PENSAR VALERA: UNA CIUDAD PARA TODOS | Por: Nelson Pineda Prada

Nelson Pineda concebir a la ciudad como un agente transformador

Valera, Estado Trujillo, 02 de junio 2023

 

Dr. Nelson Pineda Prada

Ponente

 

1era. Reflexión: La ciudad como tema

La ciudad no es solo un espacio geográfico, ni un albergue de personas, es mucho más que eso, es un hábitat diverso y complejo, heterogéneo y multiforme, puede por tanto ser vista de distintas maneras y perspectivas, porque está conformada por seres humanos y objetos que le dan vida, que la hacen posible, que le dan identidad, que la hacen Ciudad. Y, cuando una ciudad pierde estas características comienza a dejar de serlo para convertirse en otra cosa. Se deshumaniza y, al deshumanizarse, podrá seguir siendo un espacio geográfico, un albergue de personas, pero no una ciudad. Con Valera, aunque duela decirlo, ha pasado eso.

Por ello, somos de los que cree que no se puede actuar sobre la Valera del presente, si no se sabe cómo se estructuró como pueblo, si no se sabe que significa ser valerano hoy. Pensar Valera, entraña ese reto. Pensar Valera, “es un trabajo de memoria asociativa y colectiva; ya que: “Prever el futuro sin un cimiento informativo que marque la estela por donde hemos venido transitando se vuelve labor de astrólogos, invasores del espacio informativo con discursos leguleyos o banalizaciones de un optimismo de lo maravilloso ridículo. Es la inmediatez depurada de reflexión, el destino barato y degradado…”, para decirlo con nuestro paisano y amigo Domingo Miliani.

Y, la manera de evitar que esto ocurra es pensándola, imaginándola de manera distinta y, ello es posible lograr si se elabora un Plan de Desarrollo de la ciudad que coloque al valerano como el sujeto y objeto fundamental del mismo. Plan de Desarrollo para el cual se requiere de un buen liderazgo, capaz de entender que se trata de una nueva visión, de una nueva concepción del Desarrollo; se requiere, asimismo, de mejores instituciones técnicas, eficaces y eficientes, dirigidas con visión humana; capaces de entender que, si bien es cierto las propuestas principistas, formuladas en el Plan de la Patria 2019-2025, son la base para el diseño y formulación del Plan de Desarrollo de Valera, entiendan que éste debe tener “cuerpo y alma” valerana; tiene que ser adecuado y correspondiente, con lo que Valera es y quiere ser. Por tanto, no puede ser una copia al carbón del Plan Nacional.

Pues bien, Valera, la de las siete colinas que la semejan a Roma; Valera, la pujante y progresista; se nos hizo bicentenaria y su rostro nos sigue mostrando una ciudad famélica.

 

2da. Reflexión: La necesaria planificación de la ciudad

No es posible pensar el desarrollo trujillano, sino transformamos a Valera. Afirmación que hacemos convencidos de que es posible concebir a la ciudad como un agente transformador, a través de la cual pueda trazarse la ruta que nos lleve a redescubrir lo qué queremos ser y cómo queremos vivir. La ciudad, en ese sentido, la concebimos como el núcleo fundamental en la estructuración social, política, económica y cultural de una nación. Una nueva concepción de la ciudad, debe conducirnos a concebirla como un centro para la solución de problemas, no como generadora de éstos.

Por lo que, la planificación del desarrollo de la ciudad debe tener una orientación que lo perciba como el desarrollo integral de la misma. Hasta dónde los planes de Ordenamiento del Territorio y del Desarrollo, elaborados para Valera, han sido ejecutados. Hasta dónde se ha tenido presente que, su expansión urbana, debió ser correspondiente con el uso del suelo; el funcionamiento del transporte urbano y el sistema vial de la ciudad, debían ser correspondientes con su crecimiento; el centro de la ciudad no debió ser concebido como única área para el desarrollo de la actividad comercial; se permitió la destrucción de su memoria histórica; se le negó al valerano, el derecho a disfrutar su ciudad; se permitió la destrucción del medio ambiente valerano.

