Mons. Mario Moronta a Maduro: “Escuche el clamor del pueblo”

No es ningún secreto que hoy atravesamos la más grave crisis política, económica, social y moral que azota al país. Negarlo es querer tapar el sol con un dedo o demostrar que se está encerrado en una cúpula de cristal. Sé que le disgusta a Usted y sus seguidores que se le hable de “crisis o emergencia humanitaria” pero ¿Cómo caracterizar la situación que golpea a la inmensa mayoría de nuestros hermanos?

¿Por qué quiere asustar al pueblo con tantas alcabalas en las carreteras?

El obispo de San Cristóbal, monseñor Mario Moronta, dirigió una carta pública y abierta el pasado 17 de febrero al presidente de la República, Nicolás Maduro, en la que le exhorta a “escuchar el clamor del pueblo”. A continuación un resumen del texto del mensaje del alto representante de la Iglesia venezolana.
Señor Nicolás Maduro, con mi respetuoso saludo. Tengo a bien escribirle la presente misiva en mi condición de ciudadano venezolano, cristiano católico y pastor de la Iglesia al servicio del Pueblo. Lo hago en pleno uso de mis capacidades y en conciencia delante de Dios, con la libertad que me da el Evangelio de Jesucristo, del cual nunca me he avergonzado.
Hace algunos días, atendiendo una fraterna invitación de los obispos de Ecuador, me pude reunir con ellos en Riobamba. Pocos días antes, había tenido la ocasión de encontrarme con numerosos hermanos venezolanos que han emigrado al hermano país de Ecuador en búsqueda de mejores condiciones de vida.
En Riobamba, se halla el hermoso monte nevado de El Chimborazo, que inspiró un hermoso poema escrito por el Libertador Simón Bolívar, bien conocido como “Mi delirio sobre el Chimborazo”. Le transcribo un trozo importante del mencionado poema y muy diciente para los tiempos que hoy vivimos en Venezuela: “Observa, aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado: di la verdad a los hombres”.
Motivado por este pensamiento del Libertador, hoy le escribo y hablo con la verdad en la mano, la misma Verdad que nos hace libres, según nos enseña el Evangelio de San Juan (Jn 8,32), pues ”para ser libres nos liberó Cristo” (Gal 5,1). Es necesario enfatizar que debemos entendernos con la verdad verdadera, no la que se inventa o la que se quiere mostrar sin serla.
No es ningún secreto que hoy atravesamos la más grave crisis política, económica, social y moral que azota al país. Negarlo es querer tapar el sol con un dedo o demostrar que se está encerrado en una cúpula de cristal. Sé que le disgusta a Usted y sus seguidores que se le hable de “crisis o emergencia humanitaria” pero ¿Cómo caracterizar la situación que golpea a la inmensa mayoría de nuestros hermanos? No se puede negar el deterioro de la calidad de vida de los venezolanos.
Hay hambre: muchas familias no comen lo necesario para poder alimentarse. Ha crecido la pobreza crítica y los índices de desnutrición son altísimos. Me imagino que a Usted eso no se lo informan. Asimismo, la salud se ve desguarnecida en todos los sentidos, desde la atención hospitalaria hasta la consecución de medicamentos. Hay muchos que están sufriendo por la falta de atención (es el caso de los enfermos renales por falta de diálisis y el de los enfermos oncológicos por no ser debidamente atendidos).
Podríamos hacer mención de muchas otras calamidades que están golpeando a la mayoría de los venezolanos. Es fácil negarlo, y contraatacar con insultos, menosprecios y amenazas. Usted apela a cada rato que la causa es la “guerra económica”: es verdad, existe una “guerra económica” pero no contra el Gobierno ni las instituciones del Estado, sino contra el pueblo: la guerra de la corrupción que ha enriquecido a muchos que se denominan dirigentes y servidores de la nación; la del saqueo del así denominado “arco minero” que, amén de destruir la “Casa común de la Creación”, ha permitido que no pocos se llenen de las ganancias de la minería ilegal; la del olvido de las atenciones que hay que dársele al pueblo. Todo esto tiene sus consecuencias en el deterioro de la calidad de vida de muchísimos hermanos nuestros. (…)
Debo decirle la verdad, como lo sugirió Bolívar en su poema desde El Chimborazo. La gente del pueblo está cansada, porque sigue siendo menospreciada. Hay represión de diverso tipo. Aunque no guste, la inmensa mayoría del pueblo, sufre una crisis de carácter humanitario. Se lo puedo atestiguar. No soy de los que está encerrado en oficinas, sino que camino por las comunidades, me encuentro con todos sin distinción.
