La vida académica en el Núcleo Universitario «Rafael Rangel» (NURR) de la Universidad de Los Andes, principal casa de estudios del estado Trujillo, se apaga gradualmente a partir del mediodía. Ante la falta de recursos y el desmantelamiento de los servicios básicos, la propia comunidad estudiantil ha tenido que asumir mecanismos de autogestión para costear el combustible y repuestos de un único autobús operativo, evitando así la parálisis total de sus actividades.
Esta contingencia en la movilidad, sumada al cierre definitivo del servicio de comedor desde el año 2018, ha obligado a la institución a reducir su jornada académica a un esquema semipresencial de solo tres días a la semana, evidenciando el impacto directo de la crisis presupuestaria que ahoga a las universidades autónomas de Venezuela.
Movilidad a fuerza de autogestión
Para garantizar el traslado de la comunidad universitaria, el Centro de Estudiantes implementó un aporte voluntario que permita sufragar los costos operativos del único transporte en servicio, ante la ausencia del subsidio de gasoil por parte del Ejecutivo nacional.
Diego Terán, presidente del Centro de Estudiantes de la ULA-NURR:
«Los estudiantes dan su colaboración, que en este caso sería medio dólar, para poder mantener, ya que con la crisis presupuestaria que está viviendo ahorita el Núcleo Universitario, y en particular todas las universidades autónomas, no podemos cubrir, y la universidad no puede cubrir la ruta estudiantil como tal, y mucho menos si no contamos con el subsidio del gasoil por medio del gobierno».

Aunque históricamente el transporte universitario representó una conquista estudiantil de acceso gratuito, los dirigentes señalan que las condiciones actuales obligaron a tomar medidas extremas de autosostenibilidad.
José Domínguez, Consejero Interdepartamental de la ULA-NURR:
«Por tiempos anteriores, el pasaje estudiantil era gratuito y es algo que se luchó por ser el bus universitario; pero debido a las condiciones en que estamos, que hay que buscar el repuesto, gasoil, y que eso lo está ejerciendo en su mayoría la comisión del transporte, es necesario para que siga dando el servicio. Es un beneficio tanto para los profesores como para los estudiantes, porque no solamente se montan estudiantes, es para el uso de toda la universidad».
Sin comedor y con becas insuficientes
A la precariedad en el transporte se le añade la inaccesibilidad a una alimentación balanceada dentro del recinto. La parálisis prolongada del comedor universitario ha erradicado la dinámica del campus de tiempo completo, afectando la permanencia de los alumnos durante horas de la tarde.
Esta situación contrasta con el estipendio que reciben los estudiantes: una beca de tan solo 5 dólares mensuales, monto inoperante para cubrir pasajes urbanos o gastos de alimentación básica.
Ayrton Romero, presidente adjunto del Centro de Estudiantes de la ULA-NURR:
«Yo llevo en la universidad alrededor de dos años, y mucho antes de eso no existía un comedor. El comedor realmente no hacía presencia para nadie, a pesar de que en su momento era uno de los comedores más importantes a nivel social y académico, porque gracias a él se hacía vida académica acá. Había estudiantes que se quedaban hasta las seis de la tarde porque ese comedor les abastecía del alimento».
Exigencia de soluciones estructurales
La dirigencia estudiantil del NURR hace un llamado urgente a las autoridades competentes para que se restituya la asignación constante de combustible, se apruebe un presupuesto operativo real e integral y se efectúen inversiones inmediatas en la infraestructura del campus. A juicio de la comunidad universitaria, restablecer estas condiciones es un requisito indispensable para retornar a las aulas en un régimen presencial de lunes a viernes y recuperar la excelencia académica en la región.
¡Mantente informado! Síguenos en WhatsApp, Telegram, Instagram, TikTok, YouTube, Facebook o X











