Luis Fernández conoció a Mimí Lazo en el año 1995 durante uno de los montajes teatrales de El pez que fuma, la obra escrita por Román Chalbaud que en 1977 se convirtió en uno de los clásicos del cine venezolano. En aquel momento, en las tablas, estuvieron dirigidos por José Ignacio Cabrujas.
Mucho ha pasado desde entonces. No solo son una de las parejas más conocidas y longevas de la cultura venezolana, sino que no paran de ofrecer al público propuestas, especialmente en las tablas. Y ahora, en 2026, llevan al cine una versión de El pez que fuma bastante libre e irrespetuosa con la original. Y no en el mal sentido, sino con toda la intención del autor de ir más allá de la propuesta del largometraje para trastocarla en función de otra historia.
En el largometraje de 1977, Mimí Lazo interpretó a Zobeida, un personaje secundario célebre por el polémico desnudo para la época. Fue uno de los primeros papeles en el cine de la actriz.
Ahora, en la versión que dirige y escribe Luis Fernández de El pez que fuma, el autor hace que Mimí Lazo se interprete a sí misma, pero como una actriz que encarnará a La Garza (Hilda Vera) en el rodaje de una nueva versión de la película. Así, su largometraje narra lo que ocurre dentro y fuera de ese equipo de grabación. Una ópera prima con la que competirá en el Festival de Cine de Mar del Plata, uno de los certamenes clase A de la Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos, al igual que Cannes, San Sebastián, Berlín o Venecia.
“Es una versión bastante irreverente. Los puristas de lo clásico y los nostálgicos se pueden sentir enormemente ofendidos por mi atrevimiento, pero yo siempre lo he repetido ya varias veces: si voy a matar a un tigre de ese tamaño, y me voy a meter con algo tan grande y sagrado, más vale no tenerle miedo al cuero, hay que hacerlo con todo”, comenta Luis Fernández.
Prefiere que en este momento lo llamen cineasta. Por ahora, no está interesado en la actuación. Tan solo un papel como el que hizo en Tamara hace diez años, cuando interpretó a la abogada Tamara Adrián, podría ubicarlo nuevamente frente a las cámaras.
Un homenaje
Luis Fernández ve su película como una carta de amor a Román Clahbaud, pero también al cine venezolano que lo marcó desde joven. “Yo estudié cine en 2008. Le tengo muchísimo respeto al trabajo del director, tanto en el teatro como en el cine. Tardé muchísimos años en atreverme a dirigir mi primera obra de teatro y muchísimo más en atreverme a dirigir una película que es un Everest de decisiones, aunque realmente no fue una decisión mía”.
Fue Mimí Lazo quien le propuso hacer una versión propia de El pez que fuma. Y él pensó cuál era la necesidad de hacer lo que ya está hecho. “Pero no existe imposible para Mimí Lazo. Hablamos con Román, él estaba muy emocionado porque Mimí le dijo que iba a llevar El pez que fuma a Hollywood y lo intentamos, pero realmente terminó sucediendo todo lo que tenía que suceder, que era aquí. Nos llevó años el proceso”, comenta sobre la que ahora es su ópera prima como director de cine.

Pudo haber comenzado con una idea más pequeña, una historia sin tanto peso, que no generara tanta expectativa. “Fue realmente lanzarme fuera de la zona de comodidad”.
“Vale decir que hablamos con Román sobre esta idea en 2018. Le compramos los derechos, pero luego él enfermó. Me hubiera encantado compartir más con él esto, aunque me hubiera dado terror decirle que iba a alterarle su obra maestra”. Sin embargo, reconoce que el director de películas como Caín adolescente y Cangrejo hubiera entendido su intención.
Otra mirada
Luis Fernández resalta que su versión de El pez que fuma está más enfocada en la mujer y no como la de Román Chalbaud, que tiene en su opinión un eje atravesado por los personajes que interpretan Miguel Ángel Landa y Orlando Urdaneta.
“Está enfocada específicamente en La Garza y en la comunicación que tiene La Garza con las otras mujeres del burdel. Y el hombre, en esta versión, está como estamos los hombres en Venezuela, bastante satélites girando alrededor del poder real que es la mujer en Venezuela”, asevera sobre el largometraje en el que destaca Claudia Rojas con uno de los personajes clave de El pez que fuma.
Pero más allá de los personajes, el realizador venezolano, conocido también por obras de teatro como No eres tú soy yo o los musicales Chicago y Despertar de primavera, también advierte que la película, ya en las salas del país, tiene varias capas para tratar.
“Podríamos escudriñar en el tema de la presencia del petróleo como paraguas que siempre ha determinado nuestro destino, para bien y para mal. El petróleo es la bendición y la gran desgracia del venezolano. En 1976, cuando rodaron la película, lo estaban nacionalizando. Ahora, 50 años después, estamos privatizando o vendiendo o regalando, lo que sea, el petróleo. Siempre gira alrededor del petróleo algo, una promesa que viene vinculada al petróleo”.

Ante la pregunta de si su filme es un reflejo del país, el cineasta guardó distancia de las respuestas categóricas: para él, todo hecho artístico debe sembrar interrogantes antes que imponer certezas.
Su versión de El pez que fuma quedó seleccionada para un festival clase A de la Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos, pero todavía no puede decir cuál. Además, es uno de los 19 largometrajes que aspira a una nominación a los premios Goya como Mejor película iberoamericana.
Tuvo un estreno técnico de una semana en el Trasnocho Cultural, requisito necesario para optar a un Oscar, pero al final la postulada por Venezuela fue La muerte no tiene dueño de Jorge Thielen Armand. La semana pasada fue la premiere en el Centro Cultural Chacao, recinto en el que tanto Luis Fernández como Mimí Lazo han representado varias obras teatrales.
“El éxito no te lo regala nadie y es una cosa que no es solamente el trabajo, porque todo el mundo hace películas y le echan un camión y hay muchísimas películas muy buenas que a lo mejor no corren con suerte. Pero también existe un elemento de caer en gracia, y eso lo tiene Mimí. Es como algo metafísico, ese caer en gracia. El momento de una obra y que la gente necesita verla. Eso no pasa todo el tiempo”, asegura Luis Fernández sobre el hecho creativo y la repercusión en el público.

El futuro
Más allá de El pez que fuma, surge el tema de consolidar una industria en el país, no solo en el cine, sino en todo el quehacer cultural. No tiene la menor idea, reconoce, pero sí repasa la situación.
Asegura que estamos en un proceso de transición. Cita el caso de Los Ángeles donde, según su visión, hay un colapso en Hollywood por fenómenos como los youtubers que hacen películas y generan 350 millones de dólares al invertir una cosa ínfima. “Eso les ha volado la cabeza. Creo que eso ha pasado en todas las industrias audiovisuales y artísticas. La telenovela ya no existe, obviamente, murió hace mucho tiempo. Ha habido muchos intentos de revivir el cadáver de la telenovela —series verticales, los microdramas—, pero yo no soy nadie para decirte cómo veo eso, pero lo que sí te puedo decir es que esta crisis es coyuntural por un lado, pero estamos construyendo algo que no existía antes”.
Ahora bien, con el teatro es más preciso, porque le es cercano: “El público está reclamando venir al teatro, eso es una maravilla; entonces, ¿cómo respondes tú a ese reclamo cuando no tenemos temporadas teatrales como las que teníamos antes? Mimí y yo estamos acostumbrados a hacer un año de temporada, de jueves a domingo por lo menos, y eso te permite como productor recuperarte económicamente, te permite que la obra evolucione”.
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