Vida Universal / Más cerca de Dios en ti

 

La palabra del Cristo de Dios, dada a la humanidad en agosto del 2.005 a través de Su profetisa y mensajera Gabriele, para todos los seres humanos que tienen añoranza de Dios y de una vida plena, feliz y en libertad.

Cuando uno se abre a la vida, a las manifestaciones de la vida en el bosque, en los campos y prados, cuando se experimenta que a uno lo irradia una flor, cuando se captan los sonidos que nacen de la naturaleza -ya sea el soplo del viento, el gorjeo de un pajarito o el canto de un grillo-, se nota que en esta Tierra hay verdaderamente algo diferente a  lo que nos ofrece el mundo. Uno se siente apacible y se experimenta una amplitud que despierta confianza.

¿Qué significa DIOS para la juventud? Seguramente que no se puede responder esta pregunta considerando a todos los jóvenes por igual. Para algunos, por ejemplo, para aquellos que han tomado contacto con la enseñanza fascinante y verdadera de Jesús, el Cristo, Dios es ante todo el Padre bueno, amoroso, que ama a todos Sus hijos por igual y al que uno se puede dirigir en cualquier momento. Él ayuda a cada uno en las situaciones del día, está siempre dispuesto a escuchar a cada uno, está siempre allí para todos y afirma también, una y otra vez, lo positivo en cada uno, cuando uno mismo se lo propone. Y el uno o el otro se dan cuenta de que, de vez en cuando, en el diario vivir centellea súbitamente el reconocimiento: “Él está realmente aquí”. Y Él lo conduce todo al bien, tan pronto como se Le da la oportunidad de hacerlo”.

¿Y qué significa Dios para una persona mayor? A menudo se puede comprobar que para una persona mayor el nombre de Dios está vinculado, a veces, con el miedo; pero… ¿por qué miedo de Dios? Los hombres en el camino hacia Dios experimentan de muchas maneras que Dios es un Padre amoroso. ¿Por qué, a pesar de todo, más de alguna persona siente y dice: “Tengo miedo de Dios?”

Justamente en la vejez reaparecen algunas cosas que habíamos reprimido. Podría ser que la conciencia, que a menudo la relegamos a un segundo plano, se abre paso una y otra vez y así muchas personas mayores notan -cuando hacen examen de conciencia de su vida- que muchas de las cosas que han hecho no concuerdan con las leyes divinas, así como las conocemos por el Sermón de la Montaña y los Diez Mandamientos. Si en una persona aparece una y otra vez este reconocimiento, de ello resulta esa consciencia latente de una cierta inseguridad o de un cierto miedo, porque se sabe o se siente que uno fue y es responsable de su vida y que alguna vez, de acuerdo con una legitimidad determinada, puede que tenga que dar cuenta de ella. Es posible que en más de alguien surja el pensamiento: “Ya tengo 50, 60, 70 o más años. En resumidas cuentas, ¿aproveché tal vez mi vida terrenal? (estamos hablando de la existencia terrenal como de vuestra vida), ¿aproveché realmente mi vida terrenal?”. No obstante, más de uno llega a la conclusión, en su consciencia, de que él no le hizo nada a nadie y que siempre se esmeró por ser una buena persona. Si realmente fuese así, entonces tendría que estar libre de miedos, pero, a pesar de todo, ese miedo existe; por lo tanto, a muchas personas les es interiormente consciente el hecho de que no han aprovechado suficientemente su existencia terrenal. Lo presienten y sienten que, así como fueron y son como seres humanos, no quisieran enfrentarse a Dios, ni quisieran presentarse ante Sus ojos.

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