Marchand Dessalines (Haití), 11 abr (EFE).- «Los hombres armados irrumpieron sin que nos diéramos cuenta. Llegaron justo a la entrada de mi casa, pero, gracias a Dios, logré huir», narró a EFE Bazeline Pierre, una mujer que logró sobrevivir a la última gran masacre en Haití perpetrada por las bandas armadas, que dejó unos 70 muertos.
«Puedo decirles que he escapado de las garras de la muerte», afirmó Pierre, testigo de este brutal ataque del grupo armado Gran Grif, que también dejó una treintena de heridos y más de cincuenta casas incendiadas en las localidades de Pont Sondé y Jean Denis, en el departamento de Artibonite, al norte de la capital haitiana.
Más de 6.000 personas fueron desplazadas por el ataque -ocurrido en la madrugada del 29 de marzo- y Pierre, al igual que muchos otros, se refugiaron en otra localidad, pero los delincuentes llegaron «y mataron a más gente».
«A algunos los mataron por la espalda mientras huían. Hay personas que cayeron en pozos y murieron tras recibir disparos. Hay muchos daños», continuó Pierre.

Sorprendidos en la madrugada
Un joven, que prefirió no dar su nombre, dijo a EFE mientras lloraba desconsoladamente que no sabe dónde están su pareja y su hijo, ya que huyó solo tras desatarse la masacre, que se inició entre las tres y las cuatro de la madrugada del domingo 29 de marzo, de acuerdo con la información disponible.
Esa noche, el grupo armado bloqueó las principales carreteras para impedir que la Policía pudiera reaccionar.
«Intento localizarlos por teléfono, pero es en vano», se lamentó este hombre, mientras que otra mujer, también sin identificarse, afirmó a EFE que «todo el mundo huyó de sus casas».
Ahora, muchos de los sobrevivientes se encuentran refugiados, incluso, en las montañas, sin alimentos, sin agua o sin una sábana para cobijarse durante la noche.
«La zona ha quedado aislada. Ya no queda nadie», añadió este joven de unos veinte años, que vivía en la zona llamada Carrefour Petit Bois y que se refugió en una escuela de la región.
Refugios improvisados en medio de la miseria
«La situación es difícil, muy grave. No estamos a gusto», añadió Bazeline Pierre, quejándose de su situación en el lugar donde se refugia tras la masacre.
Cuenta que los desplazados viven en condiciones extremas, donde mujeres, hombres y niños se mezclan sin posibilidad alguna de intimidad.
«Encuentras algún lugar donde refugiarte, pero no estás cómoda» y ahí «conoces la miseria», añadió la mujer. «Dormimos sobre las rocas. No tenemos nada que poner en el suelo para acostarnos», cuenta.
Es prácticamente la misma realidad que vive Amina Daleften, que narró a EFE que su casa fue incendiada y que tuvo que abandonarlo todo para refugiarse en otro lugar.
«Mientras dormíamos, oíamos los disparos fuera. Cogí a mis tres hijos -incluido un bebé- para huir. Me refugié en Kay Ogé. Nos dicen que las bandas avanzan hacia nosotros, así que tomamos la ruta por las colinas para refugiarnos aquí, en una escuela», añadió.
Daleften pidió a las autoridades «tomar esto en serio» y adoptar acciones «que nos permitan volver a vivir en nuestro hogar», concluyó la joven.
Desde 2018, Haití se enfrenta a una crisis de seguridad sin precedentes, caracterizada por la proliferación de ataques armados, masacres, robos y violaciones por parte de las bandas armadas.
Solo entre el 1 de marzo de 2025 y el 15 de enero de este año ha habido 5.519 muertos y 2.608 heridos.
El pasado 1 de abril, Haití recibió las primeras tropas, procedentes de Chad, de la Fuerza de Supresión de Pandillas (FSG) creada en 2025 por las Naciones Unidas, que sustituye a la Misión de Seguridad para Haití (MMS), también creada por la ONU y que no tuvo los resultados esperados en el combate contra las bandas.





