Lisboa se queda sin cafeterías de barrio por el turismo y el alquiler

La panadería patriarcal Sâo Roque, cerrada a finales de enero, es el último negocio tradicional que ha desaparecido en Lisboa. Lisboa se está quedando huérfana de las cafeterías y pastelerías tradicionales que han acompañado a muchas generaciones, ante una oleada de cierres derivada del alto precio de los alquileres y el turismo masivo, para el que se abren otro tipo de establecimientos. Muchas de ellas, con décadas e incluso algún siglo de historia, dan paso a comercios orientados a los visitantes como hostales, consignas o franquicias internacionales, dejando atrás la idiosincrasia de los barrios y poniendo en contra a sus residentes.- EFE/ Blas Díaz

 

Lisboa, 24 feb (EFE).- Lisboa se está quedando huérfana de las cafeterías y pastelerías tradicionales que han acompañado a muchas generaciones, ante una oleada de cierres derivada del alto precio de los alquileres y el turismo masivo, para el que se abren otro tipo de establecimientos.

Muchas de ellas, con décadas e incluso algún siglo de historia, dan paso a comercios orientados a los visitantes como hostales, consignas o franquicias internacionales, dejando atrás la idiosincrasia de los barrios y poniendo en contra a sus residentes.

Es el caso de la Pastelería Mujíque, próxima a la céntrica plaza de Marquês de Pombal, que cerró sus puertas en diciembre tras décadas en funcionamiento desde los años 80. Era un local de toda la vida, donde los vecinos acudían a tomar café, un cruasán o cualquier otro dulce, que en los próximos meses pasará a tener uso residencial.

Tiago era uno de los asiduos a Mujíque, porque trabaja en la ferretería al otro lado de la calle y recuerda con cariño al dueño de la cafetería, que solía comprarle material.

El ferretero comentó a EFE que Mujíque bajó la persiana para siempre «porque los nuevos propietarios del edificio no quisieron renovar el alquiler», pese a tener mucha clientela.

A 15 minutos a pie, se encontraba la Confitería Vitória, que cerró en octubre tras llevar abierta desde 1931 y en cuyo local hay ahora una famosa cadena de hamburgueserías, que ha conservado parte de su antigua fachada.

La desaparición de Vitória y Mujíque se repite en muchas calles de la capital portuguesa, donde bloques residenciales, cafés de especialidad y restaurantes de comida rápida o internacional ocupan el lugar que antes pertenecía a las cafeterías de barrio.

En ocasiones es fácil reconocer dónde existieron, cuando los negocios que las reemplazan no quitan sus azulejos, toldos o terrazas. Otras veces, su historia se desvanece, cuando se remodela por completo el espacio.

Vecinos pasan por delante de la Confeitaría Cistér, cafetería cerrada en diciembre de 2025. Lisboa se está quedando huérfana de las cafeterías y pastelerías tradicionales que han acompañado a muchas generaciones, ante una oleada de cierres derivada del alto precio de los alquileres y el turismo masivo, para el que se abren otro tipo de establecimientos. Muchas de ellas, con décadas e incluso algún siglo de historia, dan paso a comercios orientados a los visitantes como hostales, consignas o franquicias internacionales, dejando atrás la idiosincrasia de los barrios y poniendo en contra a sus residentes.- EFE/ Blas Díaz

 

Sobrevivir al cierre, cada vez más difícil

Pese a que mantener con vida los comercios tradicionales presenta muchas dificultades, muchos siguen en pie gracias a la lucha de sus parroquianos y el empeño de sus propios empleados.

Joâo, de 41 años, es dueño de la pastelería Luso Americana, junto a la Plaza de Chile, y se muestra optimista por la continuidad del local, que también se acerca al siglo de historia.

No obstante, reconoció a EFE su preocupación por el aumento de los costes como el alquiler, lo que ha llevado a la quiebra a muchos hosteleros.

«Hay muchos casos en que los propietarios suben el alquiler y los inquilinos, consternados, no tienen posibilidad de pagarlo. Está pasando en todos lados», afirmó.

El problema del arrendamiento no es el único: Según el activista vecinal Rui Martins, a veces no es posible el relevo generacional de padres a hijos porque estos «no quieren dejar su carrera» para heredar las cafeterías; y dejársela a los empleados no siempre es viable.

«Hace algunos años, los trabajadores del comercio local lo heredaban cuando los hijos no querían. Hoy en día esto es difícil porque las cuotas son muy caras, el comercio local está en zonas carísimas», subrayó Martins.

La panadería patriarcal Sâo Roque, cerrada a finales de enero, es el último negocio tradicional que ha desaparecido en Lisboa. Lisboa se está quedando huérfana de las cafeterías y pastelerías tradicionales que han acompañado a muchas generaciones, ante una oleada de cierres derivada del alto precio de los alquileres y el turismo masivo, para el que se abren otro tipo de establecimientos. Muchas de ellas, con décadas e incluso algún siglo de historia, dan paso a comercios orientados a los visitantes como hostales, consignas o franquicias internacionales, dejando atrás la idiosincrasia de los barrios y poniendo en contra a sus residentes.- EFE/ Blas Díaz

 

Los vecinos siguen buscando su ‘bolo de arroz’

Ante esta crisis, algunos lisboetas se han organizado para localizar y ayudar a conservar las cafeterías y pastelerías que sobreviven.

A raíz del cierre de la Confitería Vitória, el movimiento ‘Vizinhos em Lisboa’ ha confeccionado en los últimos meses un mapa con cerca de 900 cafeterías tradicionales abiertas, que también recoge las que han cerrado para ser sustituidas por negocios vinculados al turismo.

El grupo vecinal considera como tradicional aquellos establecimientos que ofrecen ‘bolos de arroz’, uno de los dulces más típicos de Portugal, similar a una magdalena, cuya fama no llega a la del pastel de nata y que apenas es conocido por los turistas extranjeros.

Para Martins, «Lisboa también está perdiendo el atractivo para el turismo», con la desaparición de los establecimientos de toda la vida.

«Cuando el turista desembarca de los miles de cruceros o aviones, e invade hasta el castillo (de San Jorge), también busca la Lisboa típica, que ya no está -reflexionó-. Lo que hay son tiendas de kebab, de ‘souvenirs’, pero no cafés y librerías en esas zonas».

Con un promedio ligeramente inferior a dos cafeterías tradicionales por cada mil personas, el deseo del lisboeta ya no es que estos establecimientos vuelvan a abrir, sino que algún día dejen de cerrar.

 

 

 

 

 

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