Cartas | La biografía hermenéutica (II) | Por: Juancho José Barreto González

 

Me gusta decir para reflexionar, no para convencer. El convencimiento genera la creencia y a esta la definimos como un pensamiento en reposo, tranquilo, apacible y adaptable. La reflexión, sin embargo, va a la duda, a la pregunta. Ocupo un lugar y me pregunto quien soy y debo moverme para buscar todas las respuestas posibles. Así, hablar desde esta dinámica es activar el pensamiento ante la vida y dinamizarla, entrar y salir de lo que he propuesto llamar Umbral étnico. Mi casa es lenguaje, entro a mi casa interior a través de una puerta simbólica que no es solamente puerta para entrar y salir. Es también simbólica, detrás de ella están inscritos los lenguajes que me traen a mis ancestros, a mi ejido de nacimiento, ese lugar inscrito en mi memoria básica, primitiva. Allí permanece o se disuelve esta capacidad para acercarme o distanciarme en mi biografía hermenéutica. Allí consigo o guardo el tesoro de las primeras palabras y los primeros sentimientos. Mi umbral étnico y mi lengua es origen y puente para ir y venir en este hablar para entre decirnos, contarnos y cantarnos.

El olvido o la amnesia es el olvido de esa puerta que nos lleva adentro, dentro de nosotros. La mayoría de los discursos culturales, los discursos “colectivos” para decirnos, expresan tendencias amnésicas del origen para pasar a la dominancia del bien corporal apetecible, levemente atractivo o cómico, poco inteligente y nada reflexivo que se “contrapone” a un discurso ordenador, empresarial, mediático, corporativamente apetecible, en lucha interna por el mercado mundial capaz de monetizar y contratar a tales formas amnésicas para la gran distracción cotidiana sin romper “las normas de la empresa”. Entonces, terminamos digiriendo sin masticar reflexivamente lo que consumimos de tales formas de representación porque la mediática todopoderosa ha sustituido a los dioses que, finalmente, tienen que usar las redes “un poquito” para poder sobrevivir. Así las grandes pantallas que eran exclusividad de las grandes ciudades han sido mimetizadas en versátiles aparatos que andan con nosotros en cualquier lugar. Somos una prótesis humana, estamos pegados a tales tendencias intercomunicadas “secretamente”.

El umbral étnico, la biografía hermenéutica como instrumentos para entendernos en la vida comprometida con la vida, necesitaría de algo más: Una sala de interpretación donde podamos leer el mundo y reflexionar, comprender y activar el compromiso de la interpretación de lo que pasa por los ojos de nuestro cuerpo, por los oídos de nuestro cuerpo, y por la piel, el órgano más grande de nuestro cuerpo. Esto generaría una capacidad estupendamente creativa: soy y somos productores de nuestra propia identidad. Me digo lo que soy porque sé quien soy aún en mis laberintos. Atravieso la puerta, entro y salgo, comprendo.

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