Monseñor Márquez: El horror de la selva que se convierte en tapón

Artículo de opinión

Monseñor Luis Alfonso Márquez Molina, Obispo emérito de Mérida

Para mis compatriotas chavistas y no chavistas

Un saludo cordial para todos. El hecho de que piense diferente de algunos  de ustedes no me convierte en su enemigo. Somos hermanos por ser venezolanos. Y si somos bautizados somos hermanos por ser hijos de Dios, redimidos por Cristo. Yo con este mensaje quiero pedirles  un favor: sean comprensivos y métanse en los zapatos de los demás. Cuando veo a tantos hermanos venezolanos caminando por las carreteras de Venezuela para llegar a las fronteras me pongo en el lugar de esos niños que caminan días y días; de esos padres de familia que  huyen de  un país que no los protege; que no cumple  con sus obligaciones constitucionales; que en vez de  ayudar,  persigue al que no tiene las mismas ideas socialistas; que apresa, maltrata y tortura y hasta asesina a quien les lleva la contraria. Les pido se pongan en los zapatos o en las medias de quienes viven semejante pesadilla.

 

Caminar mil o más kilómetros para llegar a la frontera de Colombia o del Brasil es para ponerse a pensarlo. Y lo hacen obligados por las condiciones infrahumanas que les han tocado vivir en VENEZUELA desde hace más de 20 años. Sencillamente un gobierno populista ha terminado con los sueños de niños, jóvenes y adultos. No han sido capaces de asegurarle  al pueblo lo fundamental: Educación, Salud y Seguridad Pública. Les suplico: vean en tantos videos y mensajes la tragedia de los que tienen que pasar por ese infierno llamado el  Tapón del Darién.

 

Hace 60 años un amigo mío ingeniero, ( “lo llamábamos pata e´ coca por cariño y porque era cojo”) que trabajó en la zona para hacer la carretera me decía: es imposible, no hay piso para la carretera, llueve muchísimo y la selva en casi impenetrable y  muy peligrosa.

 

Por esa selva en los dos años anteriores han pasado más de 40.000 venezolanos. Vean los testimonios de los que han podido hacerlo y eso es aterrador. ¿Quiénes son los culpables de la tragedia de tantos venezolanos ?  Yo no lo sé, pero lo único que constato  es que eso no pasaba en los años de la democracia: Intelligenti pauca.

 

Los que han pasado por ese infierno no se lo aconsejan a nadie. Y lo que más llama la atención es que tanto venezolanos como de otros países, todos van para los Estados Unidos.  Qué raro. Nadie dice que va  para Cuba o Nicaragua, o Afganistán o Blangadesh, o para Rusia o China.  Por eso un asesor de Gorbachof  le decía: el comunismo es inhumano, va contra los deseos del hombre como es tener algo propio, mejorar siempre.

Como vivo cerca de la frontera con Colombia  les voy a pedir que se pongan en los zapatos de quienes tienen que  subir a pie por el páramo de Berlinas, después de Pamplona,  o por el páramo del Almorzadero antes de Málaga. Hace muchos años, yo pasé en autobús por El Almorzadero y me estaba  emparamando.

Sencillamente el venezolano no emigraba porque se sentía bien en su país. Muchos inmigrantes venían porque se sentían seguros en Venezuela  y con una moneda fuerte y poderosa. Ahora un dólar vale seis soberanos. Si quiere saber en  bolívares de los viejos cuánto vale un dólar añádele  a ese 6 unos 14 ceros y el número no le cabe ni en la  hoja y menos en la cabeza. Pues ese sería el precio del dólar: un seis con catorce ceros. Eso se llama inflación espantosa.  Dios va a llamar a cuentas  a los culpables  de esa destrucción de Venezuela. Los jubilados en su gran mayoría  reciben sueldos  miserables, Cotizaron toda la vida para tener una vejez digna y decente y les han robado todas sus ilusiones. Los educadores  sufren las consecuencias de esos populismos y por eso están en pie de lucha para exigir  una justicia que se les niega y unas vacaciones que se les  pierden en la selva de la corrupción y en el tapón de la burocracia.

Ahora practique la virtud de la comprensión. Imáginese perdido en El Tapón. Imagínese  caminando con niños  más de mil kilómetros. Imagínese muerto de hambre o de frío en el páramo del Almorzadero. Imáginese ser tracaleado o robado en las alcabalas y  carreteras de Venezuela  y luego violado y robado por los coyotes en el Tapón del Darién. Imagínese a su hijo pidiéndole comida y usted sin poderle darle nada. Imáginese que se le acaban las fuerzas y tiene que morir en el camino. Pidamos a Dios su protección y misericordia. Y oremos por los que este momento emigran de Venezuela para buscar nuevos horizontes.

 

Luis A. Marquez M.(*)

 

Un venezolano metido en otros escarpines

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*Obispo Emérito de Mérida residenciado en la Diócesis de San Cristóbal

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