Todos los megalómanos tienen características similares y por eso es muy importante recordar a Calígula (12-41) que fue emperador en la antigua Roma desde el año 37 hasta el año 41 cuando lo asesinaron, y se hizo memorable por su comportamiento cruel, autocrático, extravagante y desequilibrado.
Suetonio (75-160) fue un biógrafo romano y en su importante obra: ‘Vida de los Césares’ nos dejó información muy valiosa sobre 12 emperadores. Todas las citas textuales del presente artículo las he tomado de la obra: ‘Suetonio. Vida de los Césares (Edición de Vicente Picón. Ediciones Cátedra, 2000, Madrid). Esta edición se considera muy confiable.
La crueldad de Calígula es inimaginable y durante sus orgías se torturaba a personas indefensas y él tenía relaciones sexuales con mujeres y hombres jóvenes a los que penetraba, y él mismo degolló a muchas personas indefensas. Calígula desde el comienzo de su gobierno manifestó su egolatría y según refiere Suetonio: “Calígula se hacía llamar “Piadoso”, “Hijo de los Campamentos”, “Padre de los Ejércitos” y “César Óptimo Máximo” (sección 21). Asimismo Calígula disfrutaba haciendo daño y según Suetonio: “Algunas veces condenó al pueblo a que padeciera hambre cerrando los graneros” (sección 26).
Igualmente durante los espectáculos públicos de circo Calígula arrojaba pequeños regalos a la plebe, pero lo hacía de manera que esos regalos cayeran en los asientos de los caballeros romanos para que la plebe se lanzara a cogerlos y así se suscitaran reyertas entre plebeyos y caballeros romanos (véase Nota 170 de Vicente Picón en pag. 459). Suetonio lo refiere así: “Durante los juegos escénicos distribuía las décimas con antelación para que los asientos ecuestres fueran ocupados por las clases más bajas provocando disputas entre la plebe y los caballeros” (sección 26). Podemos imaginar que Calígula disfrutaba suscitando esos conflictos. Suetonio también refiere que en una ocasión Calígula le dijo a su abuela Antonia: “Recuerda que me es lícito todo contra todos” (sección 29). Asimismo con frecuencia repetía: “¡Que me odien con tal de que me teman!” (sección 30). En otra ocasión Suetonio refiere que Calígula: “irritado contra la muchedumbre porque aplaudía a algunos, contrariando sus deseos, exclamó: ¡Ojalá el pueblo romano tuviera una sola cabeza!” (sección 30). Al decir eso Calígula expresaba su deseo de poder cortarla de un solo tajo.
Suetonio también refiere que en otra ocasión Calígula: “colocándose un día junto a la estatua de Júpiter, preguntó al actor trágico Apeles quién de los dos le parecía mayor, y, al ver que dudaba en responder, lo desgarró a latigazos” (sección 33). Igualmente Suetonio refiere que Calígula: “siempre que besaba el cuello de su esposa o de alguna amante añadía “una cabeza tan bella será arrancada en cuanto lo ordene” (sección 33).
Por otra parte, Calígula fue un gran derrochador del tesoro público y según dice Suetonio: “En el transcurso de un año incompleto dilapidó inmensas riquezas (…) Así pues, al verse arruinado y sin recursos, se entregó a la rapiña recurriendo a un variado y refinadísimo catálogo de trampas legales, subastas e impuestos” (secciones 37-38). Asimismo, es muy interesante observar que por lo general esos megalómanos narcisistas pueden ser muy “osados” cuando se sienten rodeados y protegidos por sus acólitos y aduladores, pero también pueden sufrir ataques de pánico y cobardía cuando sienten que pueden estar en peligro. Veamos lo que refiere Suetonio: “No sin razón atribuiría a su enfermedad mental dos vicios suyos muy distintos, una extraordinaria osadía y, por el contrario, un excesivo temor” (sección 51). En la época de Calígula los romanos guerreaban contra los bárbaros germanos y Suetonio refiere que Calígula: “aunque lanzaba también muchas amenazas contra los bárbaros, un día que pasaba en su carro de guerra a la otra orilla del río Rin (…) al decir alguien que la confusión sería inmensa si aparecía por algún lado el enemigo, montó enseguida a caballo y volvió a toda prisa a los puentes, pero, al hallarlos bloqueados por los porteadores y los bagajes, no pudiendo soportar la espera, se hizo transportar a la otra orilla de mano en mano y por encima de las cabezas de los hombres” (sección 51). Igualmente, Calígula desplegaba mucha verborrea contra sus enemigos. Suetonio lo refiere así: “Entre las disciplinas liberales, prestó muy poca atención a la literatura, pero muchísima a la elocuencia, por cuanto poseía gran verbosidad y facilidad, sobre todo cuando tenía que hablar en contra de alguien. Cuando se irritaba, le fluían espontáneamente las palabras y las ideas, e incluso la pronunciación y la voz” (sección 53). Calígula también fue el colmo de la extravagancia y Suetonio refiere que: “A su caballo llamado Incitato (…) además de una caballeriza de mármol y un pesebre de marfil y mantas de púrpura y collerones recamados en piedras preciosas, le dio incluso una casa, servidumbre y mobiliario para que los invitados fueran recibidos en su nombre con más boato; y se dice que había decidido otorgarle también el Consulado” (sección 55)…¡Trató de nombrar cónsul a su caballo!!!.
Después de ver todas estas cosas, resulta muy obvio que psicópatas megalómanos y autócratas como Calígula han existido en toda la historia y uno de los grandes adelantos de la humanidad ha sido crear mecanismos para evitarlos como por ejemplo una verdadera democracia.
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