Una trayectoria personal de FB que ha dejado huella: ¡Recordar es vivir!

 

Por: Frank Bracho

A tres cuartos de siglo de vida, explícitamente inventariado: ¿Qué ha quedado? Pues mucho que agradecer y rememorar. ¿De cara ahora a un futuro aún más trascendente? Donde «Lo Alto» —llámese a lo divino como se le llame, según la genuina cultura de cada quien— y su respectiva contabilidad cósmica carambolera, como siempre, tendrá la última palabra. Pues «no somos sino una paja o instrumento de un gran huracán cósmico»: ¡Una hechura de autodeterminación humana encuadrada en los preceptos del Orden Natural Divino! Parafraseando nuestro propio libro reflexivo sobre dicho mismo tema, que publicáramos en aquel crucial año 2000, de tránsito entre dos siglos. Por todo lo cual, recomendaríamos a cada quien que se hiciese su propio inventario de vida a fin de ver su propio caso.

Hechura de un país o nación

En cierta forma, volviendo a nuestro propio caso personal, no hemos sido sino hechura del destino típico multicultural, mestizo y biodiverso del país nuestro, donde hemos nacido y que nos dio crianza. ¡No otra cosa que un privilegio en el conjunto de las naciones! Pues dicho papel genético nacional ha sido en el fondo un caso emblemático de «unidad en la diversidad». Y un país el cual, en nuestra superior faceta espiritual y como parte esencial de lo anterior mismo, ha sido, en particular, una muy interesante síntesis del centenario legado cristiano (resaltando lo de Jesús —sobre todo el sacratísimo Jesús de la Divina Misericordia— y la Virgen María en sus muy diversas acepciones en el país; ver nuestro artículo en la web: Génesis Mariana) y el legado milenario indígena propio (de culturas y pueblos nativos quizás aún más avanzados en sabiduría esencial que otros pueblos ancestrales del continente, aparentemente más monumentales que los nuestros).

Hechura más singular / personal

En lo personal/familiar, provenimos en este plano de una muy multicultural pareja de progenitores; incluyo a una muy recordada madre biológica de procedencia rural andina, de trazos genéticos diversos ibéricos (y ya sabemos que ello incluyó no solo lo castellano, sino lo portugués e italiano, así como aquel deslumbrante bagaje de «unidad en la diversidad» de el andaluz, que iluminó al mundo desde la península ibérica por casi ocho siglos, proyectándose incluso hasta Cantón y Xian. El cual incluyó, bajo lo islámico asiático vía África, no solo lo vernáculo visigodo, sino también lo musulmán como tal y lo judío sefardí, y todas las restantes derivaciones de fusión planetaria).

Así como un recordado padre biológico, con la mansedumbre de un San José, de fuerte y ennoblecedora ascendencia materna indígena arawaka/achagua, de aquellas estepas boscosas hídricas larenses, y un amancebado influjo ibérico por parte paterna; un tipo de combinación no inusual para esos tiempos de multicultural partera génesis nacional. A ser preformalizada por aquella Declaración de Capitanía General del rey español Carlos III en aquel 1777 de conmemoración mundial de la Natividad de la Virgen, y sendas conmemoraciones de nuestras singulares manifestaciones marianas del Valle y de la Coromoto —siempre con gran eco en lo indígena—, en aquel prenombramiento patrio de «Venezuela», el cual ya venía inspirado por aquel avistamiento de los palafitos sobre la lacustre laguna de Sinamaica por los maravillados descubridores europeos. ¡Una recompensa más valiosa que todo el oro y plata que los nuevos Reyes de España le habían encargado buscar al cristiano Cristóbal Colón en aquella esplendorosa «Tierra de Gracia» que despuntaba en el horizonte! Reconocida a su vez desde los tiempos de los ancestrales proféticos kuna en el hoy Istmo de Panamá, en donde Bolívar cifrara sus más altos y fraternales sueños mundiales.

Pero nuestros padres nos dieron, sobre todo, una fiel hogareña crianza de familia, donde descollaron trascendentes valores familiares de verdad, honestidad y servicio; siendo nuestra madre —consciente o no— la de más mundiales miras. Nuestra madre se preocupó, sobre todo, de que tuviéramos siempre una buena y afín complementaria educación escolar hasta nuestra adolescencia, descollando en ello nuestra becada pasantía en el muy eminente colegio de Maracaibo San Vicente de Paúl (acabamos de celebrar este pasado jueves 27 de noviembre la muy profética fiesta de La Milagrosa, de mucha inspiración de servicio vicentino). Por todo ello, nuestra madre siempre nos decía: «No les dejaré muchos bienes de fortuna material, pero sí una honesta buena educación».

