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Venezuela y Perú: Dos caminos opuestos en los servicios públicos | Por: Adalberto Gabaldón

por Redacción Web
08/04/2026
Reading Time: 4 mins read
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Por: Adalberto Gabaldón
Durante 26 años, Venezuela ha vivido el deterioro de sus servicios básicos como si el “caballo de Atila” hubiera pasado por ellos. El agua y la electricidad funcionan como aquellos “dos ligaditos”: se necesita agua para generar electricidad y electricidad para mover el agua desde las plantas de tratamiento hasta los hogares. En ambos sectores, donde antes había estabilidad, hoy solo queda crisis.
En los años 90, Venezuela era un referente regional: casi el 100% de cobertura de agua potable y un sistema eléctrico robusto construido durante décadas. Existían sólidas políticas de planificación para garantizar las demandas de una población creciente y de un aparato industrial gigantesco y diverso. El sector petrolero se embalaba para convertirse en algo fuera de serie. Hogares, industrias y complejos de hidrocarburos consumían y exigían suministro oportuno, seguro y confiable. Eso era Venezuela. Y entonces, como en el popular ritmo de Wilfrido Vargas, llegó el barbarazo. El socialismo del siglo XXI centralizó y politizó los servicios públicos, destruyendo lo que había costado generaciones levantar.
 O sea, “acabó con to”.
¿Qué tenemos hoy?
La realidad es dramática:
  • – Apagones crónicos y cortes no programados.
  • – Fallas constantes en el suministro de agua.
  • – Sistemas absurdamente centralizados, representados por Corpoelec y por Hidroven, dos adefesios incapaces de responder a las necesidades de la población.
Ni hay luz ni hay agua. Con la paradoja de que el agua, el gas y los combustibles requeridos para producir electricidad, existen y en abundancia, pero no hay la electricidad para poder disponer de los mismos . Como los perros dando vueltas inútilmente intentando morderse la cola.  O sea un circulo perverso, diabólico, que impide mover el agua por los tubos hasta las regaderas y grifos o simplemente aliviar el calor.
El reciente episodio del Turimiquire, donde ocho obreros quedaron atrapados en un derrumbe, es un grito al cielo. Una dramática señal. Santa Inés, patrona de Cumaná, debe haber ayudado al milagro de que esos inocentes compatriotas fuesen rescatados con vida. Han sido  más de cuarenta días de improvisación, selfies oficiales y llamados a rezar.
Este suceso, que pudo convertirse en tragedia nacional, debería llevar a enmendar la incapacidad en el enfrentamiento de catástrofes que afligen a Cumaná.
Si hubiese servido de ayuda, llamar al Cuerpo de Ingenieros de los Estados Unidos habría resultado altamente beneficioso. O, sin ir tan lejos, en el Colegio de Ingenieros de Venezuela, en sus sociedades como la de eléctrica y mecánica o como la de hidráulica y sanitaria, donde  se encuentran los  profesionales curtidos y expertos en el manejo de sistemas complejos como el turimiquire o como el Caroní y todo los complejos termoeléctricas en el resto del país . Gente que enfrentó y resolvió emergencias como la que aflige el oriente.
No es solo un accidente laboral: es el reflejo de un país que da palos de ciego frente a tragedias que requieren rigor y responsabilidad.
Como si fuera poco, todavía resuena la explicación oficial del gran apagón nacional de hace siete años: “las iguanas come cables”. Una metáfora involuntaria del absurdo, donde la fauna terminó convertida en chivo expiatorio de un sistema eléctrico colapsado.
El hermano país de Perú, receptor de un componente significativo de la diáspora venezolana que huye en busca de oportunidades negadas en su tierra, tiene una historia que contar.
Este hermoso país experimentó una de las más salvajes y atroces agresiones generadas por una organización demencial de naturaleza comunista: Sendero Luminoso. Entre los años 70, 80 y 90, este grupo atacó con ferocidad las infraestructuras eléctricas y los sistemas de abastecimiento de agua. Asesinó a miles de ciudadanos indefensos. El caos se apoderó del país y millones de peruanos huyeron despavoridos. Venezuela recibió miles.
Aquel desastre de dimensiones bíblicas terminó abruptamente con el descabezamiento total de sus protagonistas: Abimael Guzmán y Héctor Cerpa Cartolín. Con el fin de esa pesadilla, Perú emprendió reformas profundas que marcaron un sendero positivo y de bienestar.
En los sectores de agua y electricidad se adoptaron políticas públicas extraordinarias que se mantienen hasta hoy, y cuyas líneas maestras destacan por la liberalización y descentralización del sistema eléctrico. Actualmente existen más de 60 empresas de generación, 20 de transmisión y múltiples distribuidoras. En agua, más de 40 empresas públicas municipales. Mención especial merece Sedapal, responsable del abastecimiento de Lima, ciudad con más de 10 millones de habitantes. Sedapal es considerada y reconocida como una de las mejores empresas de abastecimiento de agua en América Latina.
De modo que en Perú ni se va la luz ni falta el agua.
En conclusión
Los servicios públicos son el pulso de un país: cuando funcionan, casi no se notan; cuando fallan, se convierten en símbolo de crisis. Perú demuestra que incluso con turbulencias políticas, un sistema descentralizado y abierto a la inversión puede garantizar estabilidad y confianza ciudadana.
Venezuela, en cambio, es el ejemplo de cómo la centralización y el deterioro institucional destruyen décadas de progreso. Así como el socialismo del siglo XX, encarnado en Sendero Luminoso y apoyado por Castro, dejó una estela de destrucción en Perú, el socialismo del siglo XXI, también respaldado por La Habana, ha convertido a Venezuela en un país donde los servicios básicos se han vuelto símbolo de decadencia… y donde hasta las iguanas terminan cargando con las responsabilidades.

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