Silene Baptista: la dama de la radiodifusión trujillana, con berrinche y todo / Por Pedro Frailán

Sentido de Historia

 

 

“Florece en Boconó, entre las altas montañas, y es una flor de papel alimentada por un sustrato profundo de inquietud y cultura. ¿Cómo se mantiene tan alto? Por la voluntad de un grupo tan compacto y valiente de mujeres. ¡Salud a ellas! ¡Viva la luz!” Pablo Neruda. De su visita a esta ciudad, registrado por el periódico Tiempo y Letra, 05 de mayo de 1959. Reseñado en el libro de doña Lourdes Dubuc de Isea. En la “Proclamación de La Heredad”.

Nos comenta Silene, esta preciosa dama que da la impresión que saliese de los párrafos del “Agua y los sueños” de Gastón Bachelard, en donde se combinan el agua, el tiempo, la memoria, la identidad y los sueños como el argumento imaginario. En instantes, nos salimos de lo humano, para entrarnos en el mito, que para mí es un mito hecho mujer. Ella nació en Valera, pero sus padres por razones de trabajo se fueron a vivir en Boconó. Por lo tanto, su memoria de niñez quedó arraigada en este fascinante valle a una altura de 1.500 metros sobre el nivel de mar, circunscrito por los ríos Burate y Boconó.

Tiene presentes las retretas en la plaza Bolívar, que aún se mantienen, las misas de aguinaldos, esos encuentros bien mañaneros, acompañados con buen frio, villancicos, parrandas, aguinaldos, gaitas y en el encuentro con el niño Dios, sobre todo aquel mundo mágico de la niñez, con la presencia divina de la navidad, estrenos, hallacas, los regalos, juegos; a mí me gustaba mucho patinar, inclusive me llamaban la reina del patín, yo era delgadita.

A medida que fue creciendo, vamos evolucionando y cambiando de actividades, de deseos, de ilusiones, de esperanzas, ellas marcan nuestro norte. Recuerdo como si el tiempo no pasara, que gran meta era tener frente un micrófono, era en principio una ilusión, que se fue convirtiendo en realidad. Se dio la oportunidad de la creación de un programa infantil, yo rondaba por los seis años y mi mamá me inscribió. Lo promovió el Sr. Alfonso Antuchi Domínguez, el suegro de Miguel Briceño, el papá de Marta, a ella también la llevaban, así me inicié en ese mundo mágico que ya dejaba de ser mágico.

Por mi parte recuerdo que me gustaba y me gusta leer poesía, ¡Me encanta la lírica!, la de Mario Benedetti, la de Andrés Eloy Blanco, mi preferido es Andrés Eloy, dígame la Hilandera; me apasionaba, me transportaba hacia otra dimensión, porque eso es poder poético, la transmutación del alma. El dulce mal, Las uvas del tiempo, Píntame angelitos negros, As de ases. Me encerraba en el baño a ensayar la poesía para recitar, de los periódicos recortaba noticias y hacía noticias para practicar cualquier noticiero de mi propio imaginario, el público, mi imagen, el espejo. Costaba mucho salir, a veces me presionaba a salir, de paso en esa casa había un solo baño, eran casas largas que al final estaba el baño. Grandiosas nuestras mentes, cómo nos hace regresar con tanta facilidad.

“Dijo el hombre a la Hilandera / a la puerta de su casa: / -hilandera estoy cansado, / Dejé en las zarzas, /Tengo sagradas las manos, / Tengo sagradas las plantas; / en cada piedra caliente / dejé un retazo de mi alma; / tengo hambre, tengo fiebre, / tengo sed… la vida es mala… / Y contestó la Hilandera: / – Pasa”. (Andrés Eloy Blanco. La Hilandera).

Además de practicar en el baño de mi casa, mi mamá siempre estuvo pendiente de esta actividad, ella tenía buen oído musical y contrataba a un guitarrista y músico de nombre Chalino Barazarte, para que entre semana me ensayara para estar bien preparada para el domingo, de hecho, Chalino, era el guitarrista del programa. Al llegar el domingo, pues lo hacía bien, le recitaba a los niños, a las madres que acompañaban a sus hijos, algunas terminaban hasta llorando, yo cantaba, pero lo que más me encantaba era la locución, por ello, es que estaba ahí, era mi mundo, mi complemento, mi vida.

