José Rojas (CNP 25.946)
joserojastrejo68@gmail.com
En esta nueva edición de “Por estas calles”, conversamos con Akardi Salas, integrante de la Dirección Nacional Juvenil y Secretario Internacional del Partido Comunista de Venezuela (PCV). Salas valoró las jornadas de negociación y diálogo político que se han venido desarrollando en la nación, destacando la necesidad de consolidar la convivencia pacífica tras años de polarización y conflicto social.
«Se abre una brecha para alcanzar la paz y acuerdos importantes que beneficien a la colectividad nacional», subrayó el dirigente.
—Akardi, culmina la tercera ronda de la mesa de diálogo instalada tras los sucesos del 3 de enero. El Partido Comunista ha sido prudente respecto a su nivel de participación. ¿Cuál es la lectura del PCV sobre los acuerdos y preacuerdos alcanzados, como por ejemplo la renovación total del TSJ a través de una comisión evaluadora?
— Lo primero es que saludamos estas rondas de negociación en virtud de alcanzar la paz tan anhelada por nuestro pueblo. Lamentablemente, durante años se tergiversó la acción política y se transitó el camino de la violencia —recordemos los episodios de 2013, 2014, 2015 y 2021—, un escenario muy oscuro para el país. Hoy se abre una brecha para el entendimiento y para acuerdos que benefician tanto a la colectividad trujillana como a la sociedad venezolana en general.
Desde el PCV saludamos los esfuerzos de ambas partes. Aunque no ponemos sobre la mesa nuestros principios ni el quehacer por el pueblo, somos conscientes de que en este momento histórico es necesaria la participación activa de todos los sectores para alcanzar la estabilidad y el desarrollo.
—Un desarrollo y estabilidad que se han visto afectados por diversos factores…
—Así es. Una tranquilidad sociopolítica coartada por sanciones internacionales, pero también por saboteos internos de sectores económicos y empresariales. Inclusive, debemos reconocerlo, se desarrollaron flagelos y desviaciones en el seno del Gobierno que afectaron la productividad nacional. Hoy no es que queramos borrar esa página, sino dar un paso al frente para avanzar hacia una sociedad de igualdad de oportunidades.
La política, cuando se hace como debe ser, requiere la participación de todos. Venezuela ha celebrado 28 procesos electorales, pero le faltaba ese elemento clave: la convivencia pacífica. Reacomodar las estructuras del Estado para los nuevos tiempos no significa entrega. Hay compañeros molestos o disgustados, pero esto no implica renunciar a los principios revolucionarios, sino comprender que debemos pasar la página oscura y avanzar hacia el futuro que el país reclama.
—Cuando habla de reorganizar el Estado, hay quienes califican este proceso como un «tutelaje gringo». ¿Afecta esto el pensamiento originario de la Revolución Bolivariana, el Estado Comunal o la visión del socialismo venezolano?
—Mira, «Cheo», lo de «tutelaje gringo» es una frase popularizada, pero no se ajusta a la realidad. Lo que se ha producido es un pacto económico con Estados Unidos, algo que históricamente siempre hemos tenido. Incluso con el presidente Hugo Chávez se mantenían contratos petroleros; es una realidad concreta. ¿Cuál es el mercado petrolero más grande que tenemos a escasos 15 días de navegación? Estados Unidos.
Es cierto que existen convenios de procesamiento con refinerías chinas y rusas, pero la industria del sur de EE. UU. (Golfo de México) está adaptada al crudo pesado venezolano. Quien sacó a las transnacionales norteamericanas de Venezuela no fue una impericia nuestra, sino las sanciones de Donald Trump en 2019, sumadas a las medidas previas de Obama. Histórica y económicamente hemos estado vinculados a ese mercado. El propio Chávez lo decía: «No tenemos problema en venderle petróleo a EE. UU., siempre que paguen lo justo».
—En ese sentido, ¿no podría interpretarse que se cede o flaquea ideológicamente ante la presión externa?
