Padres luchan por darles “lo mejor” a los niños pese a la crisis

Niñas juegan, mientras sus padres hacen fila en el banco. Fotos: Henner Vieras

Es usual regalarles juguetes, llevarlos a comerse algo rico o invitarlos a recrearse en parques, cines o piscinas. Sin embargo, con la crisis actual, no todos los padres pueden ofrecer estos detalles a sus hijos. Muchos de ellos, solamente desean poderles dar de comer tres veces al día y tener para vestirlos

 

María Gabriela Danieri

maria.danieri@diariodelosandes.com

Este domingo se celebró el Día del Niño en Venezuela. Esta fecha varía todos los años, porque corresponde al tercer domingo del mes de julio y tiene su origen en una propuesta por la Organización de las Naciones Unidas. El objetivo del festivo es honrar la infancia y llamar la atención de la humanidad sobre las necesidades de estas nuevas generaciones.

Es usual regalarles juguetes, llevarlos a comerse algo rico o invitarlos a recrearse en parques, cines o piscinas. Sin embargo, con la crisis actual, no todos los padres pueden ofrecer estos detalles a sus hijos. Muchos de ellos, solamente desean poderles dar de comer tres veces al día y tener para vestirlos.

De acuerdo a Cáritas de Venezuela, unos 280 mil niños podrían morir por causas de desnutrición, este 2018; y el Observatorio Venezolano de la Salud, estima que el 60% de la población infantil padece desnutrición. Trujillo no escapa a esta realidad alimentaria y tampoco a los otros males relacionados a la falta de efectivo, escasez de transporte público, medicinas y, en general, desmejoro de la calidad de vida. ¿Están los padres de acuerdo con que sus hijos pasen por esta situación?, ¿Cómo viven los niños los problemas de los adultos?: a continuación cinco historias que responden estas inquietudes.

 

Consultar para comprar bananas

Yuraikis Palomares y Belkis Briceño

En fila india y bajo el inclemente sol de julio, unas veinte personas esperan su turno para el cajero automático del Banco Mercantil, en la Av. Bolívar de Valera. Meses atrás, por no decir un año entero, esta cola sería para sacar efectivo, actualmente, solo para consultar saldo de tarjetas de débito. Entre los arbustos dos niñas juegan, pese a ser la primera vez que se ven. En la infancia, es más fácil hacer amigos, quizás por la falta de prejuicios de la niñez, etapa en la que todos somos iguales. Yuraikis Palomares, de 7 años, sonríe con todos los dientes y antes de hablar, mira fijamente a quien pregunta. Está acompañando a su mamá, Belkis Briceño, quien en palabras de la niña “está consultando la tarjeta para comprar cambures”. Dice que no le gusta hacer colas, porque “hay mucha gente”, pero le encanta acompañar a su mamá a Valera, porque la ayuda a “buscar comida para comer y ropa para ponerse”. Su afición favorita es jugar e ir al colegio. En este día del niño, es lo que planea hacer, mientras tanto, seguirá la conversa con la otra niña. La madre de la pequeña, cuenta que le gustaría darle lo mejor a sus cuatro hijos (Yuraikis y sus hermanos de 14, 11 y 9 años). Como niños,  deben recibir solo bendiciones, aunque en estas circunstancias deban padecer incomodidades como hacer una cola bajo el sol. Cuando puede evitarlo, lo hace, pero en esa ocasión no pudo llevarla a la escuela por escasez de transporte en Jalisco, Motatán.

 

Camino al Hospital a hacerse unos exámenes

 

Carliani Sofía Rodríguez y Yaritza Urdaneta

La gente se aglomera en una de las tantas paradas que hay en la ciudad de Valera. Algunos han tenido que caminar desde el terminal de pasajeros, como la familia de Carliani Sofía Rodríguez, de 4 años de edad, quien vive en la Gran Parada Andina, municipio Candelaria. La pequeña, mientras camina, se mueve de un lado a otro por el peso de su morral. Minutos antes le había dicho a su mamá que estaba cansada y tenía hambre. Eran las 10:30 de la mañana y la mamá le pidió esperar hasta las doce. Tímida, se lleva las manos a la boca y dice muy bajito, que va “al Hospital a hacerse unos exámenes”. Su madre, Yaritza Urdaneta, lo confirma, van a una consulta con un pediatra, cerca del Hospital Central. La niña, la menor de sus dos hijas, fue diagnosticada con una deficiencia en uno de sus riñones y necesita estar en tratamiento. La joven, de 27 años, espera brindar un día del niño agradable a sus hijas, aunque lo que realmente desea para ellas es salud. “Que tengan más felicidad, se puedan encontrar sus medicinas y tener siempre su comida” comentó.

