Los mineros venezolanos que dejaron de buscar oro para encontrar víctimas de terremotos

Mineros artesanales trabajan en las ruinas este martes, en Caraballeda (Venezuela). EFE/ Raul Martínez

 

Caraballeda (Venezuela), 7 jul (EFE).- Unos 200 mineros artesanales del sur de Venezuela cambiaron las galerías subterráneas, donde arriesgan su vida en busca de oro, por las grandes montañas de escombros en La Guaira, para ayudar a recuperar los cuerpos de las víctimas que dejó el doble terremoto que azotó esta zona costera el 24 de junio.

Tras 13 días de los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que golpearon a Venezuela, familiares de los desaparecidos siguen allí. Entre las ruinas de cientos de edificios desplomados piden ayuda; algunos todavía guardan la esperanza de hallar a los suyos con vida, mientras otros solo esperan poder enterrarlos.

El contingente de mineros, disperso entre la extensa área afectada, se mantiene en la zona cero desde el jueves 25 de junio.

 

Persistencia para salvar vidas

Aarón Reyes, de 29 años, comentó a EFE que desde su llegada ha trabajado en las ruinas de tres edificios.

En uno de ellos localizaron a un sobreviviente. «Cuando llegamos acá descubrimos dos cadáveres. Seguidamente, el Equipo de Búsqueda y Rescate (USAR) de República Dominicana había pasado una comunicación de que no había vida, pero unos compañeros que estaban rastreando encontraron a un niño de 12 años», agregó.

Reyes explicó que una vez contactaron con el niño, volvieron a llamar a los rescatistas internacionales para que, con el debido equipo y conocimiento, lo rescataran con vida.

Un minero artesanal trabaja en las ruinas este martes, en Caraballeda (Venezuela). EFE/ Raul Martínez

 

Estructuras de las minas

Fotografías aéreas de la zona Caribe, en Caraballeda, muestran un sinfín de orificios circulares y toldos improvisados con tela para protegerse del sol, tal como se observa en los yacimientos mineros.

En este lugar, durante los primeros días, los mineros ayudaron a los familiares a cavar esos accesos utilizando su experiencia, y en ocasiones, contradiciendo las recomendaciones de los rescatistas oficiales, quienes desaconsejan entrar por riesgo de nuevos desplomes.

«Si no hubiésemos ayudado nosotros a perforar, los familiares igual lo habrían hecho, solo que iban a demorar mucho más», comentó Felipe Rodríguez.

 

El riesgo continúa

Antes de ingresar, los mineros colocan cuñas de madera para estabilizar las estructuras y posteriormente descienden entre el concreto utilizando cuerdas, una técnica idéntica a la que emplean en los yacimientos.

«Vinimos con valentía a asumir estas tareas de recuperación», afirmó Reyes, tras explicar que trabajar en las minas es muy distinto a hacerlo en las ruinas, «porque aquí tienes que tener idea e imaginación para salir vivo», mientras que en las minas diseñan el espacio en el que estarán.

Muchas de las estructuras colapsadas en las que aún este martes trabajan los mineros continúan sufriendo desplazamientos y, de acuerdo con bomberos y socorristas, son totalmente inseguras.

Pese al peligro y a que el aire en el lugar se vuelve cada vez más pesado por la descomposición de los cuerpos, siguen removiendo bloques de cemento junto a las familias, despejan áreas e intentan acceder a cada departamento, guiándose por el reconocimiento de baldosas, fragmentos de paredes o algún documento.

Una vez adentro, explican que para detectar la ubicación de las víctimas se guían por los indicios del terreno, la humedad y la presencia de moscas o gusanos; en cuanto hallan estas señales, avanzan en esa dirección.

Un bombero asesora a mineros artesanales para trabajan en las ruinas este martes, en Caraballeda (Venezuela). EFE/ Raul Martínez

 

Familiares y mineros

Para los familiares de las víctimas, el apoyo ha sido crucial. «Nos llegó un grupo de mineros como de cinco personas a las que les debo todo. Son los que me han ayudado bastante a avanzar más de la cuenta, porque yo nunca había cargado un pico, una pala o una mandarria, yo no sé nada de eso», comentó Juan Andrade, cuya familia y vecinos quedaron bajo los escombros.

En algunos edificios, la labor de búsqueda de cuerpos recae sobre sus hombros y los de los familiares, muchos de los cuales se oponen a las demoliciones, mientras los bomberos aportan sugerencias y apoyan la extracción de los cadáveres.

«Vamos poco a poco aportando nuestro grano de arena, sacando a nuestra gente de los escombros. Ya no contamos con las ayudas internacionales, ya no están aquí en este momento; estamos nosotros, un grupo de mineros», sentenció Wilmer Mata, de 32 años.

Tras casi dos semanas del terremoto, aún se desconoce la cifra de desaparecidos. De acuerdo con el reporte oficial, al menos 3.535 personas han muerto y 16.740 resultaron heridas.

Por su parte, la iniciativa ciudadana ‘Desparecidos Terremoto Venezuela’ ha registrado hasta ahora más de 30.000 personas a las que no se han podido localizar.

 

 

 

 

 

 

.

Salir de la versión móvil