Pensar Valera supone, entonces, elaborar un Plan de Desarrollo Económico y Social y un Plan de Ordenamiento del Territorio que coloque al valerano como el centro del mismo, que redimensione su crecimiento urbano hacia nuevas áreas de expansión, distintas a lo que los urbanistas denominan “sistema radiocéntrico”; que reestructure y organice el sistema vial de transporte público; que le devuelva a nuestra urbe la condición de hinterland comercial regional e interestatal, generadora de empleos dignos y humanos, capaz de superar la economía informal; pero sobre todo, Valera requiere de un modelo de planificación que le devuelva al valerano su autoestima; para lo cual, es fundamental desarrollar la educación ciudadana, como elemento estructural básico para el desarrollo. No basta con embellecer la ciudad, necesario es educar al ciudadano para que la cuide, la sienta y la haga suya, sienta que es su patrimonio, su mayor riqueza.

Imaginar la Valera del futuro, no es una tarea fácil. Es verdad que se requiere pasión. Pero a la pasión sino se le pone talento se desvanece, se vuelve una ilusión. Para que ello no ocurra, y Valera pueda convertirse en una ciudad generadora, dinamizadora, del desarrollo regional, debemos descubrir su rol de agente transformador del mismo. Las potencialidades materiales y humanas las tiene, su ubicación geográfica la convierte en una zona privilegiada. Sólo falta que, sus gobernantes entiendan que sus problemas no pueden ser resueltos coyunturalmente, con soluciones espasmódicas. Algunos piensan que lo importante es hacer obras, porque es lo que da votos; confunden plan de inversión con plan de desarrollo; el pragmatismo y una conducta política clientelar los enceguece. Otros pensamos que, las obras a construir deben ser el resultado del estudio y la planificación del medio que queremos transformar, para hacerlo humano, para hacerlo vivible. No se olvide que el uso del suelo debe estar al servicio del ser humano y no al revés. Por este camino es que entendemos el socialismo, que es el Buen Vivir.

 

3era. Reflexión: De la Valera que tuvimos a la Valera que queremos

Nada le hizo más daño a Valera que cambiarle su rostro. Rostro que la hacía particular.  No era una ciudad andina, a pesar de estar aposentada en una meseta con una altitud superior a los 600 metros sobre el nivel del mar; no era una ciudad lacustre, a pesar de que de sus alrededores pueda verse el reflejo del relámpago del Catatumbo; es, simplemente, una ciudad enclavada en ese hermoso ¨pesebre” que son los andes venezolanos. Pero, el recuerdo de esa hermosa ciudad solo está en las mentes de quienes tuvimos la suerte de verla, aunque fuera ya en su ocaso.

A quienes les ha correspondido dirigir la ciudad les impusieron pensarla globalmente, para actuar localmente; cuando la cosa debió ser al revés, pensar localmente, para actuar globalmente. La ciudad bucólica, de vecinos y paisanos, la volvieron bulliciosa, sucia y desorganizada, todo ello ocurrió en nombre del progreso: Valera, pujante y progresista. Valera, progresista e industrial. Valera bonita. Hasta nos vendieron la idea de que somos una metrópoli: del área metropolitana de Valera han hablado siempre los planificadores de su «desarrollo». Con tan «mala suerte» que tuvimos desplanificadores, antes que planificadores; copiones, antes que imaginadores; seguidores, antes que creadores. Y, a quienes soñamos volver a verla con toda su hermosura, con toda su gracia, se nos acusa de atrasados, contrarios al progreso y -por tanto- al desarrollo. Lo cierto es que perdimos nuestro rostro, nos desfiguraron; y, no somos ninguna metrópoli, aunque hayamos adoptado el desorden de esos conglomerados urbanos.

Frente a esta situación no podemos asumir una posición fatalista. Necesario es definir y diseñar una hoja de ruta que saque a la ciudad del marasmo en que se encuentra. La gerencia de la ciudad debe ser un acto político trascendente; profundamente imaginativo y propositivo; debe ir más allá de la rutina, del lugar común que la consigna hueca, estridente, inalcanzable e irrealizable no puede seguir sustituyendo el pensamiento constructivo. Todo ello ha ocurrido porque el pueblo ha sido convertido en un cliente electoral.