 

Salí a comprar la leche de mi hermanita

Yorlany Linares, su hermana y Geraldine González.

Camina la acera junto a su mamá, y lleva abrazada la bolsa de productos que acaban de adquirir. Pareciera que no puede con el peso, pero no la deja caer. En ese paquete llevan algo muy importante: la leche de su hermanita. Yorlany Linares, de apenas 8 años, quedó muda de la pena y no dijo mucho. Expresó que le gusta salir con su mamá, Geraldine González, a hacer compras. La mujer, quien lleva en brazos a su hermanita, comenta que la ha traído al centro por la urgencia de conseguir el alimento para la bebé. “Me la traigo cuando no tengo con quien dejarla en casa o cuando no va a la escuela” dijo, mientras la pequeña, de rizos dorados la mira sonreída y avergonzada. “No sé porqué le da pena, si en clases es la alumna modelo en las exposiciones”. La niña se ríe y dice que sí, cuando le preguntan si le gustaría comerse un helado, en vez de caminar en búsqueda de productos para el hogar. “Me gustaría que en este día del niño, y como todos los días, que no les falte la comida y sus lácteos para la merienda” manifestó la progenitora. Gracias a Dios, comentó, el padre de las niñas está en Colombia y les envía mensual 100 mil Bs. “No es mucho, pero suficiente para que coman sus arepitas diarias, por quince días”.

 

Correr y jugar por el mercado

Lisandro Marín y Valeria Niño

Se pierde de vista y vuelve a aparecer con una vivaz sonrisa. Lisandro Marín, de 5 años, tiene la energía inagotable, propia de los niños de su edad. No le gusta hablar, apenas asiente o niega con la cabeza. En la mañana se despertó con ganas de ir con su mamá al mercado. Para él es como ir a un parque de diversiones por la mañana, pero desconoce que ese lugar es el espacio de trabajo de Valeria Niño. Ella es vendedora de café. Se levanta de madrugada y a las 8:00 am, está en los pasillos del mercado para ofrecer el néctar a los trujillanos. “No es un trabajo difícil o agotador, a las 10:00 am me voy. Me tardo más cobrando” explicó la mujer, quien guarda en su bolso algunos cambures que Lisandro busca. ¿Sabes por qué tu mamá vende café? le pregunta la mujer, a ver si quería responderle. En una rápida frase, el niño dice “para las caraotas” y se ríe, mientras mastica la fruta.  Lisandro es el penúltimo de cuatro niños (10, 9 y 3 años) y a veces, en vez de quedarse en casa, le pide a su mamá que lo lleve con ella. “Yo les deseo que estén bien, sanos, porque me ha tocado otras veces, pasarlo con él o sus hermanos en el hospital” cuenta Valeria.

 

Consigue los ingredientes para el picante trujillano

Julio Andrés Graterol y Pedro José Graterol

Andaban en busca de ají para hacer el picante trujillano. Su papá con un saco y él con uno de esos morrales escolares con el tricolor nacional. Se llama Julio Andrés Graterol y pasó a segundo año de bachillerato. Cuenta que están en el mercado en busca de los ingredientes del picante, que luego su padre vende “para comprar la comida que nosotros comemos”. El jovencito se refiere a él y dos hermanas de 8 y 12 años. Él ayuda a prepararlo, pues le gusta contribuir con su padre, Pedro José Graterol. Un hombre de 48 años, quien desde los 8 trabaja para mantenerse. Cuenta que no le ha tocado fácil, pues también hace el papel de madre. “No es una obligación que me ayude, pues esa es solamente el deber de los padres. Si los trajimos al mundo, es nuestro deber educarlos para hacerlos hombres de bien. Así levantamos al país, a la patria” expresó orgulloso. Julio Andrés sonríe y le dice que no hable tanto. A él le gustaría ser Cicpc cuando crezca, pero ahora disfruta de jugar fútbol en la escuela. “Le dicen Lukaku en la escuela, porque se parece al jugador de Bélgica” parlotea el padre entre risas. “Espero darle lo mejor para que sea útil a la sociedad” comentó el progenitor.

 

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