DLA - Agencia | 8/05/2017 | 10:15 am
¿Negociación o conflicto? Los dos caminos a seguir en Venezuela
Ana Alejandra Laya.-

 Las protestas han sido una constante en el país durante los últimos 18 años, y aunque hay tiempos de calma, cuando llega la tempestad deja a su paso muertes, detenciones, agresiones y más división. Pero la situación en vez de mejorar pareciera deteriorarse más

Aunque no haya un conflicto bélico en Venezuela, el tema está presente en los diferentes aspectos del país. Desde el Gobierno nacional se habla de guerra económica, psicológica, mediática, e incluso la página oficial de la Misión Verdad cuenta con un espacio denominado “La Guerra en Venezuela”. Además, también se indica que existe en el país una guerra de poderes. Y hay especialistas que sostienen que la cifra de asesinatos es tan elevada, que es similar a la de un país en guerra. Según el Ministerio Público, la tasa de homicidios es de 70.1 por cada 10 mil habitantes y de acuerdo con el Observatorio Venezolano de Violencia, asciende a 91,8.

34 muertes, cientos de heridos y 1664 detenidos (según el Foro Penal Venezolano) fue el saldo que dejaron las protestas acontecidas durante el mes de abril. Esta cantidad incrementa mucho más si se suman las cifras de todos los disturbios que por razones políticas, sociales y económicas han ocurrido en el país desde que en el 2002 se produjeron los primeros asesinatos durante una manifestación, en contra del Gobierno de Hugo Chávez.

Todos estos escenarios han hecho que los ánimos se caldeen entre los residentes del país. Crece la intolerancia, la violencia en las calles, los enfrentamientos entre quienes apoyan al Gobierno y lo adversan. También hay personas que quedan en medio de estas situaciones y más que apoyar, esperan que ocurra un pronto desenlace.

Qué va a pasar en el país es una pregunta recurrente. En la actualidad el panorama es incierto y aunque se prevé que pudiesen suceder varias  acciones, en general solo hay dos caminos a tomar, negociar o pelear.

Pero aun cuando crece la incertidumbre, el venezolano pareciera estar acostumbrándose al caos. En la actualidad a la par que se registran disturbios en determinados sectores, en otros hay una tensa calma. Dependiendo de cómo se crea que estará la situación, las personas deciden salir o no a sus trabajos y se debaten entre llevar a sus hijos a las escuelas o dejarlos en casa donde están más seguros. Se vive en alerta permanente, incluso durante los días tranquilos es casi obligatorio mantenerse informado y verificar si todo está normal.

Durante los meses de febrero, marzo y abril de 2014 se registró una de las protestas más largas de los últimos años, calificadas como guarimbas por el sector oficialista. En este período las calles de algunos sectores del Táchira y de otras entidades del país se mantenían trancadas con barricadas, los enfrentamientos entre manifestantes y autoridades eran constantes y a muchos se les hacía imposible llegar a sus trabajos, las pérdidas económicas ascendieron a miles de bolívares y para muchos hogares la situación era insostenible porque al no poder laborar, percibían menos ingresos.

Con el paso del tiempo quienes tenían la posibilidad salían de sus casas, acudían al trabajo o hacían alguna diligencia. Con sus respectivas diferencias, lo que ocurre en la actualidad es algo similar, hay días donde muy pocos se atreven a salir mientras que el resto de la semana el transporte funciona normal, hay colas en las gasolineras, gente visitando tiendas, comiendo en restaurantes, yendo al cine, a un partido de futbol y demás.

Para el politólogo y coordinador del centro de Investigación y Acción Social de los Jesuitas en Venezuela –Gumilla-, en el estado Lara, Piero Trepiccione, son tres los escenarios que podrían ocurrir: una negociación entre los líderes de la oposición y el oficialismo, la desaparición de la política hasta que se registren enfrentamientos bélicos y por último, una combinación de ambos que sería continuación de las protestas y resolución de algunas situaciones hasta que se realicen las elecciones presidenciales en 2018.