Pero como todo lo bueno se acaba, es un decir popular, ¡Pues llegó el día! Al cumplir los once años, me sacaron del programa, problemas de la edad, entonces yo formé un berrinche, y en un rincón de Radio Jardín comencé a llorar, a ver qué pasaba. Se acercó don Alfonso y me dijo, yo sé que tú quieres ser locutora, tranquila, dedícate a leer poesía en voz alta, él sabía que me gustaba mucho la poesía, ¡Pero al final pa’ fuera!

Así pasó el tiempo, abrieron la Universidad Nacional Abierta, me dediqué a estudiar, me venía de Boconó a Trujillo los fines de semana en la madrugada. En ese tiempo, doña Myriam Sambrano de Urosa, excelente dama boconesa, logró traer un curso de locución. A mí por mi condición de estudiar los fines de semana se me dificultaba, pero haciendo grandes esfuerzos me preparaba doña Myriam, quien logró que el jurado se trasladara de Caracas a Boconó y presentamos recuerdos, donde participamos doña Myriam, Luis Javier Hernández y yo, incluso fuimos los mejores del curso. Así se cumplía mi sueño dorado.

A ese tiempo decide salir de Boconó a Valera, «empecé a buscar trabajo por teléfono en Radio Valera, lo encontré y me vine, dejé mi terruño, el guardián de mis fantasías, de mis intimidades, mi presencia innata, hasta ese momento ya tenía mi hija, estaba pequeñita. Me residencié en la Plata III. Recuerdo que Camilo Ballesteros me lleva en la móvil de la radio a la residencia con mi hija, que me la traía al trabajo con su tetero».

“Boconó es lugar muy bonito y se parece a Caracas, muchisímo, tanto en el clima como en la situación de la ciudad; los campos son preciosos y todo completamente cultivado y muy productivos…” Palabras de José Gregorio Hernández, el 17 de noviembre de 1888. Proclamación de la Heredad.

Al poco tiempo me cambié para un apartamento cercano a Radio Turismo, un día llegó el Dr. Eladio Muchacho y me ofreció una oportunidad de trabajo, el programa que se llamaba Policromía Nacional, que se trataba de música venezolana y resaltaba los valores del país, ahí estaba José Manuel Suárez. Los domingos salía un programa que se llamaba “Domingo de sorpresas». En este momento no recuerdo el nombre del productor y tuvo que irse y ese espacio quedó libre. El director de la radio era Memo Bracamonte, inmediatamente yo hablé con él, porque quería tener mi propio espacio.

Me dieron la oportunidad, comencé a trabajar los domingos. El nombre del programa se le debe a Alfonso Toledo, que me dijo que lo bautizará con el nombre de “Domingo con Silene”. Pero sufrió una modificación que hice, que fue “De Domingo con Silene”, porque la primera daba la impresión que lo hacía en compañía de otra persona, así logré tener mi propio programa, duré en Turismo nueve años, quince en Superior, tres y un poco más en Ilumina, hasta que cerró, fueron prácticamente treinta años.

Para tomar esta decisión pues en parte fue el estado de salud de mi esposo Fernando, tuve que dedicarme a tiempo completo a su atención. A mucha gente no le agradó, porque así me lo hicieron saber. Dimas Albornoz, era uno de los que me sugería que continuara, un hombre que conoce de radio.

Aquí en Trujillo se escuchan muchas radios, la gente le gusta estar informada y oír música, la experiencia me lo dice, ahora hago noticieros, esa fue una de mis primeras actividades en radio Turismo, yo leía boletines de noticias que enviaban desde el Diario de los Andes. Lo que es la vida, nada ha cambiado, de aquella niña que se encerraba en el baño de su casa en Boconó, en donde recortaba las noticias para leerlas e informar a todo el mundo. Desde su mundo imaginario, aún está presente.

Digo finalmente lo siguiente “Deseo que Venezuela, tenga otro rumbo, eso sí, con la mano de Dios”.

 

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