Juancho José Barreto González
proyectoclaselibre@gmail.com
Y con muchos más nombres, nos nombramos en plural. De un soy siendo a un siendo otros. Allá lejos vive o muere. Los cuchillos sustantivos quieren cortarnos el cuello del plural, ese conductor a un nosotros de nuestros nombres. “Nos dieron a cada nosotros una trinchera”. Soy yo una trinchera entre nosotros y nosotros vamos contra otros atrincherados en otras infinitas trincheras.
Abre tus manos. Mis nombres son tres sílabas que danzan en tus manos.
Abro mis manos. Las sílabas de un nosotros me invitan a escucharte. Danzan en mis manos de escuchar, de leer y de escribir. No sabes cerrar el puño para triturarme, dejas que mis palabras naveguen como barcos frágiles de papel y tinta, de sonidos verdes y azules por tus venas. Una antigua raíz nos une en arcilla y humus.
Soy un profesor inverosímil y quiero enseñarte las palabras que vendrán después de la crisis de palabras. Si logramos salvarnos de los cuchillos sustantivos, tus nombres con los
míos reunirán todas las especies cariñosas y navegaremos despacio río abajo hasta el corazón. Al despertar me doy cuenta que sigo
soñando y en mi cabeza suenan las palabras como caracoles ambulantes y vibratorios.
Miro mis manos y me digo entre nosotros, sólo nos queda la ternura. Mis manos y tus manos hablan y se toman un café después de la llovizna. Una silla se va quedando vacía en la distancia.
Me voy caminando por las páginas de Cuaderno de las flores mínimas y me reconfortan otras manos: Para contar esta historia de niños y de flores/ buscamos las imágenes comunes elementales ,/imaginadas de un niño mirando el cielo de un poeta/ soñando lo sensible el niño el poeta la lluvia las/ flores asteriscos los árboles y el cielo el camino/hacia El otro lado ah y el tiempo de la brisa esas/ manos nuevas de la tarde para mover las cosas y/ desprenderlas a las tres de los bucares/ ¡Cómo llego a ese lugar y acostarme en la/hojarasca! / Caminando cerrando los ojos escribiendo/Da lo mismo/ Llego y me acuesto mirando el cielo/ Mirando con los ojos cerrados cómo es eso (…)
“Las manos nuevas de la tarde para mover las cosas…” Escuchar cómo se mueven las cosas. Leer cómo se mueven
las cosas. Escribir cómo se mueven las cosas. “Mirando con los ojos cerrados”.
-No, no estoy muerto, estoy imaginando-.
Esta trinchera no es trinchera, es un río. Las palabras de agua dan de beber a otras bocas. La terapia de la boca. Deja esa silla vacía y vuelva a su casa del lenguaje. Aquí no hay donde sentarse. Los pies caminan y son nuestro soporte en el viaje, entonces, la oda no es para las piernas sino para los caminos. La casa de los caminos se mueve con los caminos. Cuando el camino anochece y se cansa, a la casa le salen alas nocturnas. Esta parte se llama “el vuelo de la casa”.
Cuando uno vuela de esta manera, ningún polizonte puede sujetarte. “Soy un profesor inverosímil y quiero enseñarte las palabras que vendrán después de la crisis de palabras” son mis primeras palabras en esta clase imaginaria, en esta minuta graciosa sobre los nombres puestos en el nombre, en los ojos cerrados de la imaginación.
Lo admito. Quienes me miraban mal por volar con las palabras desaparecerán en la noche oscura. Es una gran garganta que te traga con todo y saliva, huesos, sistema nervioso central y periférico. Los seres bípedos no voladores están condenados a vivir con un solo nombre que no los nombra, sin saber escuchar, sin saber leer, sin saber escribir con el lenguaje del alma. Es más, no tienen alma, la perdieron en un juego de baraja…
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