
Por: Prof. Ezequiel Paredes Becerra.
Es una tradición del pueblo católico, apostólico y romano, es decir, del creyente en la Fe Cristiana, visitar todos los años con motivo de la conmemoración de Semana Santa, siete iglesias ubicadas en la geografía de la respectiva zona residencial del creyente.
Pero, la generalidad de la gente desconoce cuál es el origen de esa tradición tan arraigada en el mundo de la iglesia católica.
El génesis de esta tradición lo podemos encontrar, según Carlos H. Jorge, en su interesantísima obra titulada LOS SIETE CRISTOS, editada en el año 2007. Caracas, y que sobre el particular nos dice en las páginas 184 y 185, lo siguiente:
“El Apocalipsis fue escrito para preparar a los cristianos ante la última intervención de Dios en los asuntos humanos. La primitiva iglesia creía que este acontecimiento no tardaría en llegar.
Cuando se produjera, comenzaría una nueva Era en el mundo, en la que Cristo y la Iglesia resultarían triunfantes”. Ahora bien, el mismo autor asienta al final de la página 183, la definición del término apocalipsis extraída de un diccionario de sinónimos, de la siguiente manera:
“hecatombe, cataclismo, catástrofe”. Y apocalíptico como sinónimo de “aterrador, espantoso, catastrófico, horrendo, pavoroso, enloquecedor, espeluznante”. Agregando el autor: “Estas son las circunstancias que caracterizan el tiempo de la revelación”.
“El Apocalipsis de Juan es el último libro del Nuevo testamento, aunque en realidad fue el primero, el único escrito en la era apostólica. Libro rico en alegorías y sujeto de muchas interpretaciones, fue relegado y prohibido por mucho tiempo. Y En ocasiones la obra se denomina “Revelación”. Ambos nombres tienen su origen en la primera palabra de la obra en el original griego, apokalypsis (revelación).”
“El Apocalipsis o Revelación fue redactado en la Isla de Patmos, una de las del Dodecaneso en el Egeo, a la cual el autor del mismo quizás fuera desterrado “por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Allí, durante el reinado del emperador romano Vespasiano (69- 79 D. C.), o mejor quizás bajo el emperador Domiciano, el autor oyó “una gran voz como de trompeta” que le decía:
Lo que veas escríbelo en un libro, y envíalo a las siete iglesias: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatitira, Sardes, Filadelfia y Laodicea. (1,10-11).”
El autor del Apocalipsis parece haber interpretado el empeoramiento de las condiciones de los cristianos en el imperio romano Domiciano como una señal del comienzo de ese período catastrófico. Al parecer, escribió, sobre todo, para alentar a los cristianos a resistir durante esta aterradora crisis final, en la confiada esperanza del advenimiento de una inminente Era justa para la eternidad”.
“Se coincide en que Juan, al comunicar a sus correligionarios cristianos, ubicados en esas iglesias: “lo que has visto, lo que ya ves y lo que va a suceder más tarde (1,19)”, eligió deliberadamente un vehículo literario que pudiese oculta su mensaje a los enemigos de la iglesia. Este vehículo fue un Apocalipsis, un estilo caracterizado por una interpretación simbólica y una predicción de acontecimientos que, por lo general, se presentaba de una forma muy elaborada.”
Esto es, pues, el origen de las visitas a las siete iglesias católicas que se acostumbra realizar el jueves y viernes santo de cada año, que en el presente son los días 2 y 3 del mes de abril. Por demás está decir, que fue espantoso y terrible el destino final de los Apóstoles de Jesús. Todos murieron, o quemados en vivo, despellejados, decapitados, ahorcados y/o desmembrados, bajo los reinados de Herodes y Calígula.
Trujillo, 03-04-2026.
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