Por: Layisse Cuenca
Este lunes 26 de octubre de 2026, el pueblo venezolano se une en un hito de profunda resonancia espiritual y cívica: la conmemoración del 162.º aniversario del natalicio de San José Gregorio Hernández Cisneros y la celebración del primer aniversario de su canonización. Un año después de que la Iglesia Católica elevara oficialmente a los altares al insigne médico trujillano, la tierra de Isnotú se reafirma con orgullo como cuna de la santidad nacional y manantial inagotable de referentes éticos para las presentes y futuras generaciones.
Más allá del fervor religioso, la figura de San José Gregorio se erige como un modelo indispensable para la juventud venezolana. Llegado a Caracas a temprana edad para emprender sus estudios, el joven trujillano demostró desde sus primeros años una disciplina académica impecable y una sed insaciable de conocimiento. Graduado con los máximos honores en la Universidad Central de Venezuela (UCV), no solo se convirtió en el mejor estudiante de su época, sino en un auténtico sabio políglota -dominante del latín, francés, inglés, alemán e italiano, apasionado por la filosofía, la literatura, el dibujo y la música. Nos deja claro que la brillantez intelectual cobra su verdadero valor cuando camina de la mano con la empatía y el compromiso social
El gran rasgo transformador de nuestro santo esta en su condición de ejemplo de santidad laical. Aunque en su juventud buscó consagrarse en la vida del monasterio, comprendió que su verdadera vocación residía en el ejercicio pleno del mundo seglar. Sin vestir sotana, transformó las aulas universitarias, los laboratorios y los hospitales en espacios sagrados de servicio. Al introducir el microscopio y fundar los estudios de bacteriología y medicina experimental en el país, demostró a las nuevas generaciones que la fe y la ciencia moderna no son opuestas, sino herramientas complementarias para buscar la verdad y sanar las heridas de la sociedad.
En su cotidiana práctica médica, San José Gregorio personificó la caridad en su dimensión más noble. Atendía con igual esmero, amabilidad y respeto al pudiente que al desvalido, y con delicada discreción exoneraba de cobro a los enfermos más humildes, dejándoles a menudo recursos debajo de la almohada para que pudieran adquirir sus medicinas. Su existencia fue un testimonio vivo de que la ética profesional alcanza su máxima dignidad cuando se pone al servicio de los vulnerables.
A un año de su canonización, el tributo más auténtico que los jóvenes y toda la nación pueden rendir al insigne médico de Isnotú no consiste en grandes festejos , sino en asumir sus virtudes como hoja de ruta cotidiana. Inspirarse en San José Gregorio Hernández significa elegir el estudio riguroso, la honestidad, el trabajo creador y la solidaridad como cimientos de la Venezuela próspera y humana y del Trujillo Posible que estamos llamados a edificar.
