Washington, 23 sep (EFE).- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, se reunirán el jueves en la Casa Blanca, en su segundo encuentro de este año, con el objetivo de rebajar las crecientes tensiones por el comercio, la guerra de Irán, el futuro de Taiwán y la carrera por la inteligencia artificial (IA).
El mandatario chino tiene previsto aterrizar este miércoles, pasadas las 18:00 hora local (22:00 GMT), en la base aérea Andrews, a las afueras de Washington, donde será recibido a pie de pista por el propio Trump, un gesto que el estadounidense no ha dispensado a ningún otro jefe de Estado.
El acto central de la visita de tres días a la capital estadounidense será la reunión bilateral del jueves en la residencia presidencial, donde Trump ofrecerá además a Xi una cena de Estado.
Será la primera visita de Xi a la Casa Blanca en más de una década, desde la que realizó en 2015 invitado por el entonces presidente Barack Obama.
También será el tercer encuentro entre ambos desde el regreso, en 2025, de Trump al poder, después de los celebrados en octubre del año pasado en Busan (Corea del Sur) y el pasado mayo en Pekín.
Aunque no se esperan grandes acuerdos, previsiblemente se mantendrá el tono cordial de las reuniones anteriores, en las que los líderes de las dos principales potencias mundiales han apostado por preservar los canales de diálogo y primar su supuesta buena sintonía personal.
Guerra arancelaria y carrera por la IA
El comercio concentra buena parte de la agenda entre las dos mayores economías del mundo, que lograron frenar la escalada abierta tras la guerra arancelaria lanzada por Trump el año pasado contra numerosos socios comerciales y respondida por Pekín con gravámenes igualmente elevados.
La tregua comercial, que expira en noviembre, será uno de los asuntos centrales de la conversación, junto con el acceso a minerales críticos y tierras raras, fundamentales para las industrias tecnológica y de defensa.
China domina buena parte de ese mercado, una posición que Washington observa con creciente inquietud.
Otro foco de fricción es el vertiginoso desarrollo de la IA. Trump se resiste a imponer restricciones que, a su juicio, puedan frenar a Estados Unidos frente a China, pese a las advertencias de algunos dirigentes de la propia industria sobre los riesgos de avanzar sin controles suficientes.
«Quien gane en el campo de la IA, gana», declaró la semana pasada Trump al descartar regulaciones que, según él, puedan ralentizar el desarrollo de esta tecnología.
Del conflicto de Irán al futuro de Taiwán
Trump llega a la cita con Xi en una posición más frágil que en mayo, con la guerra de Irán estancada y el riesgo de que el conflicto pase factura a los republicanos de cara a las elecciones legislativas de medio mandato de noviembre.
El presidente estadounidense busca aumentar el aislamiento económico de la República Islámica, pero China defiende su derecho a comerciar con Teherán, del que es el principal comprador de petróleo.
Asimismo, Trump ratificó la semana pasada una ley que permite imponer nuevos aranceles a los países que compren gas y petróleo de Rusia e Irán, tal y como hace Pekín, pero hasta ahora ha evitado anunciar castigos a China para no poner en riesgo la cumbre con Xi.
Sobre Taiwán, cuya soberanía reclama Pekín, se espera que Xi insista en que Trump limite el suministro estadounidense de armas a la isla, cuya anexión China no descarta lograr por la fuerza.
Trump mantiene una posición ambigua sobre Taiwán y, desde su última reunión con Xi, tiene paralizado un paquete de armamento para la isla, que considera una «moneda de cambio» para negociar otros asuntos con Pekín.
No obstante, su Administración sostiene que no ha alterado la histórica política estadounidense hacia Taiwán: bajo el principio de «una sola China», Washington no reconoce la independencia formal de la isla, aunque mantiene el compromiso de proporcionarle los medios para defenderse.
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