—No. Nuestra postura antiimperialista y nuestros principios marxistas siguen firmes en favor del pueblo. Pero hay que entender que cuando se gobierna, se hace en función del desarrollo de un país. Si hay un comprador dispuesto a pagar por nuestro petróleo en condiciones que beneficien a los venezolanos, el deber del Estado es venderlo.
— ¿Qué opinión le merece al PCV el acuerdo petrolero derivado de esta mesa de diálogo? Ha habido críticas sobre los porcentajes y las condiciones.
—Mucha gente sacó cuentas con calculadora de bodega especulando que nos estaban robando. Una cosa eran los tuits de Trump y otra muy distinta el acuerdo firmado, el cual es público y notorio.
Lo crucial es entender que se trata de un acuerdo firmado a 25 años, en estricto apego a nuestra Constitución y a la Ley Orgánica de Hidrocarburos. La ley permite la continuidad administrativa y la renovación de contratos, tal como se hizo en su momento con empresas chinas y rusas, las cuales siguen operando e incrementando la producción en el país. El Ejecutivo nacional avanzó en concretar un acuerdo petrolero, energético y comercial que beneficia a la nación.
—Sin embargo, sectores del propio Gran Polo Patriótico han sido bastante críticos con estos convenios.
—Respeto los criterios de otros sectores, pero la lucha antiimperialista no se negocia. Un elemento clave de este acuerdo es que el Gobierno nacional mantiene el 30% del Producto Interno Bruto destinado a la asistencia social. La receta clásica del FMI y del neoliberalismo es cortar la inversión social; aquí, en cambio, ese 30% sigue garantizado para el pueblo.
—Hablando del Fondo Monetario Internacional, se ha anunciado la presencia de comisiones para la refinanciación de la deuda. ¿Es conveniente acudir al FMI entendiendo su naturaleza financiera?
—Llegamos a un punto complejo que tarde o temprano nos tocaría afrontar. El sistema financiero internacional se rige por las reglas del capital y las naciones se ven forzadas a interactuar con él, pues no existe hoy un modelo alternativo plenamente articulado. Cuando el presidente Chávez pagó la deuda con el FMI, Venezuela nunca formalizó su salida del organismo. Luego fuimos excluidos del acceso a créditos y al Banco Mundial; durante la pandemia, por ejemplo, no pudimos acceder a fondos de emergencia para vacunas.
Hoy el país atraviesa momentos críticos, como la crisis del Sistema Eléctrico Nacional. Sanciones y bloqueos impidieron adquirir repuestos e insumos, afectando a empresas proveedoras como Siemens o Philips, que hoy retornan al país fruto de estos acuerdos económicos. Además, en la geopolítica global —con los conflictos en Medio Oriente— Estados Unidos busca asegurar un suministro energético cercano. Con inversión adecuada y transparencia, Venezuela podrá recuperar progresivamente su producción —hoy en vías de recuperación tras haber caído a 600.000 barriles diarios— hasta alcanzar los niveles necesarios para impulsar el desarrollo interno.
—Se cita con frecuencia a Marx sobre el desarrollo de las fuerzas productivas y el capital. ¿Considera que Venezuela se encamina hacia un modelo mixto como el chino, combinando elementos de mercado y planificación estatal?
—No me atrevería a aseverar tal hipótesis. Eso lo determinarán la evolución y las coyunturas políticas y sociales que se presenten. China adecuó el análisis socioeconómico marxista al desarrollo del capital para potenciar sus fuerzas productivas.
—Para finalizar, ¿considera que estos convenios comprometen la soberanía nacional?
—La soberanía está consagrada en la Constitución y nada está por encima de ella. Pero el factor determinante para garantizar la independencia no es solo el Estado, sino el pueblo consciente. Desde el Partido Comunista de Venezuela consideramos que la soberanía no se ve amenazada por acuerdos económicos orientados a recuperar la calidad de vida de la gente, tras años de severas sanciones. La mesa de diálogo es una oportunidad para avanzar hacia la mayor suma de felicidad posible para nuestro pueblo.
El dirigente del PCV, concluyó informando sobre su próxima agenda internacional como lo es un viaje al exterior, para profundizar tareas de formación política.
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