Los iraníes, en el limbo de ni guerra ni paz y a la espera de que “pase algo”

Una pareja iraní llega en un vehículo militar durante una ceremonia nupcial colectiva organizada en el marco de la campaña "Jan-Fada" (Sacrificio de la Vida) en Teherán, Irán, el 18 de mayo de 2026. El conflicto entre Irán y Estados Unidos continúa, mientras el presidente estadounidense Donald Trump reitera sus amenazas de nuevas acciones militares contra Irán.. (Teherán) EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

 

Teherán, 20 may (EFE).- Los iraníes viven en un limbo en el que no hay ni guerra ni paz, en medio de enormes incertidumbres y las continuas amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y a la espera de que “pase algo” que ponga fin a la guerra que comenzó el 28 de febrero.

Tras 39 días de bombardeos diarios se estableció un alto el fuego el 8 de abril entre Irán y Estados Unidos e Israel y desde entonces las calles de Teherán han recuperado su habitual espeso tráfico, la mayoría de negocios han reabierto y la población vive con aparente normalidad.

Pero bajo esa aparente normalidad se vive con la incertidumbre de si se renovarán los ataques contra la República Islámica o si las negociaciones entre Irán y Estados Unidos llegarán a alguna parte, lo que podría revivir una economía asediada por los despidos y una inflación del 73 %.

 

Miedo a los truenos 

“Es una sensación extraña: no estamos en guerra, pero tampoco estamos en paz”, dice a EFE Amirali, un ingeniero civil de 33 años de la capital iraní.

Y la sombra de la guerra sigue ahí. “Ves a la gente riéndose en la calle y piensas que todo está bien, pero basta escuchar un trueno para que todos levanten la vista al cielo por miedo a nuevos bombardeos”, asegura.

Eso le ocurre a la hija de nueve años de Leila, una profesora de inglés de Teherán, que cada vez que suenan truenos en las tormentas de las últimas semanas pregunta “¿han atacado?”.

Además de los sustos con los truenos, Leila tiene la sensación de vivir en pausa.

“Intentamos vivir con normalidad porque la vida tiene que continuar. La gente vuelve a los parques, a los restaurantes y al trabajo, pero todos sentimos que estamos caminando sobre una superficie inestable”, asegura.

“Nadie sabe qué va a pasar mañana. Vivimos en una especie de pausa incómoda”, dice.

Kamyar, un vendedor ambulante de 35 años de pulseras y gorros, comparte esa sensación de pausa y de vivir en un limbo económico y personal.

Planeaba abrir una tienda en la que vender sus artículos, pero el conflicto le impidió seguir adelante con esos planes ante la caída de sus ingresos, y no quiere hacer planes hasta el fin del conflicto.

“La incertidumbre que hay afecta mucho incluso a la vida personal. No podemos planear nada porque no sabemos qué puede pasar”, cuenta en la plaza Tajrish del norte de Teherán donde tiene su puesto.

A pesar de ello, Kamyar trata de seguir con su vida normal. “Tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados y sentados en casa”, dice.

Una pareja iraní llega en un vehículo militar a una ceremonia nupcial colectiva organizada en el marco de la campaña «Jan-Fada» (Sacrificio de la Vida) en Teherán, Irán, el 18 de mayo de 2026. El conflicto entre Irán y Estados Unidos continúa, mientras el presidente estadounidense Donald Trump reitera sus amenazas de nuevas acciones militares contra Irán.
(Teherán) EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Cruce de amenazas

Irán y Estados Unidos continúan negociando a través del intercambio de mensajes a través de Pakistán. Y a la vez cruzan advertencias y amenazas.

Trump ha repetido en varias ocasiones las amenazas de nuevos ataques contra Irán si no accede a sus condiciones para cerrar un acuerdo, como que reabra el estrecho de Ormuz o que prácticamente abandone su programa nuclear, entre otras cuestiones.

Pero Teherán insiste en sus propias condiciones -levantamiento de sanciones, desbloqueo de fondos congelados y fin de la guerra en todos los frentes- y no cede ante las presiones estadounidenses, a la vez que asegura que está listo para reanudar los combates si es necesario.

Ante todo esto Hengameh, de 42 años, se declara “mentalmente agotada” y le asustan las amenazas de Trump porque lo considera imprevisible.

A la mujer le desespera de alguna manera esta espera. “Finalmente tiene que pasar algo”, dice, ya sea un acuerdo o una reanudación de la guerra “con más daños”.

 

 

 

 

 

 

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