamine a una resolución temprana. Por lo que los 260 MB/d ofrecidos por la OPEP+ a partir del primero de abril, no pasan de ser sino un simple saludo protocolar a la bandera.
PRECIOS VOLÁTILES
Lo díficil de una solución rápida del conflicto se refleja en precios del petróleo con una volatilidad no vista alguna vez. No sólo hacia arriba ha dado saltos violentos del orden de 25%, sino que ha sido acompañado de caídas muy pronunciadas jamás observadas, frente a expectativas de solución debido a anuncios políticos y militares, tanto de los gobiernos de Estados Unidos (EE.UU.) como de Irán que se han desvanecido, dejando intacto o en peor situación el conflicto. Por ello, lo que queda es una enorme incertidumbre de hacia dónde puede ir el precio del petróleo, y que está dependiendo de las acciones de orden militar y político que toman los que están participando de este conflicto. No solamente las decisiones que toma, por ejemplo, el gobierno EE.UU. o las propias decisiones de Irán de defenderse, digamos, evitando la salida de crudo por el Golfo Pérsico, sino tratando de extender el conflicto y aumentar el costo de la guerra para EE.UU. Cuanto más se prolongue esta guerra, más será la presión alcista sobre los precios, pues la variable correspondiente a la prima geopolítica por riesgo al suministro, sin duda se verá en alza.
El «seguro» de la capacidad ociosa se evaporó. Con el Estrecho de Ormuz prácticamente bloqueado -o al menos con tráfico cero o mínimo por amenazas y ataques directos- los 3 o 4 MMB/d que Arabia Saudita o EAU podrían sacar ya no sirven de nada. Irak y Kuwait están parados casi del todo, sin rutas alternativas reales, y hasta los saudíes han tenido que ajustar producción por el caos. El precio del barril del Brent anda rebotando fuerte: cerró en estos días en 87-88 dólares después de una caída brutal del 11%, pero ya subió otra vez a alrededor de 91-92 dólares por barril. Pasó de tocar casi 120 dólares hace días -cuando el miedo al cierre total era máximo- a bajar por rumores de que la Marina de EE.UU. estaba escoltando tanqueros (aunque luego lo desmintieron), y ahora sube de nuevo porque hace 3 días atacaron varios barcos cerca del estrecho.
RESERVAS ESTRATÉGICAS O VARIACIÓN DE INVENTARIOS
La AIE anunció una liberación de reservas por el orden de 400 millones de barriles para contener el pánico, pero igual no basta si el conflicto se alarga. Todo depende de si Irán sigue minando o extendiendo la guerra, o si Trump y compañía logran un «final rápido» como dicen. Mientras, se verá volatilidad pura: un día sube 20%, al siguiente cae 15%. En resumen, si, no hay dirección clara, el riesgo geopolítico domina todo, más que oferta y demanda normalizadas. Todos los países de la AIE mantienen sus reservas estratégicas altas y la variación de inventarios comerciales de las empresas transnacionales no son nada despreciables. Una barrera que puede contener un precio del petróleo a 100 U$B, es el grado de tolerancia que pueda tener en EE.UU. hacia un precio creciente que arrastre al alza el precio de la gasolina en EE.UU., y que, independientemente de cuánto petróleo produzca ese país, casi 14 MMB/d, eso no lo protege, porque precisamente el precio del petróleo es un precio frontera, no es un precio doméstico, y eso siempre va a terminar afectando los precios locales en los surtidores, así tengas gran producción de petróleo como es el caso de EE.UU. Esto no sucede con ninguna otra mercancía.
UNA GUERRA DESTRUCTORA
Entonces, ese grado de tolerancia hacia lo que puede ser un precio por encima de 100 dólares sostenido durante un tiempo, va a terminar a lo mejor obligando a que EE.UU. busque una salida al conflicto como sea, recordemos que la estrategia de Irán es alargar y escalar regionalmente lo más que pueda el conflicto y luego si mantiene el gobierno intacto, decir que por lo menos sostuvieron el gobierno a pesar del ataque de la principal potencia militar del mundo. No la tiene fácil Trump, ya hay sectores del partido de Trump, el partido republicano, que están un poco en contra de la guerra y por los impactos que pueda tener sobre el precio de la gasolina. Vale mencionar que el tema de la asequibilidad ha venido erosionando la popularidad de Trump y el partido republicano. A Trump, ni a nadie, le conviene una guerra prolongada y destructora, pues esto le significaría un aumento vertiginoso de los precios del petróleo que podría hundir la economía mundial en una profunda recesión, y donde él aparecería como el gran culpable.
