Aquí estoy. Con ustedes | Por: Adalberto Gabaldón

 

Hay episodios en la vida de una nación, de una sociedad, que se definen con una sola palabra o con una oración muy corta. Julio César cuando dijo hace dos mil y pico de años: «La suerte está echada». Eso retumba hasta el día de hoy, o Galileo cuando, callado la boca para que no le cortaran la cabeza, dijo: «Sin embargo, se mueve». En los tiempos modernos ha habido episodios dramáticos en donde un líder, en un momento dado, infunde y transforma el destino de millones de personas con una frase simple y sencilla.

No puedo dejar de pensar en Martin Luther King, en su famoso «Tengo un sueño», o el general Douglas MacArthur cuando, regresando a las Filipinas en su desembarco, dijo: «Pueblo de Filipinas, he regresado». Ya lo había hecho dos años antes cuando salió apaleado, perseguido —lo iban a matar al General— y, sin embargo, antes de montarse en el barco que los rescató y los sacó de allí por órdenes de su jefe superior, el presidente de Estados Unidos, dijo su famosísimo «Regresaré». Lo dijo en inglés, suena hasta más bonito: «I shall return».

Bueno, entre nosotros la historia está llena de muchos episodios dramáticos en donde una frase, una oración corta, cambia la historia de la nación. En la batalla del Pantano de Vargas, poco antes de la batalla de Boyacá, Bolívar, casi derrotado, se quejaba de lo que sentía  como una derrota inminente. Entonces fue cuando el famoso coronel Rondón le dijo: «Rondón no ha peleado». Y esa carga de Rondón cambió la historia de América Latina porque permitió que las fuerzas libertadoras ganaran allí y después en Boyacá.

Bueno, ayer tuvimos una cosa épica. Yo no sé si en el planeta lo habrán visto así, pero lo que nos interesa es que lo vieron los venezolanos. ¿Y por qué lo vieron? Porque el «enjambre», de las redes sociales, las cámaras de los teléfonos mostraron, primero que nada, un simple mensaje: «Aquí estoy. Con ustedes», cuatro palabras y un punto. Esos elementos marcan y definen lo que Venezuela empieza a transitar desde el día de hoy.

Porque, ¿qué fue lo que vimos? Sin ninguna cadena de televisión oficial —ninguna, por supuesto, trasmitía nada—, no obstante, miles, cientos de ellos, de teléfonos reportando en vivo durante horas lo que pasó desde el momento en que el mundo entero vio el lacónico mensaje redactado en un trino que le dio la vuelta al mundo y del cual inmediatamente empezaron a rebotar por todo el planeta las manifestaciones de apoyo. Incluso la Secretaría de Estado, con su ambivalente posición cual navegante con el velamen a ratos a babor y a ratos a estribor, lanzó un largo comunicado dejando entrever claramente que eso tenía su aprobación. Hay quienes dicen —yo no sé— que había dos comunicaciones: una por si fracasaba el empeño, en donde lacónicamente le iban a echar la culpa a la autora del trino, y la otra donde la apoyaban fervorosamente. Bueno, ¡Ni tan fervoroso! Sea verdad o sea mentira, no lo sé y tampoco nos interesa. Son puras especulaciones. Lo importante es lo que ocurrió.

A partir de las 11 de la mañana todos vimos lo que pasó desde el sagrado y venerado templo de la Divina Pastora hasta casi media noche en la entrada de Santa Mónica, Chaguaramos, donde se congregó todo el gentío que se movió desde todas partes y que le demostró al mundo el «puñito de gente». ¿Cómo fue que dijeron?… ¿Los cuatro pelagatos», algo así? Vimos lo que pasó en Palo Negro, y nos dimos cuenta de que era en Palo Negro por el gigantesco monumento a la inutilidad que quedará ahí hasta el fin de los siglos, esa estructura de concreto elevado que no funcionará para nada.

Ahí se congregaron cientos, miles quizás, de personas de las adyacencias de Maracay, Palo Negro y seguramente Villa de Cura. Y así fue todo el trayecto. La espontaneidad de una nación enviando un poderoso mensaje.

A los poderes que apoyan la mesa de negociación, respetuosa y cordialmente le manifiesto: «¿Cómo quiere que se lo expliquemos, ¿Cómo quiere que se lo digamos los venezolanos? ¿En qué tono musical?, ¿con guitarra o con bandola?, quiere que se lo cantemos?». Acaba de salir uno muy pegajoso. Dice «A la venezolana».

Entonces, ¿qué esperamos para nombrar el Consejo Nacional Electoral, que lo pueden hacer hoy mismo en paralelo con lo que están haciendo? Reconozco y me parece bien —hasta ahora tengo que decirlo: bien— el proceso para la elección del Tribunal Supremo de Justicia. Pero… ¿por qué esperar y no de una vez resolver lo del CNE en paralelo? En mi humilde y respetuosa opinión le comparto a la mesa que coordina la Dra. Figuera que cuando se quieren hacer las cosas, se hacen,

A los Señores que tutelan nuestro proceso. Al Respetado señor Secretario, les comparto otra frase corta expresada por un Presidente de la República en su momento en una campaña electoral: «vamos a echarle pichón”. Únase. Otee el horizonte. El futuro puede brillar esplendorosamente

Ya vio lo que pasó aquí: no se está desestabilizando nada, a partir de hoy es cuando más estabilizados y contentos estamos. Y por favor, de mi parte, con muchísimo respeto y con el agradecimiento eterno que significa el que ustedes se hayan llevado a quien se llevaron el 3 de enero —que eso es imborrable—, le pido trasmitir al Señor Presidente que ahora sí estamos bailando en las calles. Gracias.

Adalberto Gabaldón

Octubre 2026

 

 

 

 

 

 

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