EN GUERRA. El fin de la política y la aparición de otros mecanismos para resolver los conflictos llevarían a la sociedad a confrontaciones bélicas, a discutir sin tener presente las normas establecidas en la Constitución de la República. Lo cual, refiere el especialista, es el escenario menos deseado, se estima que el 85% de los venezolanos rechaza una generalización de la violencia.

Hasta ahora la idiosincrasia de la ciudadanía le habría permitido rechazar los metamensajes que llaman a una confrontación. Durante años se ha sometido a la población a un laboratorio de guerra psicológica y se le habla de paramilitarismo, milicia y armamento “con la intención de hacer posible un escenario de guerra”. Eso habría fracasado, el conflicto no ha pasado a mayores dimensiones y los episodios de violencia política pese a que se han agudizado con el paso de los años, no han llegado a ser masivos.

Desestima Trepiccione el hecho de que en la actualidad haya una guerra, porque para eso sería preciso que hubiesen dos grupos armados en el país y hasta ahora es el Estado el que controla las Fuerzas Armadas y aunque pudiesen haber personas con armas entre las filas de la oposición, en realidad no se conoce de grupos organizados dentro del sector.

CONVIVIR CON LA VIOLENCIA. Tal como sucede ahora, existe la posibilidad de que mientras unos días se protesta en otros haya calma. Aunado a ello, el Gobierno podría convocar a elecciones regionales y municipales, tomar algunas medidas que les permitieran culminar el periodo presidencial y realizar elecciones en el 2018 como está previsto hasta ahora.

“Difícilmente una sociedad puede acostumbrarse a vivir en el conflicto, sobre todo uno que atenta contra la calidad de vida” y que podría impactar de forma negativa la economía, apunta Trepiccione. Pero, hay ejemplos que demuestran que entre la población sí existe cierta tendencia a convivir con el desorden, la anarquía y los problemas.

Previo a la escasez de productos era impensable que en los hogares venezolanos faltara la arepa, ahora hay familias que no cuentan con harina de maíz, arroz, granos y más. Algunos se resistían a hacer colas para comprar alimentos, y en la actualidad se hacen largas filas afuera de los supermercados y se va cuando corresponde de acuerdo con el último número de la cédula, se espera por las cajas del Comité Local de Abastecimiento y Producción –Clap-, se paga sobreprecio por los productos de los bachaqueros, se adquiere comida en Cúcuta o simplemente se pasa hambre. Se temía que el incremento del combustible causara rechazo y al ir a la gasolinera las personas se asombran cuando les surten con la más económica. Entonces ¿también se acostumbrará la sociedad al conflicto?

NEGOCIACIÓN. El incremento de las protestas y los conflictos que actualmente se registran en el país podrían generar que los líderes políticos de ambos bandos se sienten en una misma mesa. Más que dialogar, tendrían que negociar y llegar a  un macroacuerdo en el que se considere la realización de elecciones presidenciales, de gobernadores y alcaldes, y tomar medidas en lo que respecta a los derechos humanos, la situación de los “presos políticos” y al área político-económica de la nación, esto permitiría disminuir la violencia.

Sin embargo, hay sectores de la población que están predispuestos al diálogo. Un ejemplo de ello es la respuesta que se dio a las declaraciones realizadas por el papa Francisco, quien indicó que la Santa Sede estaría dispuesta a intervenir en Venezuela siempre y cuando las condiciones fuesen claras, y alegó que había división entre la oposición. Posteriormente el gobernador de Miranda, Henrique Capriles, indicó en alusión a estas palabras que cualquier persona puede errar. Por las redes sociales circularon mensajes en contra y a favor, y renombrados caricaturistas expresaron su rechazo a través de sus dibujos.