De hecho, a los republicanos no les ha ido muy bien dentro de lo que son algunas elecciones para sustituir cargos a nivel estatal y nacional. Los demócratas han hecho buenos avances en ese sentido. Entonces, aun cuando estamos lejos de noviembre, Trump quisiera terminar mucho antes este conflicto con un arreglo vendido como victorioso. En fin, que hay mucha, mucha agitación y mucha volatilidad en los precios, pero creo que por razones políticas domésticas EE.UU. va a querer poner un coto al asunto y evitar que el precio se le monte de forma sostenida por encima de 100 dólares el barril. La gasolina ya anda en EE.UU. en 3.50 U$ el galón promedio, y en algunos estados roza los cuatro. La gente está descontenta en las estaciones de servicio. Trump ya salió a decir que «la guerra está casi terminada» y que el petróleo va a bajar rápido -eso calmó un poco el mercado ayer-, pero si Irán sigue minando el Estrecho de Ormuz o alargando los ataques, no hay estabilidad alguna posible.
La liberación de reservas estratégicas anunciada por la AIE sería de poca ayuda, ya que sin que se reabra el Estrecho de Ormuz los precios estarán obstinadamente subiendo, con lo cual se incubaría una alta posibilidad de recesión mundial, que por la vía de destrucción de la demanda haga retroceder los precios del petróleo. No parece posible una solución al conflicto como pregona Trump tipo Venezuela, es decir, un gobierno interino en Irán. Este es un país de 90 millones de habitantes, con mucha cohesión y un gobierno con un elevado control político, donde ni siquiera existen partidos políticos opositores. Una balcanización del conflicto empeoraría el Medio Oriente. Trump quiere una solución victoriosa rapida, necesita bajar los precios de la gasolina antes que estos lleguen a las elecciones de mitad de período de noviembre, porque si esto no sucede arrancará diciembre con las tablas en la cabeza.
IMPACTO SOBRE VENEZUELA
Nada de lo que suceda en el mundo petrolero, tratase del Estrecho de Ormuz, de Malaca, de Suez, etc…o cualquier otro aspecto referido a los hidrocarburos, puede ser ajeno a los venezolanos. Atamos -para bien o para mal- nuestro destino y futuro al hidrocarburo más comprometido y demandado en todo el mundo industrializado y desarrollado, desde aquel 18 de mayo de 1875 cuando apareció, por primera vez, petróleo en suelo venezolano (Rubio, estado Táchira). Y más aún, cuando se trata del cuello de botella energético más crítico del mundo, pues conecta al Golfo Pérsico con el Mar Arábigo en una estrecha vía fluvial que lo convierte -inevitablemente- en el epicentro de preocupaciones del mercado petrolero. Así que un cierre permanente del Estrecho de Ormuz, es apocalípticamente nada aconsejable.
La producción petrolera de Venezuela pudiera crecer más de lo previsto para 2026 y 2027 en comparación con lo esperado a finales de 2025, debido a los estímulos económicos y políticos derivados del cambio político producido por el arresto de Maduro, llevado a cabo por el gobierno de EE.UU. el pasado 3 de enero. Es decir, la rápida aprobación de la reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, y las nuevas licencias emitidas por la OFAC, que dejan en manos del gobierno de EE.UU. el control integral sobre la industria, genera un amplio abanico de estímulos. Ello, hace suponer facilidades para las empresas que actualmente están guiando el crecimiento de la producción petrolera, como ha sido el protagonismo prominente de Chevron.
