Primero de junio de 1887: A 139 años del Día del Poblamiento de Sabana de Mendoza

Origen del Nombre Sabana de Mendoza Williams Castellanos

 

Williams Castellanos

Cronista oficial del municipio Sucre


«Primero de enero de 1887”. El amanecer en las sabanas del pie de monte trujillano se interrumpe por un sonido ensordecedor y mecánico que cambiaría el destino de la región para siempre. Es la locomotora del Gran Ferrocarril de La Ceiba. El tren hace su entrada triunfal en un paraje rústico, apenas un punto en el mapa de 1787 conocido simplemente como Sabanas de Mendoza.

No hay andenes de mármol ni grandes edificaciones; la estación intermedia Guzmán Blanco aún está en construcción. Los pasajeros descienden y las mercancías se descargan bajo la sombra protectora de un gigante de la naturaleza: un gran árbol conocido por los lugareños como Pataedanto.

Esta parada improvisada se convierte en el “epicazón” de una febril actividad económica; donde comerciantes, arrieros de recuas y familias enteras, comienzan a congregarse en torno a las vías férreas, intuyendo que este lugar está destinado a grandes cosas.

El vapor de la máquina dibuja las primeras líneas del destino de un pueblo que apenas comienza a despertar al abrigo del comercio y la colectividad.

«El crecimiento de este asentamiento es tan vertiginoso que exige de inmediato la intervención de las autoridades jurídicas.

Vayamos al 1º. de junio de 1887. En el Concejo Municipal del Distrito Betijoque se vive una sesión histórica. Los ediles, conscientes del desordenado pero indetenible surgimiento de la población en Sabana de Mendoza, toman una decisión trascendental: “ordenan nombrar una comisión especial integrada por tres miembros”. ¿Su misión?; Elaborar un proyecto de ordenanza detallado, que reglamente en toda su forma el nuevo espacio urbano.

Este documento no es un registro ordinario; es, con toda propiedad jurídica e histórica, la partida de nacimiento formal de Sabana de Mendoza. A diferencia de la inmensa mayoría de los pueblos de los Andes venezolanos, cuyos orígenes se diluyen en mitos o aproximaciones cronológicas, este rincón trujillano posee una fe de bautismo institucional clara, rescatada para la posteridad gracias a las investigaciones rigurosas del cronista oficial Williams Castellanos, validada mediante peritajes paleográficos, por el arquitecto Eduardo II Zambrano, miembro de la Comisión Nacional de Geohistoria de Venezuela.

«Toda sociedad que progresa requiere normas claras y mecanismos para garantizar la convivencia”. Nos trasladamos al 1º. de agosto de 1887. La comunidad sigue expandiéndose y los conflictos menores no se hacen esperar. Julio Duplast, Comisario Mayor de Policía de la naciente comunidad, se dirige formalmente al Ilustre Concejo Municipal de Betijoque, con una solicitud de carácter urgente: El pago por la fabricación de un cepo de madera. El argumento del funcionario es directo y pragmático: no dispone de un lugar físico seguro para detener y custodiar a los presos, que cometen delitos menores en la zona. El costo de esta herramienta de orden público asciende a la suma de 40 bolívares. El cabildo de Betijoque aprueba y cancela el monto, dejando un rastro documental invaluable en los libros de contabilidad municipal.

Este hecho, que hoy podría parecernos una simple anécdota colonial, demuestra que, desde sus primeros meses de existencia, “Sabana de Mendoza ya contaba con una estructura civil, una autoridad policial activa y un presupuesto oficial, destinado a salvaguardar la seguridad de sus habitantes.»

El golpe definitivo para la consolidación urbana, llega a finales de ese mismo año milagroso. El 1º. de noviembre de 1887, en un extraordinario acto de filantropía y visión comunitaria, 20 condueños de la conocida posesión “Pedro Felipe” deciden donar formalmente 30 hectáreas de terreno a la Junta Comunal del Municipio Sucre. El objetivo explícito de la donación, es el fomento, expansión y ensanche del sitio denominado Sabana de Mendoza.

Dentro de esta planificación visionaria, se toma una previsión técnica fundamental: se dejan completamente libres 5 hectáreas con 2.700 metros cuadrados, una franja de tierra protegida de manera exclusiva para que el Gran Ferrocarril de La Ceiba construya y consolide sus instalaciones definitivas. «Aunque estas tierras se repartieron formalmente años después, el 17 de marzo de 1904, y quedaron debidamente asentadas en el Registro Principal bajo el Protocolo Número uno, tercer trimestre, protocolo 15, folio 12 de 1906, el destino estaba sellado. “Hoy, a 139 años de aquellos acontecimientos, Sabana de Mendoza se erige con orgullo sobre el esfuerzo de sus primeros pobladores, un pueblo con historia comprobada, con documentos tangibles y con un ADN forjado en el cruce del riel, la ley y la tierra.»

 

 

 

 

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