LOS QUE NO HICIMOS FALTA

 

*(Red de Pensadores del Estado Trujillo)

Durante las primeras horas de la tragedia, Venezuela demostró, una vez más, que posee una inmensa reserva moral. Miles de ciudadanos acudieron espontáneamente a remover escombros, rescatar sobrevivientes, donar alimentos, medicinas, agua, ropa y ofrecer consuelo. A ellos les correspondía estar allí. A ellos les debemos gratitud y reconocimiento. Cuando la vida estaba en juego, sobraron manos solidarias y corazones dispuestos a servir.

Nosotros no hicimos falta en ese momento. Pero precisamente porque no hicimos falta entonces, sentimos que hacemos falta ahora.

Cuando el dolor inmediato comience a ceder, cuando las cámaras se apaguen y el país intente volver a la rutina, será indispensable abrir una reflexión serena sobre las causas profundas de lo ocurrido. Ninguna sociedad madura puede limitarse a recoger los escombros sin preguntarse por qué la tragedia produjo consecuencias tan devastadoras.

Los terremotos pertenecen a la naturaleza. Las dimensiones de una tragedia, en cambio, también son el resultado de decisiones humanas. La capacidad de respuesta de los organismos de emergencia, el estado de la infraestructura, la planificación urbana, la prevención, el mantenimiento de los servicios públicos, la formación de los cuerpos de rescate y la fortaleza de las instituciones no dependen de la geología. Dependen de la política entendida en su sentido más profundo: la organización de la vida colectiva.

Negar esa dimensión política sería renunciar a comprender lo ocurrido. No para buscar culpables apresurados, sino para asumir responsabilidades históricas. Porque un Estado debilitado durante años termina mostrando sus mayores fragilidades precisamente cuando más se necesita su fortaleza.

La solidaridad internacional y nacional ha evitado que el sufrimiento sea aún mayor. Pero ninguna sociedad puede resignarse a depender exclusivamente de la solidaridad cuando debería contar con instituciones capaces de proteger a sus ciudadanos frente a las emergencias.

Por eso hoy levantamos nuestra voz. No para dividir, sino para pensar; no para aprovechar el dolor, sino para aprender de él; no para alimentar la confrontación, sino para exigir que nunca más una tragedia natural encuentre a Venezuela en condiciones de tanta vulnerabilidad.

La reconstrucción del país no comienza únicamente cuando se levanta un edificio caído. Comienza cuando una nación decide reconstruir sus instituciones, recuperar la planificación pública, fortalecer la capacidad del Estado y colocar nuevamente la vida humana en el centro de toda política.

Ese es el deber de quienes no hicimos falta durante las primeras horas.

Ese es, desde hoy, nuestro compromiso.

 

Red de Pensadores del Estado Trujillo.

Dr. José Francisco Conte.

Soc. José Luis Acosta.

Dr. Victor Vázques.

 

Comité Regional Trujillo.

 

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