Por: Miguel Ángel Malavia
La Cumbre del Clima de la ONU en Brasil (COP30) se ha cerrado con el esperado “casi, pero no”. Con todo, pese a la ausencia de acuerdos concretos significativos, hay que quedarse con un síntoma para la esperanza: a diferencia de anteriores ediciones, esta vez no ha dirigido todo el proceso negociador un anfitrión cuyo motor económico son los petrodólares (la COP28 la albergó Dubái…), sino que han sido muchos los que han elevado al cielo un sincero clamor por la justicia climática desde Bélem, en la propia Amazonía tan devastada por la rapiña de los más poderosos.
Pero al final ha ocurrido lo que sabíamos de antemano: las grandes potencias, aliadas de lujo de las grandes multinacionales, han impuesto su bloqueo y se ha vuelto a mirar hacia otro lado mientras la evidencia científica insiste en que el “tic-tac” es real. Está aquí. Cada vez queda menos tiempo. Estamos, sí, arrasando el planeta. Abocando la vida a un abismo son retorno.
Pero, ¡al fin!, hay salida para escapar de esta espiral suicida. Y es que, para abril, está convocada la Conferencia de Santa Marta, en Colombia. Si no hay deserciones, se espera que hasta 80 países (incluida España) que sí son conscientes de que “esto se acaba” firmarán la constitución de un bloque unido para actuar todos en la misma dirección.
De hecho, podemos ser testigos de un gesto sin parangón: el compromiso para avanzar, sí o sí, hacia un Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles. Y eso sí que no lo podrán bloquear desde Rusia, China, Estados Unidos o los Emiratos Árabes. Cada país, fuera de una ONU que se autoinmola al permitir que el bloqueo de unos pocos condicione a todos, es libre de desarrollar la política económica y de consumo que considere.
Así que, si empezamos por 80 países que vayan en esta línea sin fisuras (utopía o muerte), no es descabellado pensar que, poco a poco, sean cada vez más las naciones que se suban al barco de la dignidad humana, la justicia social y, si quieren reducirlo al mínimo, la elemental supervivencia.
Sí, se puede vencer a los poderosos, a las multinacionales, a los negacionistas, a los populistas, a los xenófobos… Solo hace falta que, quienes no queramos ser engullidos por ellos, actuemos juntos.
