Maradona: La muerte de una estrella

A pesar de las diferencias por nuestra querida y lastimada Venezuela, estamos simplemente consternados…   Porque ha fallecido —el 25/11/2020, en Tigre, Argentina— una persona que seguirá —no obstante su ausencia— enalteciendo el fútbol mundial.  Y cómo olvidar todos los momentos y suspensos que con las habilidades del campeón nos sentimos liberados y redimidos  principalmente de la hegemonía brasileña.

Hoy millones y millones lloran tiernamente a El Pibe de Oro —Diego Armando Maradona—  maravilla incomparable del balompié, latente espíritu de céspedes y graderías, de estadios vocingleros repletos de exclamaciones y gritos de la fanaticada futbolística….  Gool, gooooool…

Goooooool….

Maradona, desde su querido Club Atlético Boca Juniors —génesis de su carrera profesional—, fue un navegante de gramas y esféricas que fijó el rumbo de la muchachada suramericana hacia el éxito deportivo, fue, además de ejemplo en la realización de sueños y quimeras, el gran consuelo  del sufrimiento juvenil y de las vicisitudes ocasionadas por gobiernos militares del territorio austral.  Fue el prototipo del recio fútbol del gaucho y de la pampa;   y por supuesto, ha sido parte de nuestras alegrías y emociones.  Y sí, comparte esta singularidad con la pléyade de estrellas suramericanas que han hecho de nuestra gran región un subcontinente exportador de talentos futbolísticos que colman los grandes clubes del mundo, preferentemente europeos.

El fútbol ha sido la identidad más relevante de este lugar de América. Es una potencialidad que llena corazones. Ahora cada país americano tiene más posibilidades y están ascendiendo a la cumbre de sus principales mentores:  Brasil, Uruguay y Argentina.  Pero entre tantas estrellas globales con una luz más intensa brillan dos:  Pelé y Maradona.  Son las dos caras de una misma moneda que le pertenece a la gloria del Futbol mundial;  y por supuesto, orgullo y aliciente de Sudamérica, su tierra.

Maradona fue un rebelde dentro del esquema organizacional del fútbol argentino y mundial,  episodios que ya había superado, tanto con la AFA como con la FIFA.  Empero, disfrutó de grandes eventos que lo encumbraron aún más en su carrera y fama:  con el Mundial de 1986 —en México—cuando Argentina con él a la cabeza se hizo de la segunda estrella mundial  en sus insignias;  también obteniendo el reconocimiento por parte de la FIFA de ser —en conjunto con el Rey Pelé—   los mejores futbolistas del mundo, bajo la  denominación del Jugador del Siglo de la FIFA, galardón creado por el máximo organismo mundial para determinar quién era el mejor jugador de fútbol del siglo XX, el importante premio y distinción se llevó a cabo en la Gala Anual de la FIFA en la ciudad eterna —Roma—  el 11 de diciembre de 2000.   Maradona ganó el Premio basado en encuesta virtual e Internet;  también le correspondió ser el Director Técnico de la Selección Argentina que compitió en el campeonato mundial celebrado en Sudáfrica entre junio y julio del 2010.

Reconocer ese magnífico talento, que para muchos tal vez colida o contradice  la vida apasionada, atormentada, y contradictoria del genio del balón que nos ocupa —dentro de un cuadro de valores culturales y políticos actuales—, es simplemente ser justos, en contribución de esa gran empresa deportiva que enaltece y beneficia nuestros progresos humanos de superación, organización y calidad de vida.

En las exequias ha habido  desmanes y descontroles propios del deceso de un ídolo y de una hinchada y hermandad que desahoga de algún modo su dolor por la pérdida de su estrella, de su arte y deporte más querido: el fútbol. Reconozcamos su su importantísimo legado, y que la Providencia se ocupe, como solo Él podría, de su alma.

Luis A. Villarreal P.

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