Me gusta el lugar donde nací por muchas razones, pero sobre todo porque no es perfecto y hay mucho por hacer. Venezuela, Trujillo y La Quebrada Grande, en ese orden o al revés. El lugar grande que es la nación, el intermedio que es la región trujillana y el local que el lugar íntimo.
No tanto en el orden material, de infraestructura, que algo queda de los años buenos y que es necesario reparar, reconstruir y completar, sino en el orden espiritual, en el republicano y en estos órdenes que siendo inmateriales, cuentan mucho más que los que se ven a simple vista.
Todos los lugares en Venezuela son hermosos y diversos, desde el mar Caribe hasta Guayana y desde los Andes, los Llanos y Oriente; también los de Trujillo desde las riberas del Lago de Maracaibo hasta la altura más elevada en la Teta de Niquitao. Y mi pueblito acurrucado en un vallecito de la Cordillera de Trujillo.
Y la inmensa mayoría de la gente está orgullosa de ser venezolano, como lo pone en evidencia el estudio “Lo que nos une. La voz de las venezolanas y los venezolanos sobre el diálogo y la convivencia” realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en diciembre de 2025.
El 98,8 % de los venezolanos sentimos el orgullo de ser venezolanos, el 64,1% considera que las personas en Venezuela comparten un destino común y que los principales elementos de cohesión nacional y valores compartidos son: La familia y su cuidado el 87,1%; el trabajo y las ganas de “echar pa’lante”; el 86,9%; el deseo de vivir en paz el 86,3%; y la aspiración a que la economía mejore el 85,7%. Cuando se solicita priorizar un solo factor, casi el 75 % menciona la familia, el trabajo y la economía. ¿A quien no le va a gustar ser de un país así?
El mismo estudio pone de manifiesto el reconocimiento de las graves realizades sociales y económicas, las tensiones políticas que sentimos y también las dificultades de convivencia entre los que piensan políticamente distinto, pero en ambos sectores no escogen la violencia como el mejor camino para resolverlos los problemas. La desconfianza es una realidad, pero está referida más a las organizaciones nacionales y a las grandes instituciones que a los espacios cercanos.
Existe en convencimiento de que si se dan las condiciones favorables los venezolanos iremos unidos a la construcción de un destino común. No puede ser de otra forma dado que aquí no existen las grandes diferencias raciales, religiosas, idiomáticas o de otra naturaleza y, al menos en la Constitución, somos iguales ante la Ley. Las condiciones favorables son muy sencillas: vigencia plena de la Constitución, libertad, democracia, Estado de Derecho y la existencia de una verdadera república, sostenida por verdaderos republicanos. Se dice fácil.
Las diferencias son de orden socioeconómicas, producto de que no hemos logrado un liderazgo capaz de interpretar estas virtudes del pueblo, por eso la política debe tomar su puesto en el orden de prioridades de la comunidad toda, desde lo local hasta lo nacional.
La sociedad civil, como esa enorme red de organizaciones intermedias que emergen de la ciudadanía, tiene el mayor desafío de toda su historia. Y aquí y ahora es necesario demostrar el gran aprendizaje del pueblo venezolano para que tome la iniciativa de la organización, el estudio, el debate y las conversaciones para incidir en las decisiones que le afectan el presente y el futuro.
Me gusta el lugar donde nací, hermoso y variado, henchido de posibilidades y de desafíos. Resuelto el problema institucional y con el liderazgo claro y luminoso que interprete a este pueblo ya consciente de lo que quiere, será placentero volver a recorrerlo, desde los caminos y veredas de mi pueblito, hasta las largas y hermosas rutas de la geografía nacional.
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