Por: Antonio Pérez Esclarín / pesclarin@gmail.com
Las nuevas elecciones que todos clamamos para que sean pronto y sean confiables, pues queremos elegir y no sólo votar, nos brindan una oportunidad única para no sólo recuperar la democracia sino para profundizarla y hacer de ella una forma de vida. “Todo tiempo de sufrimiento es también tiempo de esperanza”, escribió José Saramago, y los venezolanos, que hemos sufrido y sufrimos tanto, tenemos derecho a darnos las respuestas adecuadas que nos devuelvan la convivencia, la paz y la posibilidad de vivir libres, independientes, y sin miedos, sobresaltos o penurias. Llevamos ya demasiados años de un dolor innecesario e inmerecido, donde la política, divorciada de la ética, fue asaltada por personas ambiciosas, intolerantes, crueles e inmorales. Ha llegado la hora de sacar a la política y a los falsos políticos de la corrupción, la ambición y el egoísmo, y construir una auténtica democracia como el medio adecuado para garantizar el mayor bienestar a todos. El poder nos pertenece a los ciudadanos y debemos ejercerlo en las próximas elecciones para lograr un gobierno que se dedique a gobernar con honestidad y eficiencia para todos y a resolver los gravísimos problemas que sufrimos las mayorías. No podemos olvidar que la democracia es un conjunto de reglas, al servicio de unos valores fundamentales para la convivencia que son la libertad y la igualdad.
Libertad para desarrollarnos como personas, para no ser manipulados ni vivir en el miedo o la inseguridad. Libertad para expresarnos sin temor y poder criticar y combatir todo lo que consideramos erróneo, antidemocrático e inmoral. Igualdad en dignidad, derechos y responsabilidades, sin discriminaciones ni exclusiones, con derecho a lograr las propias metas sin ofender o maltratar a alguien, y gozar de bienestar. Pero la libertad necesita de la tolerancia y la igualdad de la solidaridad. La tolerancia y la solidaridad son esas virtudes democráticas que deben guiar nuestro comportamiento social y político.
La tolerancia es el modo adecuado de convivencia y de búsqueda de la verdad, es la no-violencia activa. Es un esfuerzo constante, un aporte continuo ante el conflicto que nunca desaparece de la escena política. Pero la tolerancia sólo es posible si se definen sus límites: lo intolerable. No podemos tolerar lo intolerable, lo que atenta contra la dignidad humana y los derechos fundamentales. Lo intolerable es el dolor y el sufrimiento producido por el comportamiento y las acciones de otros. La libertad no puede existir sin la tolerancia, pero la tolerancia no puede existir sin la intolerancia a los intolerantes. Por ello, no podemos tolerar a los que pretenden seguir con las políticas que han ocasionado tanto sufrimiento y destruyeron la democracia y el país. Por ello debemos sacarlos con nuestros votos, y exigir justicia, aunque no venganza, pues no podemos tolerar la impunidad ante los abusos, maltratos y crímenes. Debemos recordar emos el viejo catecismo que nos decía que hay pecados de omisión, es decir, por no haber hecho lo que debimos hacer. Algunos hoy pretenden justificarse diciendo que ellos no cometieron abusos o crímenes, pero siguieron al lado de los que sí los cometieron, disfrutando incluso de cargos importantes, sin que nunca se les escuchara una palabra crítica, ni condenaron las políticas inmorales.
Si la libertad necesita de la tolerancia, la igualdad necesita de la solidaridad. La solidaridad se fundamenta en la dignidad de todas las personas y exige atribuir idéntico valor a cada uno, respetando y valorando sus diferencias, sin permitir que se conviertan en desigualdades. La solidaridad no es un sentimiento caritativo, sino deber de justicia para lograr que el origen racial o social, el sexo, la religión o las convicciones políticas no impidan la plena igualdad en el disfrute y ejercicio de los derechos humanos y libertades fundamentales.
La democracia afirma el derecho de todos los ciudadanos a una vida digna, que les garantice la vivencia de sus derechos esenciales y el cumplimiento de sus obligaciones. En Venezuela es nuestro deber ciudadano recuperar y profundizar la democracia, tan violada y destruida, para garantizar la paz, la convivencia y un desarrollo próspero que alcance a todos. Las próximas elecciones, que esperamos sean lo antes posibles, y organizadas por un Consejo Nacional Electoral autónomo y objetivo, deben expresar el compromiso para la transformación profunda de Venezuela.
@antonioperezesclarin
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