Después de años de estancamiento económico, una nueva coyuntura se abre para Venezuela. Las recientes transformaciones en el escenario político y diplomático han derivado en el levantamiento gradual de sanciones económicas impuestas por Estados Unidos al sector energético y financiero venezolano.
Este cambio podría significar una oportunidad histórica para iniciar una recuperación económica sostenida, siempre y cuando se aprovechen las ventajas comparativas de la nación y se aproveche la oportunidad para consolidar una visión de crecimiento inclusivo y diversificado.
El impacto inmediato de la eliminación de sanciones sería, en primer lugar, el reacomodo de las principales industrias exportadoras en función de mercados globales abiertos y sin barreras regulatorias.
La economía venezolana ha sido desde hace más de 100 años fuertemente dependiente del petróleo, que representa más del 90 % de las exportaciones tradicionales y es su principal generador de divisas. Sin embargo, la producción se redujo drásticamente en los últimos años debido a la falta de inversión, deterioro de infraestructura y restricciones comerciales.
Con el levantamiento de sanciones, empresas petroleras internacionales podrían regresar con proyectos de inversión dirigidos a rehabilitar campos petroleros, mejorar refinerías y recuperar la capacidad de exportación, revirtiendo años de subutilización de poderosos y enormes recursos energéticos.
Pero la recuperación no será automática ni uniforme. La industria petrolera venezolana, a pesar de poseer las reservas más grandes del mundo, enfrenta retos estructurales: su crudo es pesado y costoso de procesar, y gran parte de la infraestructura requiere modernización profunda. Aun así, con un marco jurídico claro y relaciones comerciales fluidas, este sector podría atraer decenas de miles de millones de dólares en capital extranjero en la próxima década.
Más allá del petróleo, el levantamiento de sanciones abre puertas para diversificar la economía venezolana. Esta es una tarea pendiente de vieja data y resulta una deuda impostergable con los venezolanos. Sectores como telecomunicaciones, manufactura, agricultura y minería están robustamente posicionados para ser reactivados con inversiones foráneas y nacionales. Ejemplos recientes de inversión privada en telecomunicaciones demuestran que hay interés empresarial incluso bajo condiciones adversas: empresas han destinado cientos de millones de dólares a la expansión de redes, mostrando que, con estabilidad y seguridad jurídica, otros sectores se pueden sumar a la prosperidad.
El potencial del sector agrícola es enorme. Venezuela cuenta con vastas extensiones de tierra agrícola, un clima diverso y acceso a mercados regionales. La apertura de capital extranjero permitiría tecnificar cultivos, mejorar la productividad y desarrollar cadenas de valor que reduzcan la importación de alimentos. Esto no solo generaría empleos, sino que también tendría efectos directos en la seguridad alimentaria de millones de venezolanos.
Otro motor de crecimiento sería la industria de exportación no petrolera, como la producción de bienes manufacturados. Sectores como el farmacéutico han mostrado resiliencia y crecimiento, evidenciando que, con acceso a materias primas, tecnología y financiamiento, pueden competir en mercados regionales e internacionales.
La posición geográfica de Venezuela es una ventaja estratégica irrepetible. Situada entre el Caribe y Sudamérica, con acceso a puertos en el Atlántico tropical y frontera terrestre con países como Colombia y Brasil, el país puede convertirse en un centro logístico y de comercio regional. Su proximidad a mercados como Estados Unidos y la Unión Europea, facilita la exportación de productos manufacturados, agrícolas y minerales con menores costos de transporte. Esto puede atraer inversiones en infraestructura portuaria, transporte y logística.
Además, la diversidad de recursos naturales va más allá del petróleo. Venezuela cuenta con ricas reservas de gas natural, minerales como hierro, oro, bauxita y diamantes, así como una biodiversidad que facilita industrias como la biotecnología y el ecoturismo. Con un marco regulatorio claro, estas ventajas naturales pueden ser transformadas en productos exportables de alto valor.
Pero para que esta perspectiva se materialice en progreso real para la mayoría, se requieren condiciones imprescindibles: estabilidad macroeconómica, respeto a la propiedad privada, seguridad jurídica, políticas transparentes y reformas estructurales que incentiven la inversión y fomenten la innovación. Si bien el camino es desafiante, coloca a Venezuela en una posición privilegiada para atraer inversión extranjera, generar empleos y mejorar los estándares de vida de sus ciudadanos.
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