Lo que tu billetera esconde: el dibujo invisible que controla tu dinero | Por: José Luis Colmenares Carías

 

¿Por qué tu mente se sabe todas las explicaciones lógicas, pero tu cuerpo sigue registrando la prisa en el estómago?

Hay un pacto de silencio implícito en nuestra cultura: podemos conversar abiertamente sobre la situación del país, el trabajo o los planes del día, pero el saldo de nuestra cuenta bancaria y los nudos emocionales que lo acompañan se quedan guardados en el espacio más íntimo y secreto. El dinero, por lo general, se sufre o se celebra la gran mayoría de las veces en estricta soledad.

Sin embargo, cuando sacamos el tema de la fría pantalla del banco o de la lista de ingresos y gastos para llevarlo al territorio de la imagen, la perspectiva cambia por completo.

Recientemente iniciamos un nuevo viaje en la Imagen del Dinero, a través de  los talleres exploratorios que denominamos Transforma tu Relación con el Dinero, con cinco encuentros de aprendizajes. En el primero (La Estación de la Conciencia), una de sus dinámicas es un ejercicio que a los adultos —tan acostumbrados al control de los datos y a buscar explicaciones lógicas— nos genera una mezcla de juego e incomodidad: Aquí invito a las personas a bajar la guardia por un momento y dibujar cómo se siente el dinero en sus vidas.

No buscamos obras de arte, ni gráficos financieros; buscamos que el alma se exprese a través de las manos. Lo que aparece en el papel blanco, junto con el proceso vivido, no es el dinero como recurso material, sino una geografía de nuestras historias familiares, de las cargas que llevamos en la espalda, en la garganta o en las tripas, como reflejo de cómo reacciona nuestro cuerpo ante el día a día.

La mirada oblicua: el poder de la creatividad

Cuando intentamos resolver un problema financiero mirándolo de frente, nuestra mente analítica activa de inmediato un impecable menú de explicaciones lógicas y proyecciones: «es la inflación», «es la volatilidad del entorno», «son los imprevistos». Todo eso es real, por supuesto, pero nos deja en el mismo lugar.

El dibujo, en cambio, opera bajo dinámicas creativas que demandan recursos que no son lineales, ni lógicos. Al plasmar trazos, formas y colores, la mente racional no puede controlar el resultado. Por eso, el dibujo expresa realidades que salen creativamente del alma. Es un espejo que no juzga, pero que revela con asombrosa claridad los patrones invisibles en los que nos movemos todos, veamos algunas experiencias:

El puente hacia el color: la relación funcional

Esta primera estación del taller nos ha servido para mapear el terreno, para ver dónde estamos parados y reconocer las cargas que hemos aceptado llevar. Ha sido un espacio para mirarnos con amabilidad en el espejo propio y el de los demás, entendiendo que nuestras dificultades con el dinero no son solo fallas personales, sino historias compartidas.

Este mapa inicial es el que nos abre el camino hacia la siguiente parada de nuestra bitácora, donde el panorama empieza a transformarse. Al identificar las formas rígidas o los vacíos de nuestra relación actual, nos preparamos para entrar en una fase de «pigmentación» de la relación funcional con el dinero: el momento de elevar la conciencia y empezar a ponerle nuevos colores, matices y flexibilidad a esa estructura. Se trata de transitar hacia una relación mucho más funcional y fluida con el dinero, donde este deje de ser una fuente de tensión y empiece a ser un aliado que sume vitalidad al presente.

Al final del día, el dinero del alma, no habita en las bóvedas de los bancos; habita en nuestras conversaciones diarias, en la forma en que respiramos y en la manera en que decidimos ordenar nuestras prioridades cuando la casa se queda en silencio.

Y usted, que nos acompaña en esta lectura… si hoy te permitiera tomar un lápiz y dejar que tus manos hablaran sin la censura de la lógica, ¿qué historia, qué peso o qué espacio en blanco dibujaría en el reverso de su billetera?

 

 

 

 

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