Táchira | Un deslizamiento de tierra sepultó los negocios de una familia en Capacho Viejo 

Paulino de Pablos tardó años en construir los negocios que le permitían sostener a su familia. En el sector Vega del Cedro, municipio Capacho Viejo, construyó dos locales y durante aproximadamente cinco años trabajó allí junto a los suyos. Las lluvias y el posterior colapso de un talud acabaron con ese esfuerzo en una sola noche.

 

Este lunes 24 de agosto en horas de la noche se registró el deslizamiento de un talud en el sector Vega del Cedro del municipio Capacho Viejo. Según los reportes de Protección Civil Táchira, tres locales y un vehículo resultaron afectados. Además en uno de los establecimientos se encontraba un hombre de 60 años que resultó lesionado con posibles fracturas, y fue trasladado al Hospital Central de San Cristóbal por los funcionarios.

Dos de esos locales pertenecen a Paulino de Pablos, quien había terminado su jornada y se encontraba en su vivienda cuando se registró el deslizamiento que tapió por completo su estructura.

«Fue un solo guamazo, no habían avisos previos ni nada. Se fue en una sola vez. No hubo oportunidad de salvar nada», relató. Cuando llegó al lugar encontró sus negocios bajo la tierra y los escombros. En medio de la destrucción quedaron aproximadamente seis neveras y congeladores, equipos para la venta y conservación de alimentos, hornos, exhibidores, mercancía y una planta eléctrica.

El derrumbe también afectó un vehículo que Paulino había comprado hace apenas unos meses, después de varios años de ahorro y trabajo. Aunque lograron sacarlo posteriormente, gran parte de los equipos y bienes que permanecían dentro de los locales no corrieron con la misma suerte.

 

«De los congeladores, las neveras, la charcutera y los exhibidores no pude rescatar nada. Todo quedó aplastado», contó. Para Paulino, la emergencia dejó una pérdida que va más allá de lo material. Los locales representaban el resultado de años de sacrificio y el principal sustento de su esposa y su hija.

«Da mucha amargura porque fueron tantos años de trabajo para que de la noche a la mañana se acabe todo», expresó. Tras el derrumbe, familiares y vecinos intentaron recuperar algunos objetos entre los restos. También buscan una pequeña cantidad de dinero que había quedado guardado en el lugar, con la esperanza de contar con algún recurso para enfrentar los próximos días.

Mientras observa los restos de los locales donde hasta hace poco trabajaba todos los días, Paulino resume su situación con una certeza, perdió sus negocios, pero no la posibilidad de volver a empezar. «Estamos vivos y toca seguir trabajando», dijo.

 


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