No ando rodeado de escoltas que portan armamento sofisticado para proteger al estado. Mi única escolta es la gente con la cual comparto y mi única arma la Cruz de Cristo. Y en todos los sitios donde voy, hablo, escucho y comparto. Ustedes hace mucho tiempo que no caminan libremente por en medio de la gente. ¿Por qué será? No hay que tenerle miedo al pueblo si de verdad uno forma parte de él.
Usted habla de diálogo. Siempre he sido defensor del diálogo, que requiere del encuentro, del reconocimiento del otro y de la corresponsabilidad en los acuerdos y soluciones que se presenten. (…) Usted ha acudido nuevamente al Papa para que se garantice el diálogo. Además de no haberse cumplido con anteriores acuerdos, según lo indicaba el cardenal Pietro Parolin en la misiva del 2 de diciembre del 2016, no vemos disposición para el autentico diálogo. (…)
Entre las muchas cosas que pide el pueblo hay tres que quiero destacarle: 1) El pueblo le pide que escuche el clamor que proviene de sus sufrimientos, por el hambre, por la falta de medicamentos, por la hiperinflación, etc. Atrévase a escuchar a ese pueblo que quiere ser tratado con dignidad y justicia, pero en paz y sin revanchismos. Si Usted lo escuchara, podría sensibilizarse y así permitir que quienes quieren ofrecer una ayuda humanitaria, lo realicen: es el bien del pueblo, no el de un grupito lo que de verdad interesa.
Pedir y recibir la ayuda de ese tipo no es ninguna traición a la patria; sino un deber moral a favor de la dignidad de las personas que no tienen medicamentos, alimentos y otros insumos necesarios. Atrévase a oír al pueblo venezolano. No impida la ayuda que podemos darnos entre nosotros y la que se pueda recibir de otros países e instituciones internacionales. (…)
2) El pueblo le pide respeto a su condición, a su dignidad y a sus derechos. Es lamentable que numerosos hermanos nuestros deban emigrar del país para tratar de conseguir una mejor calidad de vida o cómo sostener a sus familias. Nuestra nación es rica y puede ser capaz de crear condiciones de vida que permitan a los ciudadanos ser gente honesta, progresista y constructora de futuro. (…)
3) Debe escuchar al pueblo que está pidiéndole un cambio de orientación política. Le está pidiendo que se dé la posibilidad de una nueva dirección ¿Por qué no se arriesga a convocar a unas elecciones libres, con un nuevo CNE (constituido por representantes de todos los partidos políticos y por instituciones nacionales que tienen que ver con la academia, la economía, los obreros) y con la posibilidad de otros candidatos? Abra la puerta y póngase a un lado. La inmensa mayoría de los venezolanos está pidiendo que ya no siga al frente del Poder Ejecutivo.
El papa Francisco nos ha invitado a evitar un derramamiento de sangre. Ello depende de Usted en gran parte. ¿Por qué quiere asustar al pueblo con tantas alcabalas en las carreteras?
¿Por qué en el eje fronterizo se han colocado tantos piquetes de militares para “impedir” la entrada de ayuda humanitaria? ¿Es que acaso esos militares no son pueblo? Ellos están para defender a los hombres y mujeres de Venezuela y no para reprimirlos. ¿Sus asesores e informantes no le han dicho que la gente está resteada?
Evite el derramamiento de sangre; deje a un lado la persecución a los disidentes; escuche y sienta el padecimiento de un pueblo que quiere libertad y justicia, pero con dignidad y sin opresión. Usted suele hablar de las influencias del “imperio”. Soy de los que creo que debemos reafirmar continuamente nuestra independencia y autonomía. (…)
Podemos estar en desacuerdo, y lo estamos; pero merecemos el respeto. Se ha hecho común defenderse con insultos y burlas y lo entiendo pues “de la abundancia del corazón habla la boca” como nos dijo el Maestro de Nazaret.
Lo segundo: Yo soy responsable de todo lo que he dicho. Así que no se tomen represalias, ni persecuciones, ni nada que atente contra la seguridad física, psíquica e integral de mi familia, de mis amigos allegados, de los sacerdotes ni de las comunidades que sirvo como pastor de la Iglesia.
Espero poder seguir caminando libremente por las calles y caminos del Táchira y de Venezuela sin persecuciones. En todo caso, cualquier cosa que le acontezca a los mencionados y a mi persona será responsabilidad de quienes den la orden y de quien debe ser capaz de velar por la integridad de todos.
Aunque Usted no lo crea: le ofrezco una oración para que el Dios de la Vida, manifestado en Jesús de Nazaret, le dé la sabiduría y la luz del Espíritu para que tome la decisión más conveniente para Usted y para todo el pueblo venezolano. Ya se lo hemos señalado. Dé el paso.

 

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