Pensamos, entonces, que la posibilidad de devolverle a Valera su rostro de ciudad de ciudadanos y para ciudadanos, requiere plantearse la problematización de su crecimiento a partir de principios humanistas; por ello, las ideas de orden, desorden y conflicto tienen que ser colocadas en sus predicciones gubernativas.

Quien gerencie la ciudad, debe tener presente el legado urbano de nuestra comarca, la división social de su espacio, a Valera no se le puede seguir metiendo otras ciudades, hay que definir con la más absoluta responsabilidad como habitarla y como hacerla habitable. Necesario es, entonces, tener presente que Valera no siempre fue así; por lo que, no debe ser condenada a seguir siendo así.

La situación presente, si bien no es nueva, tampoco es el resultado de una conducta caótica de sus ciudadanos; sino que, como hemos dicho, es el resultado de la adopción e imposición (las dos cosas a la vez), de un modelo urbanístico que no le era propio. En tal sentido, pensamos que avanzar en el reordenamiento espacial de la ciudad pasa por definir cuál será el nuevo uso del área central, este no podrá seguir siendo la única zona comercial de la ciudad; el crecimiento poblacional de la ciudad demanda definir cuáles serán las nuevas zonas residenciales; por lo que, hay que definir cuáles serán los espacios destinados a la edificación de viviendas de interés social; habrá que definir cómo enfrentar los problemas existentes en los espacios habitacionales de las llamadas «ciudades auto construidas»,  o sea,  las barriadas populares.

Valera conserva sus grandes potencialidades de eje con-urbano que la relaciona con otras ciudades y regiones del país; pero, sobre todo, sigue siendo una ciudad cuya juventud se forma y educa en los centros de educación existentes en ella, población que no tiene que emigrar para educarse, como nos correspondió a muchos de nosotros.

 

4ta. Reflexión: ¿Qué ha pasado con Valera?, ¿Cómo explicar el estado en que se encuentra?, ¿Quién responde por el mismo?

 Veamos:

  1. – Hasta comienzos de los años ochenta de la centuria pasada Valera seguía siendo una ciudad vivible. Los años setenta, los del boom petrolero, generaron para Valera y los valeranos, grandes expectativas. Se nos quiso hacer creer que podíamos llegar a convertirnos en un nuevo polo del desarrollo nacional. Se nos identificó como un centro urbano, se dio inicio a la vorágine del cemento. Diversas y abundantes fueron las publicaciones, documentos, programas y planes que se elaboraron para diagnosticar, prever y recomendar lo que debía hacerse para enfrentar los nuevos retos que se le presentaban a Valera, eran -por así decirlo- planes prescriptivos, para ser usados.
  2. – Nada sería, entonces, más insensato que afirmar que es por la carencia de estudios y diagnósticos que Valera está como esta. La explicación hay que buscarla en otro lado. A los dirigentes de la ciudad de los años ochenta les costó entender y asimilar, las ideas expuestas en los referidos diagnósticos para hacerlas suyas. Se tenían las herramientas teórico-práctica de qué hacer, pero no se hizo lo que había que hacer. Ante ello se recurrió a un argumento banal y falso: aducir que Valera se había superpoblado. De la sobrepoblación se hizo entonces un tema tabú, por su carácter multidimensional, por lo sensible del mismo, los problemas que comenzaron a generarse como el hacinamiento, la carencia de servicios públicos básicos, de aseo urbano, transporte, educación, salud, recreación, no fueron enfrentados. Para no dar la impresión de que se estaba reprimiendo e impidiendo que nuevos grupos sociales se desarrollaran. Se estimuló el surgimiento de la economía informal y la anarquía en el transporte público.
  3. – La planificación del desarrollo de nuestras sociedades, era una necesidad. Solo que, una visión política equivocada que pretendía obtener resultados inmediatos la fue desprestigiando; para ilegitimarla, se afirmó que la planificación era un instrumento de los regímenes totalitarios, los planes y programas elaborados para Valera por Corpoandes y la ULA, entre otros organismos, fueron dejados de lado, abandonados. Los mismos no fueron sustituidos por nuevas ideas, por nuevas propuestas, el dejar hacer dejar pasar, se convirtió en la razón de ser de una praxis política partidocrática, basada en el establecimiento de una relación clientelar. La idea del desarrollo, como propuesta para la organización de la sociedad, como un pensar bien lo que hay que hacer y cómo hacerlo, como algo posible de alcanzar, trascendente a la esfera de lo económico, interdisciplinario, concebido como un proceso propositivo, fue desechada por el clientelismo político, por el inmediatismo. El pragmatismo vulgar, sustituyo el pensamiento.
  4. – El deterioro de Valera no es un problema de cuarta o de quinta república. Es verdad que se inició en la cuarta, pero la quinta no lo ha resuelto. Recuerdo una conversación con el Presidente Hugo Chávez, a orillas del rio Paraguay, en junio del 2001, me comentaba de su visita a Valera, de su preocupación por el deterioro ambiental que presentaba la ciudad, me hablo de la crisis del Hospital Pedro Emilio Carrillo, con asombro se preguntaba que cómo era posible que por el mismo ascensor que subían la comida de los pacientes, bajaban los que fallecían. Nada, absolutamente nada, preocupo más al Presidente Chávez que la solidaridad humana, la superación de los déficits sociales que arrastraba la sociedad venezolana. Por ello, no podemos exculpar de la pervivencia de dichos déficits a quienes han dirigido a Valera, durante estas últimas cinco décadas. Sobre todo, porque teniendo conocimiento para saber qué había que hacer para superarlos, se dejaron arrastrar por una inacción que empeoró la situación. En estos últimos veinticuatro no se ha debido actuar de la misma manera, a como lo hicieron quienes dirigieron el Municipio, en las tres últimas décadas de la centuria pasada; quienes, siendo los iniciadores del desastre, del caos de la ciudad, se presentan hoy con el mayor caradurísmo al culpar a otros de lo que ellos también son responsables.