EL DESIDERÁTUM DE LA PRODUCCIÓN PETROLERA: MENOR RETICENCIA HACIA VENEZUELA
Al mismo tiempo este cambio del contexto jurídico, interno y externo, debería reducir la reticencia de empresas como Exxon y Conoco a invertir en Venezuela. Igualmente, alentador va a ser la extensión de facilidades a empresas no estadounidenses como Eni, Repsol, Maurel & Promp, además de Shell, como nueva invitada. Vale mencionar que Chevron y Shell ya están cerrando acuerdos para expandir Petropiar y otros bloques en la Faja del Orinoco. En este contexto es factible que la producción de petróleo pueda crecer en uno o dos años por encima de 400 MB/d y situar su nivel en torno a 1.500.000 B/d para finales de 2027, y en torno a 1.350.000 B/d en 2026. Se estimaba en enero de este año que la producción podría aumentar cerca de 200.000 B/d, respondiendo Chevron por 120.000 B/d.
En principio se puede afirmar que la salida temporal de un 20% aproximado de la oferta global de petróleo, al cerrarse el Estrecho de Ormuz, va a tener incidencias positivas sobre la industria petrolera venezolana en dos direcciones: a) A corto plazo será positivo, pues en forma inmediata el precio de cotización, así como también el precio de realización o venta, de la cesta petrolera venezolana (CPV), se verá en alza y el descuento (precio preferencial) que se venía otorgando (40-30%) queda más que ratificado como inútil. Aquí habrá mayores ingresos, un tanto significativos, reflejados en la factura petrolera. Y b) A largo plazo, el incremento en los precios del crudo debido a las primas geopolíticas muy elevadas por riesgo al suministro, favorecerá los ingresos percibidos por parte del Estado por concepto de exportaciones petroleras.
Sin embargo, hay que dejar claro que dichos ingresos serán muy cautos y modestos, en la medida en que mantengamos una producción petrolera que no decide despegar a mayores niveles, y cuyo crecimiento intermensual e interanual es muy lento y tímido.
La producción bruta (PB), llamada también real, de petróleo en Venezuela se ubicaba para la semana pasada en 1.1 millones de barriles diarios (MMB/d), a lo cual hay que restarle los 210 mil barriles diarios (MB/d) de importación (Imp.) de condensados y diluyentes, lo cual arroja una producción neta (PN) de 890 MB/d. Esto llevado a una simple ecuación, para mayor comprensión, nos dice que: PN = PB – Imp. Nuestro crecimiento de producción petrolera, en las primeras 10 semanas de lo que va del presente año, es de 25 MB/d que sumados a los 865 MB/d (para el 31-Dic.-25) nos arroja 890 MB/d de producción neta, pero NO de 1.1 MMB/d de producción neta o global.
Ergo, para finales de este año (Dic. 26) muy seguramente la producción neta petrolera se ubicará alrededor del millón de barriles diarios (1 MMB/d) y la producción bruta estará alrededor de 1.3 o 1.4 MMB/d. Esto es, tomando en cuenta la tendencia de la curva de crecimiento inter semanal de lo que va del año, la cual es de 10 MB/d, la proyección de crecimiento de la producción neta podría estarse ubicando en 1.3 MMB/d.
Un crecimiento superior a 400.000 B/d en 2 años, es plausible gracias a la reapertura de campos existentes (marginales o maduros), diluyentes y contratos ya en negociación. Para ir más allá de esa estimación se chocaría con dificultades más profundas y difíciles de resolver aun con licencias. Es decir, no mucho se puede hacer con pozos, oleoductos, refinerías y unidades de almacenamiento en ruinas, destartaladas y corroídos tras décadas de subinversión, descuidos, abandonos y sanciones.
POLÍTICA PETROLERA TUTELADA
Un efecto reforzado por el control estadounidense del petróleo venezolano, a muy largo plazo, es el rol de proveedor seguro, confiable y economicamente atractivo que por muchos años tuvo Venezuela antes de la llegada de Hugo Chávez al poder (1999).
Es decir, se abre una ventana de oportunidades para que EE.UU. se empeñe en una dinámica favorable hacia una recuperación mas rápida de la producción petrolera venezolana, con respecto a la que se había estimado a principios del mes de enero de este año. En efecto, en la medida que se ha ido cumpliendo la fase de estabilización de la nueva realidad política en Venezuela, se ha aprobado una reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos que plantea nuevas reglas de juego para el negocio petrolero, donde se favorece abiertamente -en forma generosa y amplia- a las empresas transnacionales estadounidenses.
