Especial DLA.-
A continuación la segunda parte del análisis del periodista Casto Ocando sobre las repercusiones que han tenido para Venezuela las acciones y medidas en estos “explosivos primeros 30 días” de la administración de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, por segunda vez.
Deportaciones “traición de Trump”
Después de la toma de posesión de Trump, sin embargo, las perspectivas de un apoyo irrestricto por parte de la nueva administración a la causa de Venezuela sufrió el primer impacto el 29 de enero, con el anuncio de la secretaria de seguridad nacional, Kristi Noem:
Que revocaba la extensión a los venezolanos en el 2023 que se habían inscrito en el programa de protección temporal o TPS, una extensión que había sido aprobada por el anterior secretario Alejandro Mayorca por 18 meses. Noem se refirió al impacto de organizaciones criminales como el Tren de Aragua en esta decisión.
La revocatoria mantiene a unos 348 mil venezolanos sujetos a la deportación a partir de la primera semana de abril próximo, la medida fue ampliamente criticada porque estableció que Venezuela ya no cumplía con las condiciones que había en el 2023 cuando fue aprobado el TPS, supuestamente, porque había experimentado algunas mejoras en temas como la economía, el crimen y el sistema de salud, algo que por cierto contradecía otros documentos del Departamento de Estado sobre Venezuela.
El anuncio de la secretaria Kristi Noem provocó una airada reacción de la comunidad venezolana-americana en Miami que denuncio la medida como una traición de Trump al electorado venezolano-americano.
Preocupación “visita de Richard Grenell”
El segundo evento que causo preocupación, tanto en la comunidad venezolana como en círculos de poder republicano, fue la visita del enviado presidencial Richard Grenell a Caracas, para negociar la libertad de rehenes norteamericanos, secuestrados en Venezuela (lo cual logró) y para asegurarse que Maduro iba a recibir a los deportados venezolanos de forma incondicional.
Para contener las críticas el presidente Trump declaró ese mismo día en la Casa Blanca que no estaba conforme con la actual situación en Venezuela (…) adelantando que iba a examinar posibles acciones para que los venezolanos pudieran regresar a una Venezuela segura y libre.
Pero a pesar que dijo, que no pensaba cometer los mismos errores estúpidos de Biden de permitir la compra de petróleo venezolano, al día siguiente la administración Trump no detuvo la renovación de las licencias operativas de la OFAC que permitían a estas empresas norteamericanas como Chevron, por ejemplo, hacer exactamente lo que Trump dijo que no quería hacer.
Venezuela es “parte de un escenario cambiante”
Las críticas se hicieron más sonoras cuando el Miami Herald revelo que tras negociaciones de Granell, estaba un magnate empresario de la Florida, y supuesto amigo de Trump, Harry Sargent, propietario de Global Oíl Trading una firma que tiene importantes contratos con PDVSA para comprar ciento de miles barriles de asfalto amparado por una licencia de la OFAC.
Estos eventos revelaron una disonancia entre las expectativas sobre la esperada política agresiva y antimaduro de Donald Trump y la realidad del pragmatismo político que parece guiar las posturas de Washington, por ahora.
Cuanto le pregunte a fuentes políticas y diplomáticas en Washington incluyendo un exmiembro del Consejo de Seguridad Nacional y un asesor clave de María Corina (Machado) en la capital norteamericana me encontré que el tema de “Venezuela es parte de un escenario cambiante”.
Grupos en conflicto
Existen aparentemente dos grupos en conflicto dentro de la administración Trump, me dijo un exdiplomatico que me pidió mantener su reserva de identidad, por un lado, están los actores y asesores que quieren empujar la salida de Maduro del poder más temprano que tarde y que favorecen un paquete de acciones y sanciones agresivas para lograr este fin.
En este grupo están figuras como Marco Rubio, Mauricio Claver Carone, Mike Waltz y un nutrido grupo de congresistas de ambos partidos, y luego está, el grupo más pragmático liderado por figuras como el vicepresidente JD Vance y la secretaria de seguridad nacional, Kristi Noem que piensan que EEUU debe concentrarse:
Primero y fundamentalmente en los temas de interés nacional en la agenda Trump, aun si estas van en contra de la agenda antimaduro. Este grupo no necesariamente está viendo a Maduro como una amenaza real e inminente para EEUU me dijo el exdiplomatico.
Como explique en un anterior programa Trump ha establecido una serie de prioridades que han quedado claras en estas primeras tres semanas de la administración, el tema inmigratorio con las deporetaciones, la guerra contra los carteles mexicanos por el tema del fentanilo, las disparidades de la balanza comercial de los EEUU con países como México. Canadá y China y la polémica restructuración de la inmensa burocracia federal.
Vías de presión
Aunque el tema de las dictaduras latinoamericanas como Venezuela, Cuba y Nicaragua está entre las primeras 10 prioridades de Trump, por ahora la prioridad no parece ser inminente, según el ex diplomático existen dos vías para presionar a la nueva administración para que tome las medidas esperadas contra la dictadura:
La primera vía es, propagar a todos los niveles del poder en los EEUU la realidad que la red (…) que controla a Venezuela es un gran peligro para los intereses norteamericanos y para la región; porque para los analistas de inteligencia de las más destacadas agencias del gobierno de EEUU saben que el Cartel de los Soles es tan o más peligroso que los carteles mexicanos que Trump quiere acabar de forma rápida y efectiva incluso con intervención militar.
La segunda vía para ganar la batalla por Venezuela dentro de la administración Trump es, incrementar las presiones políticas a un nivel que causen preocupación al propio presidente, me dijo el asesor de seguridad nacional para América Latina. Una muestra de cabildeo, protestas masivas, cartas a congresistas y otras acciones de presión política podrían ayudar a este propósito me dijo esta fuente.
Deportaciones “impacto político negativo”
Creo que el costo de deportar 350 mil venezolanos tendrá sin duda alguna un impacto político negativo, pero el costo de dejar que Maduro continúe en el poder con ayuda de las licencias petroleras y negociaciones trasbastidores será mucho más alto para la región y para EEUU e incluso para los prospectos electorales de Trump y su equipo para el futuro. Es una pelea en la que todos los venezolanos en EEUU tienen que comenzar a participar activamente porque lo que está en juego es el futuro de Venezuela.
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