En nuestro caso individual personal, ello devino en una gran impronta internacional. La cual incluyó el haber sido escogido luego como uno de los 50 ganadores premiados de un concurso de ensayos sobre el futuro, de unos 50 mil jóvenes de todo el continente, bajo la entonces en boga «Alianza para el Progreso» (en 1967), muy propiciada inicialmente por el primer presidente católico de dicho país, John Kennedy (a comienzos de los 60). Premio que incluyó un mes de viaje del variado y muy plural grupo de premiados latinoamericanos para entrevistas en la costa este de EE. UU. con sus más altas autoridades de entonces y de la Alianza misma, desde la bella sede de la OEA en D.C. Y, sobre todo, en muy memorables estadías con nobles típicas familias norteamericanas, en un «pueblo a pueblo» muy humano a lo largo y ancho del resto del país (experiencia hoy muy de extrañar).

Para, luego de un año y medio en la Escuela de Ingeniería en LUZ, volver —con apoyo financiero de La Alianza y la solícita campaña activista de un decano de admisiones como el Dr. Richard Elliot, así como el apoyo de una empresa petrolera anglo-holandesa de la cual era trabajador nuestro padre, y asimismo el apoyo parcial del entonces ente público Cordiplan y sectores de la misma OEA— a fin de que yo pudiese ser admitido a la muy multicultural, plural y vivencial Facultad de Estudios Interamericanos del Elbert Covell College (ECC) en Stockton, California. Obra bajo una Alma Mater fundada por los metodistas de dicho país: la Universidad del Pacífico, una de las más prestigiosas e innovadoras entonces universidades privadas de EE. UU. (¡Tiempos aquellos de mucho idealismo soñador!; ver en tal sentido nuestro artículo en la web: Simón Bolívar y George Washington: Mito y Realidad).

En el ECC nos tocaría ser vicepresidente de la Asamblea de Estudiantes, y diseñar e implementar la primera Réplica Modelo Estudiantil de la OEA que hubo en el mundo, con la colaboración maravillada de la Secretaría de la OEA en D.C., para graduarnos luego summa cum laude, con el aval del entonces muy plural y calificado cuerpo docente del ECC. Facultad seminal desde la cual (recordando entre nuestros maestros a luminarias particulares como Rufo López Frezquet, Richard Sandell, Larry Pippin y el «apóstol» Leslie Robinson) tuvimos mucho apoyo para ingresar posteriormente a la muy elitesca Ivy League University of Stanford, de la cual pudimos obtener luego un postgrado en Economía Internacional (no sin algunas peripecias, bastante distintas de lo antes vivido en Elbert Covell).

Con tales credenciales y avales académicos, y luego de una entrevista personal en su casa de Caracas con el ya gurú y profeta nacional Dr. Juan Pablo Pérez Alfonzo, estaba asegurado mi ingreso a la entonces (allá por aquel 1776) muy soñadora e influyente administración pública venezolana de política exterior, a la que tanto queríamos servir. Vino entonces nuestro ingreso al Instituto de Comercio Exterior (ICE), cuyo presidente era entonces el Dr. Reinaldo Figueredo —ya visto entonces como «delfín» del actuante ministro y gurú Dr. Manuel Pérez Guerrero (PG), bajo CAP I— y nuestra inmersión en la Unctad. Al mes de nuestro ingreso al ICE ya estábamos viajando a Ginebra como delegado nacional (¡un récord mundial, según otros congéneres de ECC!), en la OEA, la Cepal, el BID y el entonces naciente SELA.

Posteriormente pudimos ingresar al mismo selecto «Grupo de PG», una privilegiada beca para aprender y una gran plataforma para actuar, en virtud de toda la experiencia seminal original onudiana e internacional en general por la cual PG era nacionalmente reverenciado. MPG había ostentado las más diversas carteras —nacionales e internacionales— desde los tiempos de Rómulo Gallegos, Betancourt, Carlos Andrés Pérez (CAP I y II), Luis Herrera Campíns y Lusinchi, además de haber brillado para dichos mandatarios como estrella de su querida y nunca descuidada escena internacional. A nosotros, luego nos tocaría desempeñarnos como su secretario ejecutivo durante los últimos 7 años de vida de PG, así como presidente del G77 en la V Comisión de la Asamblea de la ONU, y miembro fundador a nivel Sur-Sur de la Oficina del Presidente del G77 en NYC por mandato del propio Dr. PG, luego de la muy exitosa Cumbre Sur-Sur de Caracas, convocada allá por 1981 por el mismo PG, durante la misma égida de PG (de 1982-83). ¡MPG falleció en 1985!