Pues bien, hay que redescubrir Valera, convencernos de que ella puede ser (y debe ser) el gran motor del desarrollo trujillano; para ello, es necesario no seguir cometiendo los mismos errores; hay que imaginar la Valera que queremos, planificar la Valera de los próximos veinte años, devolverle su condición de ciudad tipo, todo ello a partir de una premisa insustituible: el valerano, como sujeto social de dicho proceso, es lo primero.

 

5ta. Reflexión: La Valera del siglo XXI

En los albores del siglo XXI, diversos fueron los argumentos que se esgrimieron con la intención de dar explicación de lo que él habría de depararnos. El análisis prospectivo ocupo un lugar primigenio, para alcanzar tan difícil objetivo.

No se entendió que, no es posible hacer análisis histórico obviando el pasado; si bien el siglo XXI es un nuevo siglo, con él no comenzó una nueva era en la historia de la humanidad. Por el contrario, el viejo siglo XX, como un fantasma, sigue acechando en el presente, sigue diciéndonos que de allí venimos, como para recordarnos que la única manera de deshacernos de las injusticias cometidas en su tiempo es construyendo nuevos modelos de sociedad.

Teniendo presente las corrientes del pensamiento que fraguaron el siglo XX, es cómo podemos conocer nuestra historia, conocer nuestro pasado para enfrentar el tiempo por venir. Conocimiento que nos lleve a convertir los valores colectivos en valores humanos, que se producen entre humanos y para seres humanos; en donde la construcción verdadera de la democracia participativa pasa por entender que el compromiso político es un compromiso colectivo, que supera toda conducta individualista por ser una praxis egoísta; en donde la ilusión del crecimiento infinito, la admiración y subordinación acrítica hacia la totalización del mercado, no siga siendo el único proceder; pero, se trata, asimismo, de trascender la retórica hueca, vacía, de quienes no han entendido que vivimos nuevos tiempos; que hay que entender que, ambas  formas de pensar, forman parte de las narraciones de la modernidad capitalista occidental, la cual ha perdido su fuerza explicativa, su encanto, su impulso transformador; se trata, por así decirlo, de construir una nueva sociedad de ciudadanos comprometidos, en donde lo público alcance plena legitimidad; una sociedad en donde seamos capaces de reconocer los triunfos y los fracasos que ella ha vivido; en donde no se desprecie el sector público a pesar de su ineficacia y su ineficiencia; ello implica, a nuestro entender, reflexionar sobre cómo vamos a hacer para transformar la sociedad valerana que tenemos, percibirla como una necesidad histórica; cómo vamos a proyectar sus aspectos simbólicos, su origen, sus raíces, el sentido de pertenencia, la emergencia de nuevos movimientos y esquemas de organización social que impulsan una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones, por tanto, una mayor profundización de la práctica democrática.

