Cartas | La mejor clase | Por: Juancho José Barreto González

 

Eso de “amanecerá y veremos” es discutible como diría un viejo amigo. Hay que darle importancia a la noche anterior, y la noche anterior es milenaria. Los antiguos caminos suelen llevarnos a más lejos, es lo que otros llamarían “memoria de larga duración”. Así, nos hicimos capaces de contar y cantar, de obrar y padecer en la vida. Actuamos.

En el transcurso de los tiempos, el ser humano ha sido atrapado por los lenguajes. “Dime como hablas y te diré quién eres” expreso para explicar la conexión inseparable entre ser y lenguaje. Nos volvemos lenguaje, representación. Actuamos. Digo y me digo, digo y me expongo. Soy un contar, un cuento. Digo o me dicen, la doble representación para mi identidad personal y colectiva. La tendencia dominante cuál podría ser, me digo u otro me dice, me interrogo. Mi horizonte apunta hacia la libertad de decirnos, hacia el ser que habita la casa interior y se empeña de traducir su preocupación por la existencia. Actuamos.

En un texto reciente, Carta que se les olvidó a los reyes magos, decía que “La lucha por el pan es una lucha superior. Hay que saber crecer como humanos y como pueblo para lograrlo. No se trata de cambiar un presidente o de un nuevo sindicato. Eso sólo sirve para la guerra entre nosotros.” Aquí debo enfatizar dos cosas: 1. La lucha por el pan es “sagrada” y 2. Sin pan no hay independencia.

La Lucha por el pan es sagrada porque sagrado es el pan. El pan es lo que nos alimenta. En este sentido, he desarrollado la tesis combinada de “las dos papas” o, si se quiere, los dos panes. Sencillo. El pan para vivir como cuerpo y el que necesitamos para el espíritu.

La historia de la humanidad es la historia del pan. Es injusto oponerse a esta lucha, va contra la existencia misma. Los pueblos, para no morirse de hambre, inventan formas de asociación para producir el pan. Habrá que revisar tales formas en la sociedad actual que no deja de pasar por las disputas de los mercados.

De esta manera, agrego: Vivimos en un país descuartizado por los intereses previos. No somos capaces de pasar de la esquina porque allí nos caemos a golpes con otros guapetones que sin querer queriendo andan en lo mismo. Una riña permanente que divierte a los déspotas de todo tipo. Somos parte del circo mientras nos niegan el pan.

Sin pan, entonces, no hay independencia. La lucha por el pan, es una lucha combinada. Lucho para comer y para vivir con dignidad frente a las fuerzas del mercado que han convertido tanto al pan como al vivir en una mercancía. Necesito dinero para comprar “el pan para sobrevivir”. Hemos perdido las capacidades de producir el pan que nos comemos cada día. Ha sido sometido a las fuerzas del mercado.

Por ejemplo, allí están los conceptos de “Canasta básica” y “salario mínimo”. Necesito que me paguen un salario mínimo para comprar una cesta llena de comida y servicios para medio vivir. Está abierto el asunto. La lucha por el pan sagrado de todos los días, al mismo tiempo involucra buscar un sistema de vida capaz de producirlo, formas combinadas socialmente, de ingenio social que superen la incapacidad de un Estado Social de Derecho atascado, además, en una guerra bipolar entre venezolanos.

“Para la mejor clase debe producirse una revuelta interior dentro de cada uno de nosotros. Mientras más seamos los que nos orientamos a esa revuelta, los que volvamos a revolver y meter las manos en nuestros asuntos reales y decirnos las cosas sin miramientos tarifados, podemos dar nuestra mejor clase y recibir nuestra mejor clase…”

proyectoclaselibre@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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