Las nuevas realidades en curso obligan a ordenar la casa, llámese la vivienda o el negocio de donde proviene el abastecimiento, es decir la “casa comercial”. Por extensión se puede tratar de una finca, una industria o cualquier establecimiento productivo, comercial o de servicios. Todas las organizaciones componentes de un sistema interconectado, al movérseles el piso les conviene revisar toda la estructura y demás elementos que componen la casa, y sus relaciones internas y externas.
Se trata de ver con detenimiento las oportunidades que se presentan, las amenazas que asechan, las debilidades que se tienen y las fortalezcan que explican el que hayan podido sobrevivir con dignidad en los tiempos de turbulencia. Son ejercicios sencillos pero necesarios que se tienen que abordar con honestidad y serenidad.
Ordenar la casa significa darse cuenta de la calidad de las relaciones que predominan, en el hogar y en la organización, para evaluar la principal fortaleza que se pueda tener para enfrentar con éxito las situaciones inesperadas, positivas o negativas, que están en el horizonte inmediato o mediato. Nada más importante que la calidad de la persona humana, su dignidad y su disposición a formar parte del nuevo orden.
Las finanzas cuentan, fundamentalmente su origen y destino, su manejo honesto y ágil, las prioridades a abordar, el cuidado de los riesgos, el equilibrio necesario. Cuando antes se exigía una condición para ser funcionario público o gerente de una empresa se decía “ser buen padre de familia”, referido fundamentalmente a ser confiable, responsable, prudente, honesto. Son virtudes que son siempre válidas.
Está también el desafío de organizar la casa común, es decir el lugar, el país y el planeta, comenzando por el entorno donde se tiene mayor incidencia: lo local. Y por el tejido social que debe ser denso, lleno de organizaciones que canalicen la necesaria participación de la sociedad civil mediante el fortalecimiento de los gremios, las comunidades locales, las organizaciones civiles de solidaridad, de desarrollo social, de la cultura, del cuidado del ambiente natural, de promoción de la economía humana y el bien común.
El tejido empresarial se cuenta como una de las mayores fortalezas en este esfuerzo de organización de la casa común, con negocios honorables, que ofrezcan productos y servicios de calidad a precios justos. Con entrelazamientos de cooperación que contribuyan al éxito común, apoyados en sus gremios activos, dinámicos y eficaces.
Las nuevas realidades significan un orden parecido a la de los países exitosos, con Estado de Derecho, seguridad jurídica y asociatividad, que de tranquilidad a las familias y a las organizaciones. Esa tranquilidad exige organizar la casa, la propia y la compartida, la privada y la común.
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