Luego nos tocaría dirigir la Cátedra en su Memoria desde el Instituto IDEA como por dos años, inaugurada por su congénere onudiano, fundador de la CEPAL y primer secretario general de la Unctad, Don Raúl Prebisch. Después nos tocaría servir a CAP II como su Representante Permanente ante la Comisión del Sur (C-S), presidida por el gran estadista africano «mandeliano» Julius Nyerere Mwalimu, con la Secretaría Técnica a cargo del luego gran primer ministro de la India, Manmohan Singh (entre otros mecenas de la C-S estaban Rajiv Gandhi y el PM de Malasia Mahathir M., y entre sus miembros se encontraban quien fuera director de gabinete del PM chino Chou En-Lai y un vicepresidente de Cuba, con todos los cuales nos tocó tener un personal cercano trato de tú a tú, al igual que la casi totalidad de los magnates con los cuales le había tocado relacionarse en suelo patrio a MPG). Asimismo, haber sido «Sherpa» de CAP II ante la Cumbre del «Grupo de los 15» (corolario de la Comisión del Sur y antecesor del hoy G-Brics), bajo CAP II. Igualmente, comisionado de la Presidencia durante CAP II, asimismo su embajador de Venezuela en la India, e igualmente «Enviado Especial» durante el mismo período a Sudáfrica para abrir relaciones con la nueva Sudáfrica. Asesor directo luego de Hugo Chávez para la II Cumbre de la OPEP en Caracas y sobre los nuevos escenarios energéticos para el mundo, en servicio públicamente destacado por dicho mismo HCHF, entonces un muy prometedor mandatario nacional, pero que luego se quedaría tan corto y desviado.

En suma

En suma, toda la anterior exposición internacional oficial, aunada a nuestras propias andanzas de servicio a la Sociedad Civil Contestataria Mundial (SCCM), nos han permitido estar en unos 90 países de los 5 continentes. Un verdadero y real baño de «unidad en la diversidad» por una mejor humanidad, planeta y cosmos natural divino; incluyendo unos 3 años en total bajo distintos sombreros en la India, unas 5 visitas a China, varias a Turquía, Marruecos, Tanzania, Sudáfrica, Malasia, Indonesia, Singapur, España, Alemania, Francia, Polonia, Suecia, Reino Unido e Islandia (esta última para ponderar las perspectivas del hidrógeno como gran nuevo combustible renovable para un país entonces tan abanderado del mismo) y Filipinas, para no hablar de la mayoría de países en nuestro continente.

Además de todo lo que hemos aprendido y aportado bajo el naturismo tropical del Dr. Keshava Bhat, con quien trabajamos muy estrechamente por unos 25 años. Si PG nos enseñó «doctrina» para sentirnos orgullosos de nuestro propio gentilicio sureño, tropical y universal, el Maestro Dr. KB nos enseñó «practicalidad» y «salud integral» con recursos propios para hacerlo. Así como el gran Foro Social Mundial de «Otro mundo es posible»; las respectivas redes de gente como la hermana Hazel Henderson, J.C. Kapur y Jasleen Dhamija, Come Carpentier y Paola Harris, Trigueirinho, Mwalimu, Mons. Pietro Parolin, Vassula Ryden (para no mencionar otros aún más cercanos y cotidianos en nuestro conjunto camino, como: IC, CL, RS, RN, DT-4A, CG, SG, EM, PT, JM… e IG y Shree, IBz, RSv, HL, DY, JLP, ShTsu, The Sowells, JAB). Y todo lo de Mahatma Gandhi y San Francisco de Asís, faros hoy del camino. Nuestros hoy especiales guías San Agustín, B. Spinoza y Lao Tsé, y los maestros Hopi, Kogi y Kuna, etc. Nuestro actual y propositivo veterano y multicontinental G6; las diversas Cumbres Indígenas de las Américas y otros análogos sabios pueblos ancestrales del mundo; Vensanapaz, las peregrinaciones y escrituras de la VVeD; el Diálogo Práctico de Civilizaciones; el haber sido miembro del Jurado Internacional del Premio Nobel Alternativo o RLA (del 2003 al 2007) —»una honra tan grande o más como ser premiado», según nos confesara una antigua congénere del jurado—; las visitas vivenciales a Cracovia, Medjugorje y a la isla de Patmos; nuestra propia escena nacional; nuestra autoría o coautoría de innumerables libros, folletos y artículos para medios nacionales e internacionales (varios sobre el tema del cambio de civilización, sustentabilidad y la salud natural integral en 1995, 1998…); pero de especial memoria, los poemarios sobre los hábitats de Uragua, La Gran Sabana, El Caura, Iguazú, El Hatillo, El Alto Cuao y otros emblemáticos hábitats naturales (2001, 2019) y el libro sobre la agenda ambiental y amazónica del propio Papa Francisco, inspirada en la del Santo de Asís (obra del 2016); el cooperativismo de Cecosesola y el «Trujillo Posible» por atreverse, por encima de la insaciable, suicida competencia y pugna.

En definitiva, en servicio de las altas causas de enaltecimiento práctico ecuménico e interreligioso, y el servicio a la siempre paralela e interconectada agenda nuestra —aunque a ratos parezca muy distinta— y de la llamada SCCM que no se rinde. ¡Por una humanidad, planeta y cosmos mejores, y en sagrada paz y sustentabilidad!

¡Amén! ¡Amín! Om Shanti… ¡Aleluya! ¡Mitakuye Oyasin! ¡Tecqua Ikachi!

— FB / 29 de enero de 2026

 


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