Elementos todos ellos que aún perviven invisibles, están ocultos y son la razón de nuestra identidad colectiva. Y ello, mis estimados paisanos y amigos, no es cualquier cosa. Hay que entender que el pasado no puede ser tirado al cesto como un desecho, entender que el futuro no surge de la nada, entender que el tiempo histórico tiene su estar siendo y su dejar de estar siendo.

Es por ello que, a quienes les corresponda dirigir a Valera, desde la Alcaldía, el Concejo Municipal y demás entes de la administración pública, deben detenerse a reflexionar sobre el porqué de los problemas que la ciudad tiene; a interpretarlos, para poder encontrar la solución de los mismos. Deben saber que esta Valera que tenemos no es cierta, que la naturaleza del valerano no es el desorden, que somos un pueblo con valores morales y cívicos, de mente abierta, generoso, moderado, enemigo del derroche; ya que, como hemos dicho en otros textos, a Valera le transformaron su ethos de pueblo, por eso estamos obligados a reinventar un nuevo modelo de sociedad, una nueva Valera, en donde la solidaridad, la buena ciudadanía, la comprensión y solución de los problemas de nuestro pueblo, sean pensados como principios para la construcción de un futuro cierto.

 

8va. Reflexión: El antecedente de la Valera comercial

En el año 1987 publicamos un ensayo titulado: “El Trujillo de Ponchos y Lagartijos 1870-1899”, dijimos en aquella oportunidad, que el objetivo que perseguíamos,  con la investigación emprendida, era el de demostrar que los movimientos políticos que ocurrieron en nuestro estado durante esas tres décadas eran consecuencia del modelo de organización socioeconómica establecida en el país, la cual generó nuevas relaciones de producción que implicaban cambios en la estructura económica, social y política existente. Proceso que, debemos entender, de igual manera, estaba relacionado con el proyecto nacional Guzmancista de inserción de la formación social venezolana al sistema capitalista internacional a través del llamado proceso de crecimiento hacia afuera.

Trujillo habrá de insertarse a dicho proyecto nacional a través de la hacienda de plantación cafetalera, como nueva unidad de producción volcada a la agroexportación. Proceso éste que incidirá de manera significativa en el crecimiento de la actividad comercial del estado a través de su relacionamiento con las casas de importación y exportación establecidas en Maracaibo lo que determinará que pasemos a formar parte del “hinterland marabino”; proceso que adquirió tal magnitud que determinó la construcción del Ferrocarril de La Ceiba en el año 1885, como nuevo medio de transporte del café y demás mercaderías y que, conduce a que en el año 1888 se constituya una nueva compañía denominada Ferrocarriles de Trujillo, entre cuyos propósitos estaba construir un nuevo tramo del ferrocarril desde sabana de Mendoza hasta Pampanito y Valera. Para el año 1895, se fusionan ambas compañías y surge una tercera, Gran Ferrocarril de La Ceiba, la cual administraría los dos ramales del ferrocarril: de La Ceiba a Sabana de Mendoza y de esta población a Motatán.

Pues bien, hacemos referencia a estos datos históricos porque consideramos que los mismos pueden servirnos de ejemplo para el diseño y formulación del Plan de Desarrollo Integral del Estado Trujillo. En aquellos años lo planteado era adecuar el funcionamiento de la formación social trujillana al Proyecto Nacional de inserción al sistema capitalista internacional, ideado por las clases dominantes de entonces, plasmado en la Constitución de 1864.

