*Eduard Suárez es uno de los 50 bomberos que viajó desde el estado Táchira a La Guaira. Desde el 26 de junio de 2026 estuvo, durante 15 días, en labores de rescate, con las limitaciones de equipos que enfrentan los voluntarios venezolanos. Indicó que durante este tiempo levantó escombros, secó lágrimas y oró por los fallecidos.
Mariana Duque
El rescate del cuerpo de un niño de 7 años de edad de un edificio afectado por el fuego es el episodio que recuerda de su jornada de trabajo en La Guaira. Eduard Suárez es el segundo comandante del Cuerpo de Bomberos del municipio Junín del estado Táchira, quien durante 15 días estuvo en la entidad afectada por los terremotos ocurridos en Venezuela el pasado 24 de junio, en labores de rescate entre los escombros.
Llegó a la zona el 26 de junio, después de 20 horas de viaje en autobús. De manera inmediata dejó sus maletas y se trasladó a las zonas afectadas por el derrumbe de edificios. No rescató a ninguna persona con vida, solo recuperó cuerpos de quienes fallecieron por el impacto en alturas y subterráneos.
“Hemos encontrado procedimientos en donde inclusive nos tocó una estructura con fuego. Después de que logramos realizar la apertura, sin agua, con los mismos escombros apagamos el incendio y después de allí, hicimos la extracción de un infante de siete años, eso nos impactó a todos porque fue un niño que quedó ahí atrapado y que tal vez, no la estructura sino el incendio fue lo que le quitó la vida”, relató al Diario de Los Andes.
Suárez perdió la cuenta de cuántos cuerpos rescató de entre las ruinas. Diariamente eran entre cinco o siete fallecidos, con horarios de trabajo que podían superar las 20 horas. No se percataba de qué día de la semana era o la hora. “Ha sido un trabajo de día a día, no preguntamos cuándo se acaba”, dijo.
Para él lo complejo es tener sobre sus hombros el peso de la esperanza de familias que pasan por un momento de dificultad y que esperan que su ser querido sea rescatado con vida.
“Pasaron por un momento de dificultad y tienen esperanzas en nosotros, en que recuperemos a alguien con vida, en que se realice la extracción de un fallecido para poder darle sepulcro, pero nos toca de todo, levantar escombros, atender personas, controlar emociones, secar lágrimas y decirle a un padre que su hijo ya no existe o decirle a un niño que su padre ya se fue”, expresó.
“No sabemos si volvemos”
A pesar de su formación para estas labores, Eduard Suárez reconoció que el miedo también los invade. Saben a qué hora salen a su trabajo, pero no si vuelven con vida, pues se enfrentan a estructuras en riesgo de desplome y no saben si esto ocurre mientras están en un túnel o dentro de los pisos de un edificio con fallas en las bases.
“Salimos sin saber si volvemos. Entramos a un espacio confinado y no sabemos cuánto estaremos allí o subimos a un edificio con fallas en sus bases, de 10 o 12 pisos con temor, pero tenemos que ser el guía de nuestros subalternos, dar el ejemplo, darles a ellos la confianza, persignarnos y decirle a Dios que nos cuide”, dijo.
Destacó la labor de los voluntarios internacionales y el trabajo que cumplen los caninos. “Gracias a ellos hemos logrado muchas cosas, gracias a los caninos, gracias a todas esas personas que traen su conocimiento, equipos, herramientas, europeos, latinos, sudamericanos, centroamericanos, todos ellos han dado su aporte. Es distinto verlo en películas a verlo en la realidad. Todos ellos dan su aporte, nos dan una mano en la espalda y nos dicen que continuemos, que no nos rindamos y nos dan esperanza, nos dan fe y oramos juntos cuando recuperamos alguna víctima. La herramienta principal para todo esto son los perros, sin ellos no se logra nada. El conocimiento de un canino es el límite, ellos detectan, ellos marcan, ellos nos dan un punto que no falla, son los que nos guían”, relató.
De esta experiencia, el Segundo Comandante del Cuerpo de Bomberos del municipio Junín de la región andina venezolana, rescató también el aporte de los ciudadanos voluntarios, de quienes levantan una pala para retirar escombros, de las mujeres que llevan un café para aliviar la carga del trabajo y de otros que llegan a dar una oración o palabras de aliento. “Todos sufrimos, todos lloramos y pasamos un momento de pesar, pero entre todos también nos contentamos”, destacó Eduard Suárez.
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