Ciudad del Vaticano, 6 ene (EFE).- El papa León XIV ha clausurado este martes oficialmente el Jubileo, el último gran evento heredado de su antecesor Francisco, fallecido el pasado abril, y ahora encara un tiempo nuevo y propio que empezará ya mañana, con una primera ‘cumbre’ de cardenales de todo el mundo para asistir en su gobierno.
El pontífice estadounidense fue elegido el pasado mayo tras la muerte del argentino por lo que, en estos primeros meses, parte importante de su agenda había sido fijada por su difunto predecesor.
Tal es así que, tanto el primer viaje internacional de León XIV, a Turquía y Líbano, como su primera exhortación, la ‘Dilexi te’ sobre «el amor hacia los pobres», habían sido planeados por Bergoglio.
Pero el evento que ha marcado el inicio del nuevo pontificado es el Jubileo que la iglesia convoca cada cuarto de siglo para ofrecer indulgencia a los peregrinos y que, en este caso, ha sido abierto y cerrado por dos papas distintos, algo inédito desde el año 1700.

El Año Santo se sobresaltó en abril con la muerte de Francisco y resurgió luego con la elección de León XIV, encargado desde entonces de llevarlo a término, presidiendo sus numerosas audiencias jubilares o viviendo, durante su transcurso, su primer gran baño de masas en agosto ante un millón de jóvenes de todo el mundo en Roma.
Pero este martes de Epifanía, Prevost lo ha clausurado finalmente con el cierre de la Puerta Santa de la basílica de San Pedro y, tras ese rito solemne, se prepara ya para un tiempo nuevo y propio.
Esta nueva página en la historia de León XIV dará inicio mañana, solo un día después del Año Santo y de las ceremonias navideñas, con la celebración de un primer consistorio extraordinario del que poco ha trascendido pese a su inminencia.
El Código de Derecho Canónico describe estos consistorios -distintos de los ordinarios, más frecuentes y limitados- como una reunión de «todos los cardenales» convocada en caso de «peculiares necesidades o el tratamiento de cuestiones especialmente graves».
Para ello León XIV ha pedido por carta a todos los purpurados del mundo -actualmente 245- que viajen a Roma para cumplir una de sus tareas: asistirle colegialmente en cuestiones de gran importancia.
La Santa Sede por ahora no ha especificado el objetivo ni los temas a abordar en el encuentro y ni siguiera ha aclarado cuantos serán los purpurados asistentes, en los últimos años divididos entre una facción conservadora y otra más aperturista y ‘bergogliana’.
Solo se ha limitado a adelantar en un escueto comunicado que el consistorio durará dos días, hasta el jueves, y que el papa espera que los cardenales le brinden «apoyo y consejo en el ejercicio de su alta y gravosa responsabilidad en el gobierno de la Iglesia universal».
El encuentro, termina la nota, estará caracterizado por «momentos de comunión y de fraternidad» y por tiempos de «reflexión, oración e intercambio», por lo que cabe esperar temas de calado.
Su celebración marca una diferencia con Francisco, que optó desde 2013 por un Consejo reducido de cardenales para asesorarse, aunque hizo un consistorio extraordinario en 2014 por el Sínodo de la Familia y otros foros similares en 2015 y 2022 para sus reformas.

Por contra, Juan Pablo II lo convocó en hasta seis ocasiones entre 1979 y el 2001, siempre para abordar cuestiones trascendentales como el estado de las finanzas vaticanas o la posición de la iglesia en el cambio de milenio, mientras que Benedicto XIV no celebró ninguno.
A falta de conocer los resultados que arrojará este impredecible consistorio, en estos primeros ocho meses el nuevo papa ha procedido cauta y lentamente en la modulación de la Curia Romana heredada de Francisco, tanto que mantiene al mismo secretario de Estado.
Por eso, nada más ser elegido, confirmó a todos sus cargos y pidió un tiempo para la «reflexión» antes de llevar a cabo cambios.
Desde ahora, en este 2026 León XIV seguirá dándose a conocer ante el mundo, algo que ya ha comenzado a hacer revelando algunos gustos o un nuevo estilo, y en su futuro más próximo tiene previsto mudarse al Palacio Apostólico, en desuso durante los doce años de Francisco, su primera Semana Santa romana o anunciar eventuales viajes.
Uno que empieza ya a perfilarse es a España -el último papa en visitar el país fue Benedicto XIV en 2011- y, para ello, está previsto que este viernes reciba en el Vaticano a la Conferencia Episcopal Española.
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