Pedro A. Hernández V.: Valera es un arcoíris sobre la sabana, un poema, una llamarada eterna que da vida

Valera, vivida, leída, escuchada y soñada (35)

Pedro Hernández se arropa con el sentimiento y calor de la ciudad. EHG

 

Sin lugar a dudas, la ciudad de Valera es el orgullo más profundo que puede llevar en su corazón todo habitante de la urbe próxima a celebrar sus 200 años. Su gente y sobre todo quienes han nacido en esta tierra, siente por su terruño un sentimiento extra, un apego indescriptible, un amor para toda la vida.

Ese es el caso de nuestro invitado de hoy, Pedro A. Hernández V., , un artista de la cultura ,del arte, de la escultura, amante de la naturaleza, que adora a su lar, que reflejan en sus palabras y acciones desde que tiene uso de razón, si falsas posturas, director, franco y sinceros, sin mezquindad ni yoísmo, Pedro Hernández es un hombre con una sencillez enorme. Un enamorado de su tierra.

Para este estudioso de la historia local, ser valerano es su mayor orgullo y esa afinidad con su ciudad se incrementó a raíz de una larga ausencia. “Fueron esos años que vivir en el exterior en mi época de estudiante y luego cuando recorrí el país por más 12 años con los equipos de investigadores de Fundacredesa; en la labor de buscar y encontrar la identidad del hombre venezolano”.

El recuerdo de su Nana Melania, es algo invalorable en lo material, de mucho sentimiento espiritual y afectivo. “La Nana con su musa vanguardista encendida se inspiraba y diseñaba mis camisas, con una gran variedad de trazos y colores, sin guardar el orden establecido del momento; sus insumos o su caballete, pinceles y oleos fueron los retazos de tela de múltiples colores, texturas y figuras que le obsequiaba en el almacén Mi Tesoro de los Tulene, o en la tienda Blanco y Negro o en la Casa Peña”, extrae de sus retrospectiva memoria.

Al igual que Picasso su Nana con la manigueta de la vieja máquina de coser Kamelia en sus manos, disfrutaba con aquel nuevo concepto artístico que habían sido creado en el viejo mundo y colocaba sin ningún orden: “Una línea gruesa aquí, una más delgada allá armaba unos divertidos rompe cabezas con círculos, rostros desfigurados por acción de las tijeras, rombos, paralelas y hasta con unas zigzagueantes líneas que se perdían a veces en el infinito o desaparecían en la nada”. La Nana le daba un toque de glamour al diseño unos pantalones cortos, blancos, “los hacía con fardos donde venía la harina Gold Medal o en los que venía ese mismo producto como ayuda humanitaria por La Alianza para el progreso”.

“La Nana con su originalidad y con la genialidad de un Dalí al no poder presumir los largos y parados mostacho de este, como toda una diva, presumía de sus profundas arrugas, con la que alardeaba y mostraba que transitaba el fascinante camino de los sabios y autenticaba su creación “siempre en primavera” con el sello distintivo de aquellas reconocidas marcas en mi trasero, que para la nana, era su lienzo”. ¡Qué maravilla! ¡Verdad Don Luis!

 

Pedro Hernández se arropa con el sentimiento y calor de la ciudad. EHG

Las añoranzas

Dice Hernández que ante aquellas ausencias, siempre añoraba reencontrarse con su pueblo y su gente, “es que nunca pude deshacerme de mi s orígenes, de mis amigos, del recuerdo de la nana Melania, del surrealismo temprano que conocí a través de ella”, expresa con ciento tono de melancolía y nostalgia, con ojos brillosos y un lagrimón a punto de rodar por su rostro.

Siempre soñó con volver a la Valera donde “se dormida con las puertas de las casas abiertas y los carros amanecían en sus calles, de la Valera de los serenateros, de los gaiteros y de los patinadores. De la Valera bulliciosa, ordenada, pujante y progresista que exhibía con orgullo sus grandes ferias y fiestas patronales, nunca pude olvidar aquel largo corredor al lado del viejo mercado municipal en donde se vendía desde pintura en polvo para las fachadas hasta jabón de tierra, agujas para coser, guarapos y cuyo propietario fue el negro Pedro Urquiola, o la bodega del pobre Negro Trino, las brizas de Niquitao de Felipe Segovia, el centro juvenil de Bartolo Barreto, Sol y Sombra o el Isorano de Adolfo González.

Siempre llevé en mi mente la estampa de aquella pequeña y menuda mujer como era Victorita Salas, madre de los boxeadores hermanos Salas a quien vi con un machete y con una hacha volver añicos a una pata de res cuando me tocaba ir a su casa a comprar el tradicional mondongo dominguero, tampoco olvidé a Solita Arias, ni a la maestra María Rosario Abreu, ni al mudo de Copei, al poeta Araujito, a “Mis Ojos”, ni al “Reo”, la bella loca Alicia, a “Dios se lo Pague”, ni mucho menos a “Rutilio y el Pico”, a Ersilia, “Guacharaco”, y sobre todo nunca olvide a mi querida nana Melania la que me enseño la existencia del mágico mundo del surrealismo.”

 

El vos sos

 

Es nuestro sello de originalidad y nuestro saludo; también el guaro, el vos sos, complementan nuestro léxico; “en esta Valera que amamos, todos somos iguales y nos confundimos bajo su amoroso cielo, igual resulta tener un apellido criollo que uno extranjero, en esta grata e igualitaria Valera está prohibido exhibir títulos, abolengos, árbol genealógicos y hasta los títulos nobiliarios y también nos negamos a dar lastima y rechazamos a los negativos o a los que pretenden impedir que avancemos”.

Le sobra la razón en su explosión a Pedro Hernández. Es que los valeranos con ese toque de inteligencia que Dios nos colocó nos las hemos ingeniado y al no tener lugares de recreación, de esparcimiento, de cultivo intelectual, de contemplación de las ciencias y del arte casi todos no hemos transformados en ateneos, museos, bibliotecas y teatros andantes y en cualquier lugar desplegamos nuestros roles y arte, sostiene.

 

Repensar a
Valera es…

SABER qué. Valera es un poema… Hernández tiene un concepto muy claro y centrado de lo que para él es Valera, lo que significa para su gente, para todos los que en ella habitan. “Valera es un carnaval eterno y vivimos en una eterna rumba con los atuendos y las máscaras que nos proporciona la vida, las esquinas calientes están por doquier y abundan los Pablitos, los Pedritos, los Panchos, las Panchas, las Ercilias, o los Sepelios… Valera es como un arco iris sobre una sábana, es un poema, un corazón, un puño, es una llamarada eterna que da vida, es un beso escondido en la oscuridad, es un globo encendido en una noche de primavera. Valera es un libro abierto, es una historia inconclusa que se escribe todos los días, es y será seguramente mi principio y mi fin en esta vida”.

 

 

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