La brecha se abrió aún más luego de que el presidente Nicolás Maduro convocara a una Asamblea Nacional Constituyente, que para sus adversarios es una forma de darse más poder que atenta contra la democracia del país.

Trepiccione sostiene que por eso en vez de conversar, es preciso que negocien de forma transparente, bajo un esquema diferente al diálogo de finales de 2016 que no dio resultados claros.  “La negociación debe darse con hechos concretos, decisiones concretas, no con amagues de gestión o con anuncios de anuncios. En estos momentos la confianza es nula o prácticamente nula; pero allí el liderazgo político venezolano tanto de oposición y de Gobierno tienen una enorme responsabilidad para reinventar la política”, explica.

También es preciso que ambos sectores estén dispuestos a ceder. El Gobierno tendría que llegar a un acuerdo con la Asamblea Nacional, disminuir el periodo presidencial y luego convocar a elecciones, lo que implicaría un sacrificio. Mientras que la oposición debería bajar el tono contra diferentes instituciones, las Fuerzas Armadas,  y algunas expectativas a fin de facilitar el proceso del acuerdo y luego avanzar hacia la transición. 

SIN CAMBIO NO HAY MEJORAS. En lo que respecta al ámbito económico, solo hay dos alternativas. El economista Aldo Contreras señala que los cambios vendrían de la mano de un nuevo gobierno porque las actuales autoridades siguen apostando por aplicar los principios económicos de izquierda basados en las teorías de Carlos Marx, Lenin y Engels. Sin embargo, el incremento de los conflictos lo que lleva es a una mayor incertidumbre en el mercado financiero y afecta el valor de las divisas porque la inestabilidad política conlleva a una mayor especulación y sobre evalúa el dólar.

Señala que ante la crisis e inestabilidad el dólar aumenta su valor a diario, lo que perjudica el mercado cambiario y tiene consecuencias negativas entre la sociedad porque en el país el 70% de lo que se consume es importado y el valor de esos bienes estará marcado por el precio paralelo de las divisas. Contreras señala que esa situación de empeoramiento continuará de aplicarse la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos -OEA- y mientras sigan las protestas.

Aunado a ello, el reciente aumento salarial causa más preocupación entre las pequeñas y medianas empresas porque esto las obliga a reducir personal e incrementar el valor de los productos y servicios que ofertan, incrementando los índices inflacionarios.

Salir de la crisis implicaría efectuar diversas acciones que estarían precedidas por un cambio de autoridades a nivel nacional. Elegir nuevos alcaldes y gobernadores no incidiría en la situación económica porque quienes deben tomar las decisiones en esta área son el Ministerio de Economía y Finanzas, y el Banco Central de Venezuela -BCV- y la dirección es designada por el Presidente.

Entre las medidas a tomar que Contreras considera necesario aplicar para superar la crisis económica y social, están: levantar el control cambiario que ha generado corrupción. Eliminar la regulación de los precios porque el valor de algunos rubros está por debajo de su costo de producción; lo que genera pérdidas a las empresas y las obliga a cerrar. Ambos controles sumados a la inestabilidad política, indica el economista, tienen un efecto negativo en el índice de riesgo país que en el caso de Venezuela llega a 2121 puntos y al ser tan elevado, limita la inversión extranjera.

Sincerar los precios del combustible, crear un plan de exportación, eliminar las trabas burocráticas, controlar los niveles de liquidez que asciendieron a 252% en 6 meses porque de 4 billones de bolívares que circulaban en el país, ahora hay más de 14 billones de bolívares, lo que impide cumplir con las metas inflacionarias; respetar la autonomía del BCV y dinamizar el aparato productivo son otras acciones que contribuirían a mejorar la economía nacional.

 

Noticias Relacionadas:

Quiénes Somos | Estructura Corporativa | Aviso Legal | Dónde Llegamos | Contacto

Copyright © 2014. Editorial Diario Los Andes. Venezuela | RIF: J-09003756-0

Powered by:Venetech Smart Solutions