La última encuesta de AtlasIntel y Bloomberg (Junio 2026), es mucho más que un frío conjunto de barras estadísticas; es un mapa de la fractura social y política de una Venezuela que intenta ponerse en pie tras un desastre.
Bajo la pregunta de en quién confían los ciudadanos para gestionar la crisis y la reconstrucción luego del terremoto, las respuestas dibujan un panorama donde las instituciones tradicionales están en ruinas, mientras que la sociedad civil y el sector privado emergen como los verdaderos pilares de la esperanza pública.
El refugio en lo civil: héroes sin uniforme político
No sorprende, pero sí conmueve, el abrumador respaldo a los médicos y personal de salud (88%) y a los bomberos (76%). En momentos de tragedia, el ciudadano común busca al técnico, al que arriesga la vida en la primera línea, despojado de discursos ideológicos.
Sin embargo, el dato verdaderamente disruptivo es el 73% de confianza que recibe el sector privado y las empresas. Durante décadas, el relato oficialista intentó demonizar al empresariado; hoy, el venezolano ve en la empresa privada un actor más eficiente, transparente y capaz de resolver problemas que el propio Estado. Junto a las ONG y fundaciones (60%), se consolida un mensaje claro: la reconstrucción de Venezuela pasa, obligatoriamente, por la descentralización y la acción ciudadana.
La paradoja de los liderazgos políticos
Cuando la encuesta cruza el terreno de los nombres propios, el terreno se vuelve sumamente hostil para la clase política, aunque con matices significativos:
- María Corina Machado se posiciona como la figura política mejor evaluada con un 47% de confianza. Aunque su saldo es positivo (+14pp), el 33% de rechazo y un 20% de indecisos demuestran que el desgaste del tablero político general también la roza, obligándola a pivotar de la confrontación electoral hacia una narrativa de soluciones tangibles ante la coyuntura por la emergencia.
- El Gobierno nacional y sus autoridades competentes quedan atrapados en un empate técnico perfecto: 43% confía y 43% no confía. Hay quienes dicen que en situaciones de crisis, la polarización no desaparece, se congela. Casi la mitad del país sigue mirando al Estado por necesidad, mientras la otra mitad lo veta por completo.
El abismo institucional: los hermanos Rodríguez en el sótano
El dato más demoledor de la muestra de AtlasIntel es el colapso absoluto de la confianza en las figuras de la cúpula estatal y las fuerzas del orden.
La presidenta encargada Delcy Rodríguez arrastra un alarmante 66% de desconfianza (saldo de -42pp), superada únicamente en rechazo por su hermano, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, quien toca fondo con un 68% de desconfianza y un raquítico 13% de apoyo.
Este rechazo no es aislado. Las instituciones encargadas de la seguridad y la fuerza —las Fuerzas policiales (62% de desconfianza) y el Ejército venezolano (63% de desconfianza)— son percibidas por la gran mayoría como entes ajenos al auxilio ciudadano. Que en medio de la reconstrucción de un país la población tema o desconfíe de sus propios soldados y policías es el síntoma más claro de un contrato social roto.
Conclusión
El terremoto físico parece haber desnudado el terremoto institucional que Venezuela arrastra desde hace años. Los ciudadanos han aprendido a golpes de realidad que la ayuda no llegará de los micrófonos de la Asamblea Nacional ni de los ministerios. Si Venezuela ha de levantarse de sus escombros, la fuerza motriz estará en los hospitales, las estaciones de bomberos, las empresas privadas y los líderes que logren conectar con esa Venezuela huérfana de Estado, pero desesperada por reconstruirse.
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