
Por: Alfredo Matheus
En aquella Valera de hace 80 años, las culebras se paseaban por la plaza Bolívar como “Pedro por su casa”…Lo que hoy conocemos como 7 Colinas, eran cerros de frondosos árboles, de allí la salía la madera que servían para prender el fogón en los hogares más humildes porque cocinas a gas no existían. La cacería era súper buena y “a comer venado se ha dicho”.
La Calle Vargas
Estaba ubicada por los lados del Hotel Imperio, (av. 3).Allí tenían su refugio las más buenotas prostitutas que vendían amores pasajeros. Las damas parecían artistas de cine por tanta belleza. Hasta una francesa que no se le entendía absolutamente nada, era la más solicitada por los agricultores del Municipio Urdaneta quienes llegaban al lugar con buen dinero de las cosechas. Le manifestaban a las esposas que iban a viajar en asuntos comerciales y se echaban unas encerronas de “Señor Mío”.
Eso sí, la “Francesa” no rocheleaba con cualquier “bicho de uña”, había que tener una bola de dinero. Le encantaban “los parameños” de la Quebrada, Jajo y la Mesa de Esnujaque, quienes salían de los burdeles con los “cachetes más colorados” luego de “Tremenda Rumba de sexo desbocado”.
Monseñor Cardozo en sus sermones dominicales llamaba la Calle Vargas, la “Calle de la Perdición”, mientras los “hombres de pelos en el pecho” que iban al lugar a echar una canita al aire la calificaban; “La Calle de la bendición divina”, “el cielo en la tierra”…
Los sermones ponían a dormir a las viejitas.
En esa Valera de Antier, los curas se tiraban unos sermones tan largos que algunas “viejitas de la Legión de María” se quedaban dormidas en los bancos. Pedro, el sacristán tenía que acercarse y manifestarles: “abuela, abuela, despierte, despierte, ya termino la misa, ya termino la misa”…
De Esa Valera Hermosa
Como olvidar los juegos más populares de la muchachada: La gallinita ciega, ladrón y policía, híncate cotín, el cucambé, las cuarenta matas, el fusilado…A la hora en que caía un soberano palo de agua, los adolescentes salían a las calles a bañarse con el grito guerrero:
“Que llueva, que llueva,
La vieja está en la cueva”
Nadie se enfermaba, a nadie le daba gripe, hoy, un simple viento de agua manda a la gente a la cama por varios días…Las máquinas de moler maíz salvaron de la hambruna a muchas familias, los muchachos se peleaban por moler maíz para ponerse más musculosos.
La Calle 16 no perdía pelea callejera
Hace 60 años los jóvenes de la calle 16, era los “kiludos” de la ciudad. En los solares de las casas montaban sus propios gimnasios, las pesas se fabricaban con cemento y potes de leche “Mamá Carabobo”. De allí salió uno de los primeros fisicoculturistas que conoció Venezuela; Rafael se hizo famoso con el apodo de “el mula”…
Los muchachos de la calle 16 jamás perdían una pelea callejera, hizo historia una trifulca con un grupo de ganaderos que llegaron un domingo pasados de cañadonga montados en briosos caballos a visitar las novias que allí residían, les dieron una soberana “paliza” que jamás olvidarían en sus vidas…Un amigo que me contó esta anécdota me dijo: “a esos carajos lo salvaron los caballos” .






