En el siglo V (A. de C.) se inventó en la ciudad-estado o polis de Atenas una nueva forma de gobierno: la “demokratia”, de “demos” (pueblo) y “kratos” (poder).
El desarrollo de la democracia en Grecia ocurrió en mayor o menor grado en casi todas las ciudades-estado y constituyó un avance de inmensas proporciones, pues los griegos designaban el gobierno de un solo hombre con una palabra no griega: “tyrannos”.
Los inicios de la democracia en Atenas se dieron con el magistrado Solón (aprox. 640-558 A. de C.) que estableció un sistema legal que luego fue considerablemente ampliado por el estadista Clístenes (aprox. 525-505 A. de C.) con una reforma en el año 508 A. de C., gracias a la cual Atenas se protegía de las usurpaciones de los tiranos y la tendencia de los oligarcas a extender su poder. A finales del siglo V A. de C. en Atenas había unos 40.000 ciudadanos hombres que tenían el derecho de votar y debatir en la Asamblea General o “ecclesia”.
Entre Atenas y Esparta hubo una guerra conocida como “La Guerra del Peloponeso” (431-404 A. de C.) y el estadista y comandante militar ateniense Pericles (aprox. 495-429 A. de C.) pronunció un discurso el año 431 A. de C. con motivo del funeral de los atenienses fallecidos en los inicios de dicha guerra. En ese discurso Pericles contrasta la sociedad totalmente militarizada de Esparta con los ideales de Atenas que exaltaban la mentalidad del ciudadano ateniense. En el discurso Pericles dice que el desarrollo de la mente y el amor por la belleza de los atenienses no los hace menos capaces de luchar con coraje por su ciudad. El historiador griego Tucídides (aprox. 455-400 A. de C.) en su obra: ‘La Guerra del Peloponeso’ reproduce el discurso de Pericles y vamos a citar algunos fragmentos: “Nuestra constitución no copia las leyes de los estados vecinos; más bien nosotros somos un modelo para los demás. La administración de nuestra constitución favorece a la mayoría en vez de favorecer a la minoría, y por eso es llamada democracia. Si vemos las leyes, ellas ofrecen justicia por igual para todos en las diferencias privadas que puedan tener. Si se trata de la posición social, el avance en la vida pública se basa en la reputación ganada por la capacidad, sin permitir que las diferencias de clase puedan interferir con el mérito. Tampoco la pobreza es un impedimento en el camino para avanzar, porque si un hombre es capaz de servir al estado, no tendrá impedimentos debido a la oscuridad de su origen. La libertad que disfrutamos en nuestro gobierno se extiende también a nuestra vida cotidiana. Porque lejos de vigilarnos unos a otros, no sentimos que debemos indignarnos con nuestro vecino porque haga lo que le guste hacer, ni siquiera incurrimos en miradas injuriosas que son ofensivas. Nosotros somos libres y tolerantes en nuestras vidas privadas, pero en los asuntos públicos nos regimos por la ley. Esto es porque las leyes nos merecen el mayor respeto. Nosotros obedecemos a los que ponemos en posiciones de autoridad, y obedecemos las mismas leyes, especialmente esas que protegen a los oprimidos, y también esas leyes no escritas que sería una vergüenza violar. Y hay otro punto. Cuando dejamos de trabajar, podemos disfrutar de todos los tipos de recreación para nuestros espíritus (…) en nuestros propios hogares encontramos una belleza y un buen gusto que nos deleita cada día y aleja nuestras congojas (…) Nuestro amor por lo que es bello no nos conduce a la extravagancia; nuestro amor por las cosas de la mente no nos hace blandengues” (Libro II, parágrafos 37-40).
No obstante, es muy importante advertir que Atenas era un imperio que traía riquezas de sus colonias con puño de hierro. Además la “libertad” y el “ocio” de los ciudadanos atenienses se basaban en las espaldas de los esclavos que en la Atenas de Pericles alcanzaban el número de unos 300.000. En efecto, de una población total de 500.000 personas solamente sus dos quintas partes eran libres (NOTA 1). Igualmente las mujeres y los extranjeros no tenían ninguno de los derechos que tenían los ciudadanos atenienses libres, hombres todos. Además recordemos que en la Atenas democrática fue sentenciado a muerte el gran filósofo Sócrates (469-399 A. de C.) acusado de no rendir honores a los antiguos dioses y de desviar a la juventud ateniense, lo cual fue una monstruosa injusticia.
Pero a pesar de todo, si contextualizamos la sociedad ateniense en el marco histórico de su época, resulta demasiado obvio que los logros de la democracia ateniense para sus ciudadanos libres fueron muy grandes. En efecto, para comprender la significación histórica de la democracia griega, a pesar de sus imperfecciones, basta recordar que otras civilizaciones anteriores o de esa época, como las de Egipto, Mesopotamia, Persia, India o China, eran gobernadas de manera jerárquica por un monarca todopoderoso, sobre vastos imperios administrados por gigantescas burocracias, ejércitos y poderosas castas sacerdotales.
En fin, la antigua democracia griega marcó un importante hito en la historia.
NOTA 1: Pags. 74-75 en Robert Fraceliere ‘La Vida Cotidiana en Grecia en el Siglo de Pericles’. Ediciones Temas de Hoy (1989). Madrid.
