Venezuela en tiempos de cambio | Por: María Sara Vivas Araujo

 

Por: María Sara Vivas Araujo

 

 “El 18 de octubre de 1945 es una de las oportunidades perdidas de la historia venezolana, pues la transición hacia la democracia se vio empañada por la imposición militar y la exclusión de sectores importantes”

Guillermo Morón.

 

En el transcurrir de la historia de Venezuela, han existido grupos que han logrado apoderarse de los espacios económicos y políticos, provocando pugnas, desaciertos e incertidumbres en desmedro de la integridad. Para ello, suman fines, a lo interno y en lo foráneo poniendo en extravío el orden en los espacios pequeños, local y regional, que elevan lo grande, lo nacional. En su punto cumbre, “guachimanes” con sus propósitos bien trazados silenciando la lealtad, la templanza, desfigurando los más puros sentimientos de amor por la matria, que es Venezuela.

Es importante decir que en el siglo XX un grueso número de venezolanos ilustres, entre quienes se destacaban, Mario Briceño Iragorry, Jóvito Villalba, Mariano Picón Salas, Esteban Gil Borges, sentían una gran preocupación por la situación que se venía viviendo en el ámbito social; este grupo de venezolanos con gran valentía se rebeló para expresar su repudio ante actitudes dañinas. Con determinación se organizaron por una Venezuela comprometida con sus valores y principios.

Sin embargo, fueron enfrentados por los grupos antagónicos, aquellos que no querían cambios, pues, estaban arraigados a ese controvertido modelo con que se condujo el pasado siglo; siendo esto así, las cuatro primeras décadas estuvieron signadas por dictaduras e intentos de gobiernos democráticos. Tras la muerte del dictador Juan Vicente Gómez en 1935, se dio la apertura para la transformación, luego que dos militares venidos de las filas gomecistas, decidieron de manera consciente romper con los regímenes dictatoriales: el gobierno del general Eleazar López Contreras (1935-1941) y el del general Isaías Medina Angarita (1941-1945), como se ve a través de los hechos históricos, ellos emprendieron la transición de la democracia en Venezuela.

La administración de Medina Angarita, ha sido reconocida como el gobierno de los notables, conformado por un equipo multidisciplinario con pensadores, diplomáticos, historiadores, políticos; creando una sinergia de conocimiento, ética, moral, que se traduce en lealtad, acción y compromiso con Venezuela. Medina fue un demócrata que pintó resplandores de madurez política, en una atmósfera de comprensión mutua de la voluntad férrea del pueblo venezolano en el avance democrático. Se experimentó el respeto por la libertad en las diversas corrientes del pensamiento que afirmaban un pluralismo político e histórico.

No obstante, el 18 de octubre fue perpetrado el golpe. El día 19 por la mañana, las noticias de que la aviación y la plaza de Maracay se encontraban en manos de los alzados y de que el cuartel San Carlos había sido ocupado por grupos insurrectos, fueron causas que determinaron la decisión de Medina a su capitulación. Esa misma noche se constituyó en Miraflores una nueva Junta de Gobierno presidida por Rómulo Betancourt. Mario Briceño-Iragorry, sostuvo: “Hay una Venezuela construida más o menos cívicamente, la derrocaron porque ha prevalecido el mal”.

Evocar los sucesos lamentables del 18 de octubre de 1945 exige, encontrarse con la impronta de don Mario Briceño-Iragorry. Su figura y el devenir histórico epocal confluyen en el relato; él encarnaba la integridad institucional, él daba testimonio de la conmoción política de la nación, él era el presidente del Congreso, por lo tanto, muy cercano a Isaías Medina Angarita, presidente derrocado. Para don Mario, esta alevosía representó un quiebre institucional violento y un duro golpe a la vocación civilista del país. Bien vale que, como campanas, de nuevo resuenen sus palabras, (1983):