Más importante aun son las nuevas licencias aprobadas por la OFAC para reglamentar el control estadounidense del negocio petrolero, su actuación protegida por leyes estadounidenses, y un claro deslinde sobre las operaciones petroleras de empresas chinas y rusas en Venezuela. En efecto, la luz verde para Chevron, y ahora para la Shell, Repsol y Maurel & Prom, a fin de que puedan ampliar sus planes de producción que vayan más allá de las que ya tenían como socios de PDVSA en empresas mixtas, hacen prever a mediano plazo -con alta probabilidad- un escenario de aumento de producción petrolera en Venezuela, más ambicioso que el previsto después de la redada que capturó a Nicolas Maduro, aquella memorable y fría noche -del tercer día- del vástago mes de enero de 2026.
Sin embargo, el riesgo a la baja de estos pronósticos está relacionado a limitaciones estructurales como el malogrado estado de la infraestructura petrolera, el limitado y poco confiable suministro eléctrico y la propia e incierta fragilidad política de un gobierno interino que podría poner trabas a un cambio democrático,
que incluya elecciones generales (en un plazo no mayor de 2 años) con instituciones gubernamentales más confiables, re-institucionalizadas, que hagan viables inversiones petroleras de largo alcance. Sin un proceso cierto de transición democrática (no importa que sea lento) y de reinstitucionalización del Estado venezolano, no será posible el retorno de los grandes capitales de las más gigantes transnacionales del petróleo al país.
Se requieren decenas de miles de millones de dólares y años de reconstrucción. Un escollo casi infranqueable es el nivel de confiabilidad en cantidad y sostenibilidad del actual sistema eléctrico, el cual apenas si puede soportar una economía que ha perdido tres cuarta partes de lo que era hace 10 años.
Y CHINA Y RUSIA DÓNDE ESTÁN…?
Vale mencionar como punto a resolver cuál será el status de las empresas mixtas con participación de Rusia y China, ya que entre las dos eran responsables de una producción cercana al 30% del total de PDVSA. Hay que recordar que las licencias OFAC impiden que el crudo producido en Venezuela pueda ser comercializado por empresas que no estén autorizadas por EE.UU.
En ese sentido, la inversión para poder garantizar la dotación de este servicio a una economía que puede empezar a experimentar crecimientos sostenidos de dos dígitos, debe ser de gran magnitud. Por ejemplo, los cortes de luz siguen afectando la Faja del Orinoco y sus operaciones. Sin rehabilitación masiva de la red (que también está colapsada), cualquier aumento de producción se frena por falta de energía.
Un punto favorable es que con estos cambios políticos el petróleo venezolano se está vendiendo sin los enormes descuentos que se comercializaba con China y su negociación es transparente. Sin embargo, el mayor flujo de divisas que ello significa no tiene una vía expedita para el estado venezolano, ya que la administración de ese flujo está controlada por el gobierno estadounidense. El crudo insignia Merey 16 se ubicó en febrero en 52.31 U$B, lo que representó un aumento de 9.10 U$B versus el valor de enero. Las perspectivas son alentadoras para finales de marzo, ya que los referentes internacionales están por encima de 100 U$B, lo que podría situar el precio del crudo venezolano en el entorno de 75 U$. Sin duda, una noticia muy positiva para la estabilización económica del país.
Ya finalizando, y a manera de colofón, se podría afirmar que la actual crisis del petróleo en torno al Golfo Pérsico y al Estrecho de Ormuz sirve como recordatorio tanto a la AIE, EE.UU., OCDE, ONU, OPEP, etc… de la continua importancia del riesgo geopolítico en los mercados energéticos globales, y cómo el Estrecho de Ormuz sigue siendo una arteria crucial para el sistema energético mundial, y que cualquier perturbación en él repercutirá mucho más allá del Golfo Pérsico.
Caracas, 15 Marzo 2026
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