MI CAMPO  | Por: José Betancourt*

Relato campesino presentado durante la Exposición de logros de la Cátedra Libre Mario Briceño Iragorry del Ateneo de Valera, durante el evento "MBI: Vigencia y Luz y de su palabra"

José Betancourt. Estudiante de 3er año “E” de Ciencia y Tecnología del Liceo Rafael Rangel

 

Por: José Betancourt*

*Estudiante de 3er año “E” de Ciencia y Tecnología del Liceo Rafael Rangel


 

 

Un día que una familia fue para una ciudad llamada Mendoza caliente a visitar a su familia y se encontró con un señor llamado Mario Briceño Iragorry que iba pastoreando su ganado. Entonces un niño que iba con la familia llamado José le dijo:

-Señor… ¿esos ganados son suyos? Yo voy para donde mi tía y ella también tienen ganado. Y yo también por aquí tengo una pequeña finca que me la dio mi tío.

Entonces el señor Mario le dijo al niño.

-¡Ah… que bueno niño! ¡Qué bueno que tengas una pequeña finca! Te voy a contar algo. Cuando yo estaba pequeño mi papá me dio una finca también y me dijo: Mario, cuando usted sea grande espero que haya aprendido lo que es pastoreas el ganado y también quiero que leas bastante y escribas libros. Que usted se exprese bien y sea un hombre alegre. Que sepa lo que es tener un ganado, cultivar la tierra y saber escribir libros.

-¡Ah okey! –le dijo el niño- bueno señor Mario, su padre le enseñó que es bueno que si tienen una finca, hay que saber atenderla. Como le digo, yo también tengo una finca, es pequeña, pero estoy contento porque dos vacas me van a parir, por eso me vine hoy para acá a donde mi tía. Para atender mi ganado. Mi finca me la dio mi tío y cuando me la dio me dijo:

-Mire sobrino, esta finca la heredé de mi papá pero como no tengo hijos se di a usted. Pero cuídela, quiérala y hágala prosperar.

El señor Don Mario le dijo al niño: por lo que me dices, veo que tienes una finca bonita, con cosechas y que sabes atender al ganado. – También le dijo al niño- Cuando seas grande José, no dejes la finca sola. Sigue así como vas, siempre para adelante. Si te gusta tener ganado y fincas, no dejes que se te pierdan esos sueños. Lucha siempre por ellos.

Bueno señor Don Mario –dijo el niño José-. Tranquilo, porque cuando yo sea grande voy a tener más ganado y más fincas.

El señor y el niño se despidieron.

Cuando el niño llegó donde el tío, le contó: – Tío, ahorita me acabo de encontrar a un señor que iba pastoreando su ganado y él me explicó que un día su papá le dijo:

-Quiero que cuando usted sea grande haya aprendido a pastorear el ganado- y también le dijo que escribiera libros.

Bueno tío, yo digo que el papá de Don Mario le dio una buena enseñanza.

-El tío le dijo al niño- Ah, ya sobrino. Y ¿cómo dices que se llama ese señor?

-Tío… ese señor se llama Mario Briceño Iragorry.

¡Ah!, ok, -dijo el tío-

Ese señor ha escrito unos libros muy importantes que enseñan sobre historia, identidad y cultura de Venezuela.

Si tío. Yo leí en el liceo la Carta a la juventud venezolana y Alegría de la Tierra: él dice que el cultivo y el ganado, son muy importantes para la humanidad…

Bueno tío, vámonos rápido porque mis vacas ya van a parir.

 

 


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