DLA Columnas | 5/12/2016 | 1:00 am
Dejemos morir a esos muertos

Por: Por: José Useche

Si alguien está más alejado en mi forma de pensar, ese no es otro que Donald Trump, pero aplaudo de pie la respuesta que dio ante la muerte de Fidel Castro.

“Hoy, el mundo marca el fallecimiento de un brutal dictador que oprimió a su propio pueblo por cerca de seis décadas. El legado de Fidel Castro son escuadrones de fusilamiento, robo, sufrimiento inimaginable, pobreza y la negación de los derechos humanos fundamentales” escribió el presidente electo de Estados Unidos.

Es interesante ver cómo líderes que llegaron al poder a través de la voluntad popular, señalan a Castro como un legionario, como un luchador de los derechos y la dignidad humana, cuando él mismo impidió que su pueblo eligiera libremente.

Los invito a que sean disidentes en Cuba, a que levanten su opinión contraria al establecimiento político en una plaza, los invito a que vivan unos años con el sueldo cubano, los convido a que abran la despensa de una familia en La Habana.

Yo acepto que hubo un contexto histórico en su llegada al poder y que el desarrollo de su gobierno estuvo marcado por la época, pero es inaceptable que semejante sistema perdure en pleno siglo XXI.

Los cubanos están cansados, agotados, somnolientos, desesperanzados. Puedo aceptar muchas cosas de Fidel, pero jamás podría aceptar que haya robado lo más importante de una nación: la esperanza.

A todas las familias de las víctimas de esa cruel dictadura con manto de humanidad, no les queda sino celebrar.

Nadie puede decirse representante de la libertad cuando oprime a un pueblo, nadie puede decirse portador de liderazgo cuando engaña y manipula, nadie puede llamarse humanista cuando condena a morir de hambre a muchas familias. 

Fidel Castro representa la mayor debilidad del ser humano, esa debilidad que se deja ilusionar por palabras y no por hechos.

Me indigna que muchos hablen de él como un libertador, cuando nunca tocaron Cuba, cuando nunca vivieron la tragedia cubana.

Los colombianos que agradecen su contribución a la paz en Colombia, olvidan que ayudó al narcotráfico usando la isla como puente y además que financió a las guerrillas de izquierda.

Los venezolanos que se lamentan por la muerte del dictador, no entienden que muchas de las necesidades del país, son un calco exacto de las calamidades cubanas.

El Ecuador que se lamenta por la muerte de Fidel no analizan por qué Rafael Correa no utiliza ni una de sus estrategias políticas ni económicas para garantizar el pan en la mesa de los ecuatorianos.

Los argentinos se lamentan cuando nunca vieron Cuba, olvidan que su D10S  vivió con lujos en las mansiones de La Habana siendo un extranjero privilegiado aprovechándose de las niñas cubanas.

La comunidad lgtb, que también se lamenta, deben recordar que fueron perseguidos, condenados, vilipendiados; la poesía, la música, la literatura, la expresión humana fue encuadrada; la humanidad en Cuba se redujo a un sistema repudiable.

Es muy lindo ser socialista y revolucionario en un café de Rio de Janeiro, Panamá o Lima, pero no es nada lindo esperar la mísera cuota de alimentación mensual que asigna el Gobierno a las familias cubanas, y ahora, venezolanas.

Castro es el creador y mentor de un país arrasado y sin esperanzas, que sin el subsidio soviético no hubiera durado mucho.

Yo no lamento la muerte de este señor  y espero que se le recuerde por lo que fue: un proxeneta de su pueblo, hambreador de multitudes, parásito del mundo, conservador retrógrado, sanguinario manipulador de un noble pueblo caribeño que merece recuperar la dignidad.

Humildemente, a donde vaya, a donde pise, donde hable, me exprese y reflexione, lucharé e insistiré en estas palabras escritas. Trataré con mucho argumento de evitar que a este señor se absuelto por la historia, al igual que lo haré con nuestro dictador llanero.

(José Saramago, de esos ilustrados pensadores que se negaron a romper con el romanticismo porque significaba desechar su vida en una papelera, también se indignó en 2003, cuando fusilaron a unos muchachos que secuestraron una embarcación buscando llegar a EEUU. Él dijo: Cuba no ha ganado ninguna heroica batalla fusilando a esos tres hombres, pero sí ha perdido mi confianza, ha dañado mis esperanzas, ha defraudado mis ilusiones. Hasta aquí he llegado.)

 

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