El reto de hoy, es otro. Es el de lograr insertar a Trujillo en la edificación del Nuevo Proyecto de Nación esbozado en la Propuesta que el Presidente Hugo Chávez le presentó a los venezolanos en el marco de la campaña electoral para el período 2013-2019, el Plan de la Patria. Plan de Desarrollo que el Presidente Nicolás Maduro para hacer posible cl cumplimiento de las metas de la Agenda 2030, de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

 

9na. Reflexión: El Ordenamiento del Territorio y el Plan de Desarrollo

Cuando uno revisa los Planes de Desarrollo que se han propuesto para el Desarrollo Trujillano, se consigue con que estos han sido elaborados a partir de la conformación de cuatro ejes estratégicos de desarrollo territorial como áreas geoeconómicas, a saber: eje Valera-Trujillo, eje Capo Elías-Boconó-Biscucuy, eje Monay-Carache-Chejendé-El Paradero y eje de la Planicie Aluvial (zona baja o panamericana). Ejes que deben su estructuración al análisis de la región formulado por CORPOANDES en el año 1971 en: La Subregión Motatán-Cenizo. Bases para un Programa de Preinversión y Desarrollo, en el cual se lee: “El área de estudio está integrada por el Estado Trujillo y los municipios Timotes y Chachopo del Estado Mérida. Constituye una unidad de desarrollo con características físicas, población y elementos económicos y administrativos que la hacen coherente. Esta situación está determinada por su geografía y por razones históricas, que han llevado a constituir una unidad alrededor de la zona de influencia del eje Valera-Trujillo que comprende principalmente la cuenca del río Motatán y la cuenca alta y media del río Boconó”.

Nosotros pensamos que, se hace necesario formular un Plan de Desarrollo para el Municipio Valera, que vaya más allá del carácter economicista con que siempre se le ha concebido, que trascienda los indicadores macroeconómicos como únicos valores válidos para determinar el nivel de desarrollo. Un Plan de Desarrollo que coloque la relación hombre-hombre y hombre-naturaleza, como su principal prioridad; ya que, el desarrollo integral es la libertad, la felicidad y la igualdad del ser humano. Plan de Desarrollo que debe, por tanto, ser colocado al servicio del ser humano y no del territorio. Plan de Desarrollo que, desde esta nueva perspectiva coloque lo social como su objetivo central. Plan de Desarrollo para el Municipio Valera que es posible diseñar e implementar, si sus líneas de acción fundamentales son producto de un proceso de planificación estratégica, que supere el carácter técnico-normativo, con que se le ha concebido hasta ahora. El mismo, tiene que ser un Plan de Desarrollo, que supere el cortoplacismo, el inmediatismo y el asistencialismo como elementos fundamentales en la formulación de las políticas públicas. Visión esta que ha determinado que se termine confundiendo un Programa de Obras con un Plan de Desarrollo.

Pues bien, cuando hemos hablado de conformar el Hinterland Valerano, lo hemos hecho pensando en que ello es posible si diseñamos un Plan de Desarrollo, para el Municipio Valera, que sea el resultado de una nueva diagnosis de la realidad municipal, que tenga objetivos y metas factibles de cumplir, que sea producto de un amplio proceso de consulta a los más diversos sectores de la sociedad valerana. No se trata, por tanto, de una postura localista que intenta privilegiar a Valera sobre las demás ciudades del estado, esto es necesario aclararlo para despejar cualquier suspicacia que pueda generar dicha propuesta. La misma la formulamos teniendo presente las particularidades que desde el punto de vista social, económico, político, geográfico, de densidad poblacional, de comunicaciones, tiene Valera.

El Plan Prospectivo de Desarrollo del Municipio Valera. Plan Plurianual de Inversión Pública Municipal 2012-2021, elaborado por el Consejo de Planificación Pública del Municipio Valera; y, la Propuesta de Ejes Estratégicos de Desarrollo Territorial y Ejes Territoriales de Planificación Comunal para el Estado Trujillo, Región Los Andes, constituyen documentos básicos para darle sustentación lógica a la iniciativa de conformación del Hinterland Valerano, objeto de estas reflexiones que sobre nuestro terruño hemos venido haciendo y que, gracias al Diario de los Andes y su Director, Eladio Muchacho, hemos compartido, y queremos seguir compartiendo, con ustedes.

 

10ma. Reflexión: Algunas propuestas

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