Ha correspondido al ilustre Presidente Medina Angarita una recia labor de unificación nacional. Él ha proclamado la necesidad de vivir y pensar en venezolano, para lograr la fuerza que defienda nuestra autonomía interior de pueblo y nuestra inalienable soberanía de nación. Ser nosotros mismos, para bastarnos en nuestras necesidades y poder ir al auxilio de los otros hombres que luchan por la dignidad y la justicia. Porque exaltar la nacionalidad no implica posiciones recoletas en el concierto de los pueblos. La nacionalidad es vínculo fecundo que nos une para la creación social y no erizada frontera que aísla nuestra vida de pueblo”. (p. 260)

A partir de los acontecimientos de 1945, Mario Briceño Iragorry inicia por Venezuela un largo proceso de angustia que lo acompañará hasta su último suspiro. Por su ecuanimidad y clarividencia política fue desterrado y en ese confinamiento, escribe entre otros, dos libros profundos de ardorosas convicciones, Mensaje sin destino (1951)  y Aviso a los navegantes (1953).

En Mensaje sin destino (1951), Mario Briceño-Iragorry coloca sobre el cauce lo que es para él la crisis de pueblo por la cual atraviesa Venezuela. De manera que desmenuzó los modelos opresores de su presente; y hoy, su legado desafía con un pensamiento crítico frontal a la realidad actual de la República, tajantemente subraya la separación del individuo de los valores humanos, de sus valores cristianos como causa de la crisis por la que atraviesa Venezuela y la humanidad. Crisis dada por la superficialidad, la cultura de la inmediatez, la humanidad vacía, sin propósito de trascendencia.

Después del 18 de octubre de 1945, van emergiendo en el transcurrir del tiempo problemáticas sociales/históricas registradas por los especialistas como los detonantes que abrieron espacio a las “taras sociales”, que al día de hoy gravitan por la falta de justicia ante la violación de los derechos humanos y los derechos ambientales, que sin duda, derivan en economías ilícitas, opacidad institucional; crepitar de la crisis en inestabilidad, manipulación deliberada de la verdad a riesgo de que el ciudadano pierda la comprensión veraz de la realidad circundante, tornándose efímeras su armonía y su paz en la convivencia.

Historiadores y ensayistas señalan que la democracia venezolana priorizó el clientelismo partidista sobre la formación de una ciudadanía crítica, independiente que se venía construyendo con una conciencia cívica. Las virtudes se camuflaron con protecciones y prebendas, tal desmesura entró a rajatabla con el siglo XXI venezolano con la complacencia de quienes timonean el control social sujetándose al poder de forma prolongada e ilegítima, lo que ocasionó un daño sin precedentes en lo ontológico, axiológico, histórico, geográfico a la sociedad venezolana. ¡Sacudiendo la cultura desde sus entrañas! ¿Cómo nos disponemos los venezolanos a levantarnos, levantar el país?, ¿Lo vamos a reconstruir o a construir? De nosotros mismos depende.

Se tiene el convencimiento de que a los militares se les debe exigir que cumplan a cabalidad con sus funciones, conversar acerca de la disciplina para apuntalar los principios de la democracia, la defensa de la libertad, la soberanía, la fidelidad a la patria, ser los centinelas del precepto constitucional. Los militares están subordinados a la autoridad civil. Es menester que esta fecha sea para colocar el acento en ese pasado reciente y en nuestro aciago presente; para el restablecimiento de la República. De niños nuestros abuelos y padres nos hablaron de los héroes valientes de nuestra patria y los maestros profundizaron nuestra historia, en Primaria. Escuela que hay que repensar y consustanciar para devolvérsela al presente, ¿cuál presente? Nuestros niños que bien nutridos en mente, cuerpo y espíritu estarán construyendo el futuro de las posibilidades que será.

 

Referencias consultadas:

Berríos Berríos, Alexis. Lo Pequeño como Alternativa. Fondo Editorial Tropikos

Briceño-Iragorry Mario. 1983. Discursos académicos y Tribuna Patria e Historia. Biblioteca de temas y autores Trujillanos

Escovar León, Ramón. 2019. Perspectivas El 18 de octubre. Prodavinci

 

 

 

 

 

 

 

 

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